Esto es lo que ocurre durante la noche en los parques de Bucaramanga | Bucaramanga | Vanguardia.com
Martes 14 de Noviembre de 2017 - 04:01 PM

Esto es lo que ocurre durante la noche en los parques de Bucaramanga

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César Flórez/VANGUARDIA LIBERAL
¿Cómo es una noche en los parques de Bucaramanga?
(Foto: César Flórez/VANGUARDIA LIBERAL )
¿Qué sucede durante parte de la noche en el Parque Los Leones? ¿Cuáles son las preocupaciones de los vecinos del parque San Pío? ¿Cuál es la situación en los parques Antonia Santos y Centenario? Vanguardia Liberal le cuenta qué está sucediendo.

El olor llega como una ola, tan fuerte como el agua, y los ojos se ponen rojos apenas con la primera aspiración accidental: el humo de la marihuana es grande y estrafalario, pero superficial. El bazuco es más discreto, pero intenso, cala en las fosas nasales y se queda ahí varios minutos. La cara se calienta, las aletas de la nariz comienzan a picar. Los vecinos del parque Los Leones se quejan del consumo de alucinógenos en el sector, de los desechos de las mascotas que son llevadas a pasear, de la inseguridad. 

Una mujer con un perro  Golden Retriever da un vistazo vedado al parque a las 7:00 p.m. Hombres jóvenes, en grupos o en parejas, están sentados en las bancas, fumando alguna de las dos sustancias antes mencionadas. Nadie apostaría a que se atrevería a subir. Pero en contra de todo pronóstico, ella y el Golden lo hacen. Emprenden el camino sin cruzar la mirada con nadie: está habituada, pero no por eso se siente segura.  

Los vecinos se quejan -pero, asegura la policía, no denuncian formalmente- y los agentes hacen sus rondas. A las 7 de la noche, no hay rastros de ellos todavía. El CAI de Las Américas está a dos cuadras, pero la policía no es omnipresente. Los agentes indican a la comunidad que tienen que llamarlos.  

La mujer va a mitad del ascenso cuando llega la pareja del momento: ella va bien arreglada, tacones, jean ajustado y blusa negra, su cabello rubio recogido y tomada del brazo de un joven corpulento, alto y que conduce un carro último modelo, pequeño. La lleva del brazo como si la rampa que suben los llevara a una fiesta. A cambio, sin esperar a llegar a la banca del parque, él saca un cigarrillo de marihuana. Una vez sentados, se lo ofrece a la joven.  

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No hay mujeres solas. Vienen con su pareja o un amigo. Aspiran también, pero son ellos quienes van a comprarle a un tipo que está sentado en uno de los árboles más hacia arriba del parque. Otra pareja acaba de llegar. Ella viste tenis y un pantalón de lana, él viste una camisa de cuadros y va directo hacia el expendedor.  

En otra banca, unos jóvenes fuman bazuco. La llama del encendedor aparece intermitente, se traga el parque con el humo y da la sensación de un ambiente de cuento de terror: luces amarillas y la niebla que genera el humo.  

A las 8:30 p.m. llegan los agentes de policía. La mujer que pasea al Golden Retriever viene de regreso. El perro parece un poco mareado. Los Golden son tranquilos y algo perezosos, en todo caso. La otra pareja que acaba de llegar se baja de la moto en la que vienen.  

La policía señala que viene realizando patrullajes constantes y estrategias para concertar con la comunidad actividades lúdicas que permitan dar a conocer el Código de Policía y disminuir el consumo de sustancias alucinógenas.   

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Tras la llegada de los oficiales, todos deben emigrar del parque. La joven rubia y el tipo corpulento bajan también, despacio. Saludan a los desdichados que no alcanzaron a fumar en esta ronda. También está pareja sube de regreso a la moto, pero dos cuadras más adelante será posible encontrarlos: saben que habrá otra oportunidad de fumar en el parque.  

San Pío y Las Palmas

Separados por apenas un par de cuadras, los parques Las Palmas y San Pío son completamente diferentes. En el primero las luces blancas mantienen despierta la actividad nocturna sin preocupación alguna: una patrulla permanente garantiza a jóvenes y adultos que podrán disfrutar de la noche. Los jóvenes llegan en grupos, ríen a carcajadas sobre sus conquistas.

Las parejas, entradas ya en los 30, hablan tranquilos, interrumpidos a veces por un cantante que grita sin razón en mitad del prado y por una que otra muchacha hippie que ofrece dulces. A las 9 de la noche todavía hay niños saltando en los juegos ubicados en la zona del parque cercana a los cajeros automáticos. A veces hay cuentería, los perros juegan entre ellos y con sus amos y la música de los establecimientos aledaños se confunde con el humo de los “chuzos” de carne o salchicha que se cocinan para quienes llegan o van con hambre a la rumba. 

En contraste, el Parque San Pío está vacío en la noche. Durante el día es frenético: se realizan actividades de venta y recreación. Pero tan pronto sale la luna, las calles poco iluminadas que llevan hacia el mítico sector se quedan sin andantes. Si alguien se recostara en una de sus lomas, vería hacia arriba una escena de ensueño: los brazos de los árboles confundidos entre sí, la luna que se asoma entre las hojas. Y el temor: a las 12 de la noche se respira zozobra. 

Los vendedores ambulantes, los constantes problemas de inseguridad y riñas debido al consumo de alcohol y sustancias alucinógenas en el sector preocupan a los vecinos. 

Trinidad Flórez Pabón, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Cabecera explica: “a los vecinos del sector ya nos da miedo pasar por los parques, porque atracan y pasa de todo. No se ve la gobernanza. La mayoría de las familias de los gobernantes viven en Cabecera, pero ellos no ofrecen nada para el barrio. Lo tienen olvidado. Falta iluminación, más seguridad, sobre todo en la noche”. 

La policía señala que trabaja constantemente en estrategias para recobrar la seguridad: realiza patrullajes frecuentemente con el fin de evitar los delitos y el consumo de estupefacientes, también hace actividades lúdico recreativas para mitigar el consumo de sustancias psicoactivas y la presencia de habitantes de calle. También, señala, adelanta acciones para socializar el nuevo Código de Policía. 

En agosto de este año, la administración local señaló a esta redacción que planea recuperar los 200 parques de Bucaramanga y su Área Metropolitana. El parque de Los Niños, San Pío, Las Palmas, Turbay, García Rovira y La Esperanza ya fueron intervenidos con grama japonesa. No obstante, la secretaria de Infraestructura, Zoraida Ortiz, no contestó las reiteradas llamadas y mensajes de esta redacción para conocer cuándo se realizarán las intervenciones en los demás parques de la ciudad. 

Centenario y Antonia Santos

La noche de ambos parques es similar. Trabajadoras sexuales, vendedores ambulantes, recicladores y habitantes de calle; mucho más presentes en el Centenario, deambulan por los alrededores, algunos sentados bajo la luz amarilla de las farolas y la mirada vigilante de los hombres que controlan los negocios del sector. 

Los fines de semana no cesan los enfrentamientos entre algunos agentes de la policía y las mujeres transgénero, trabajadoras sexuales. La situación es la misma de siempre: las mujeres trans contaron a esta redacción que la policía las persigue y las trata mal. Ellas a veces responden airadas, eso también es cierto. 

“Chinchilla”, la “madre” protectora de algunas de las mujeres transgénero, explica que es verdad que a veces las mujeres transgénero responden feo a la policía, pero que no es justo que las golpeen. Asegura que algunos agentes tienen siempre el mismo comportamiento homofóbico. 

Por su parte, Diego Ruiz, Director Corporación ConPázes Diverso y quien trabaja con la población transgénero desde hace más de 10 años, señala que “durante todo este año y con el nuevo Código de Policía pocas cosas han cambiado. El Alcalde quiere convertir en espacios familiares las zonas donde las trabajadoras sexuales están y eso afecta la relación de ellas con los vecinos y la policía. Ha habido siempre una violencia sistemática por ser trabajadoras sexuales y ser mujeres, no solo por sus clientes, también por la policía, como ha venido sucediendo”. 

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La policía informó a esta redacción los planes que han venido realizando en este parque: control en diferentes horarios, acciones como plan baliza - enfocado en la instalación del CAI Móvil y patrullas después de la 5:00 de la tarde-, y patrullajes constantes para evitar robos. También trabajan mancomunadamente con la Alcaldía para solucionar el tema del espacio público y planes para manejar el tema de los vendedores ambulantes. 

Igualmente, la policía indicó que se busca incrementar los planes y prevenir las personas generadoras de violencia, como también los distribuidores y consumidores de alucinógenos. También piden mayor compromiso por parte de las autoridades locales en el control de los establecimientos abiertos al público. 

Bajando hacia el Centenario, la zona guarda un mayor silencio. En ocasiones hay riñas entre los habitantes de calle y las trabajadoras sexuales, y entre ellas: las colombianas reclaman el espacio que, aseguran, las mujeres venezolanas -que cobran menos- acaparan. Los vendedores tienen problemas entre ellos. 

Lo que más se ve, sin embargo, es el caminar sin fin de jóvenes que no pasan los 25 años, embarazadas y llevando de la mano a sus hijos pequeños, sobre las 10 de la noche, a la espera de que alguien solicite sus servicios, quizá un viajero que pasa la noche en Bucaramanga tras vender sus frutas en la plaza. Los niños la esperarán en el hotel. 

San Pío y Las Palmas

Separados por apenas un par de cuadras, los parques Las Palmas y San Pío son completamente diferentes. En el primero las luces blancas mantienen despierta la actividad nocturna sin preocupación alguna: una patrulla permanente garantiza a jóvenes y adultos que podrán disfrutar de la noche. Los jóvenes llegan en grupos, ríen a carcajadas sobre sus conquistas. Las parejas, entradas ya en los 30, hablan tranquilos, interrumpidos a veces por un cantante que grita sin razón en mitad del prado y por una que otra muchacha hippie que ofrece dulces. A las 9 de la noche todavía hay niños saltando en los juegos ubicados en la zona del parque cercana a los cajeros automáticos. A veces hay cuentería, los perros juegan entre ellos y con sus amos y la música de los establecimientos aledaños se confunde con el humo de los “chuzos” de carne o salchicha que se cocinan para quienes llegan o van con hambre a la rumba. 

En contraste, el Parque San Pío está vacío en la noche. Durante el día es frenético: se realizan actividades de venta y recreación. Pero tan pronto sale la luna, las calles poco iluminadas que llevan hacia el mítico sector se quedan sin andantes. Si alguien se recostara en una de sus lomas, vería hacia arriba una escena de ensueño: los brazos de los árboles confundidos entre sí, la luna que se asoma entre las hojas. Y el temor: a las 12 de la noche se respira zozobra. 

Los vendedores ambulantes, los constantes problemas de inseguridad y riñas debido al consumo de alcohol y sustancias alucinógenas en el sector preocupan a los vecinos. 

Trinidad Flórez Pabón, presidenta de la Junta de Acción Comunal de Cabecera explica: “a los vecinos del sector ya nos da miedo pasar por los parques, porque atracan y pasa de todo. No se ve la gobernanza. La mayoría de las familias de los gobernantes viven en Cabecera, pero ellos no ofrecen nada para el barrio. Lo tienen olvidado. Falta iluminación, más seguridad, sobre todo en la noche”. 

La policía señala que trabaja constantemente en estrategias para recobrar la seguridad: realiza patrullajes frecuentemente con el fin de evitar los delitos y el consumo de estupefacientes, también hace actividades lúdico recreativas para mitigar el consumo de sustancias psicoactivas y la presencia de habitantes de calle. También, señala, adelanta acciones para socializar el nuevo Código de Policía. 

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En agosto de este año, la administración local señaló a esta redacción que planea recuperar los 200 parques de Bucaramanga y su Área Metropolitana. El parque de Los Niños, San Pío, Las Palmas, Turbay, García Rovira y La Esperanza ya fueron intervenidos con grama japonesa. No obstante, la secretaria de Infraestructura, Zoraida Ortiz, no contestó las reiteradas llamadas y mensajes de esta redacción para conocer cuándo se realizarán las intervenciones en los demás parques de la ciudad. 

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Publicada por: PAOLA ESTEBAN C.
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