La ruta del maltrato para las mujeres que sufren violencia en Santander | Bucaramanga | Vanguardia.com
Lunes 05 de Junio de 2017 - 09:40 AM

La ruta del maltrato para las mujeres que sufren violencia en Santander

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Mujeres e incluso funcionarios de las mismas instituciones ponen atención en las trabas que viven día a día las mujeres que acuden a denunciar violencia física, sexual y sicológica. ¿Qué está pasando?

Historias de dolor 

Abrió los ojos y miró el techo blanco. Reconoció que era el de su casa. El dolor en el vientre le nubló la vista enseguida, pequeñas instantáneas de la noche anterior le recordaron lo que le había sucedido: había sido violada, no tenía otro nombre. Había estado tomando cerveza y, en un momento determinado, todo había desaparecido.

“No accedí a nada antes de eso. Estoy segura”, dice Claudia. 

“¿Cómo puede estar segura si no se acuerda? ¿Ya preguntó?", le contestó uno de los funcionarios en el cuarto piso de la Fiscalía Regional, oficina que hace parte de la ruta de atención de violencia contra la mujer. 

Las otras son la policía, las Eps, el Icbf, Medicina Legal, el Ministerio Público (Procuraduría, Defensoría y Personería), las Instituciones Educativas, Ongs y Comisarías de Familia. 

Paula acudió allí. Su expareja la había arañado. Trataba de entrar a la casa en la cual habían convivido por tres años a la fuerza. Quería llevarse a sus hijos gemelos. 

-Pero señora, todavía es su esposo, ¿por qué no arregla?  

Carolina, luego de 11 años de golpes, insultos y amenazas, también acudió a una de las instituciones en la ruta de atención. 

-Señora si usted va a poner el denuncio, sépalo que su marido se va para la cárcel. 

Carolina se asustó. De seguro él la mataría. No quiere que se sepa el nombre de la institución a la cual acudió a denunciar con el poco valor que había reunido: su marido trabaja en esa misma entidad. 

1ra estación: denunciar

Su hijo tenía 10 años. Estaba sentada con él en el comedor haciendo tareas. Su esposo, que aunque estaban separados la presionaba para quedarse en la casa, pasó cerca de la mesa. Se reía de ella. 

La noche anterior la había golpeado cuando ella le reclamó ante el poco dinero que daba para la manutención de sus hijos. 

Esa mañana, al pasar por su lado, el hombre la golpeó en la cabeza con tanta fuerza que el vidrio  de la mesa quedó incrustado en sus senos. 

Su hijo, que estaba con ella, tenía en sus manos también las marcas del vidrio al tratar de detener el impacto contra sus costillas.

 -Pues mamá, denúncielo allá mismo donde él trabaja. 

“¿Qué estoy haciendo?”, pensó Carolina en ese momento, “si mis propios hijos están viviendo esta violencia”. 

Alto y caballeroso, a sus 36 años Carolina se había dejado conquistar por un hombre de 28 que parecía salido de una película de acción. 

Un año después de casarse empezó a pellizcarla porque el niño lloraba. La gritaba en la calle, le robó sus ahorros, manipuló a su familia. Un año  más y Carolina habría terminado en una clínica siquiátrica. 

“Si aceptamos ser víctimas de maltrato, sea el origen que sea, tenemos el derecho a pensar: ¿qué hago? ¿me callo o hablo? La sicología del maltratado es así de variable. Es muy frecuente que existan mujeres que por su nivel intelectual, económico o amenazas del agresor se mantengan en silencio”, explica el siquiatra Camilo Umaña.  

Cuando su hijo volvió a hablar, ella se quitó por fin una venda de los ojos. 

-Mamá, si usted no lo denuncia, yo mismo lo hago. 

Carolina tuvo que llegar hasta la Fiscalía General de la Nación para que atendieran su caso. 

2da estación: las trabas

Carolina acudió al CAI cercano a su casa tras ese golpe: “no me hicieron caso. Me decían que ya iban, y nada”. 

La mayor Diana Herrera, que trabaja en el modelo de vigilancia por cuadrante de la Policía, explica que los agentes saben qué deben hacer: “están en la obligación de informar a las mujeres víctimas cuáles son los mecanismos de protección y las medidas a las que tiene derecho. Si está afectada física o sexualmente, la trasladamos al centro de salud más cercano. Si el caso está asociado a violencia intrafamiliar, direccionamos a comisaría de familia. Si el caso no está asociado, hacemos la ruta para que la mujer haga la denuncia en fiscalía”. 

La mayor Herrera explica que los médicos que conocen estos casos deben informar a la policía judicial: “La policía, conociendo la situación que viven las mujeres, informan de las medidas de autoprotección: deben buscar el número del cuadrante donde viven y llamar a la línea gratuita 155”. 

Como se trataba del padre de sus hijos, Paula acudió a una Comisaría de Familia. Le pidieron que tratara de arreglar las cosas. Ella se negó. Insistieron. ¿Por qué? Se pregunta. 

La respuesta la ofrece Lucía Andrade Manjarrés, abogada con maestría en igualdad y derechos humanos de la Universidad de Glasgow e investigadora en temas de género de la Fundación Mujer y Futuro: “estas cosas suceden por la minimización y justificación de la violencia y un desconocimiento de lo que establece la ley”. 

Una funcionaria de una comisaría de familia, que prefiere omitir su nombre, explica que “se recibe la denuncia, pero la efectividad es poca. Primero, porque la policía no hace caso a las medidas de protección que las comisarías emiten; en la fiscalía, este delito es algo de segunda y casi todos los funcionarios encargados son hombres”.

Andrade Manjarrés explica que existen 17 medidas de protección que las comisarías de familia pueden ordenar para proteger a la mujer, entre ellas, la  de emitir una orden de restricción no solo para el lugar donde viven, también para el sitio de trabajo. “Pero las comisarías toman solo dos: la orden de alejamiento y la de custodia y pago de alimentos”, explica. Tampoco les dicen a las mujeres que la temida audiencia de conciliación, donde se enfrentan cara a cara con su agresor, no es obligatoria.

Carolina y los niños acudieron a todo tipo de terapias, incluso religiosas. También al tratamiento sicológico de la ruta de atención. “Pero en cada terapia mis niños me contaban que se sentían forzados a irse con su papá. Me dijeron que tenía que permitir que él se los llevara, a pesar de que había amenazado con desaparecerlos”.

Cindy Núñez, trabajadora social de la UIS e investigadora en género, explica que los profesionales de la salud mental que atienden estos casos no están para criticar la vida amorosa o familiar, sino para apoyar a la víctima en su denuncia: “no podemos decirles que deben reparar su matrimonio. Tenemos que guiar a las mujeres para que tomen decisiones que las saquen de la violencia. La terapia es muy importante en el proceso y los profesionales no podemos mezclar nuestras creencias personales con el apoyo que debe darse a la víctima”.

3ra estación: una luz

Abogados consultados por esta redacción aseguran que acudir a Medicina Legal es una de las rutas más recomendadas para las mujeres que son víctimas de violencia: “los exámenes físicos y sicológicos que allí se realizan sirven como prueba en el proceso”, explica uno de ellos.

Carlos Antonio Murillo, director regional de Medicinal Legal, explica que la entidad desarrolló un código de alerta: “es un mecanismo por el que las instituciones garantizamos  que la víctima tenga continuidad en la ruta. Dentro de los mecanismos está un sistema de comunicación por WhatsApp: cualquiera de las entidades de la ruta está pendiente de la víctima. Muchas veces el agresor la espera para convencerla o amenazarla. Entonces nosotros avisamos si no llegó o si no tiene dinero para  acudir a las diferentes instancias”.

Para Carolina, el dictamen sicológico de Medicina Legal fue su única luz: “sentí que por fin alguien me estaba apoyando. Ahí abrí los ojos: me fui hasta la Fiscalía General de la Nación y allá me explicaron que tenía que abrir un proceso disciplinario”.

La abogada Andrade Manjarrés explica que en casos donde el agresor tenga relación con alguna de las oficinas de la ruta de atención, se debe acudir al Ministerio Público. Por su parte, el personero municipal, Omar Alfonso Ochoa Maldonado, explicó que “hacemos la invitación a las mujeres para que denuncien y para que la atención a las víctimas se realice de forma integral”.

La Fiscalía Regional explicó a esta redacción que las mujeres pueden asistir al Cavif -Centro de Atención e Investigación Integral contra la Violencia Intrafamiliar Bucaramanga- donde se le realiza una atención integral y que están trabajando por un servicio más eficiente. La vocera de la entidad señaló que es importante que las mujeres sepan que si se retractan en su denuncia penal contra el agresor, podría existir incluso una demanda para el Estado y sería problemático para los fiscales. Indica también que en el Cavif se ofrece terapia de pareja, para las mujeres que quieran solucionar situaciones que no revistan gravedad.

Isabel Ortiz, asesora de la Alcaldía en temas de mujer y equidad de género explica: “hemos iniciado un proceso de sensibilización a las comisarias, que en su mayoría son mujeres, para que las mujeres sean atendidas sin ser revictimizadas. Esto podría salvar la vida de una mujer. Pero no es fácil cambiar la mentalidad de los funcionarios”.

Claudia espera. El hombre que la violó sabe que lo denunció. Ella misma tuvo que entregarle la citación a la audiencia, porque no sabía que podía enviarla por correo con la policía. Podrían pasar tres meses antes de que se le de una medida preventiva definitiva.

“¿Y mientras tanto, qué hago?”, se pregunta.

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Publicada por: PAOLA ESTEBAN C.
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