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Martes 05 de Diciembre de 2017 - 04:21 PM

¡A la orden las culonas!

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!A la orden las culonas!
Seguramente todos los bumangueses que visitan o han visitado el aeropuerto de Bucaramanga han sido abordados por algunos de los dos vendedores de hormigas culonas. Gracias a los años de trabajo allí, ya son considerados insignias del lugar.

Tiene que llover fuerte dos o tres días seguidos y luego hacer sol para que las hormigas culonas salgan de su hormiguero. Si los aguaceros duran más días y el sol sale mucho después, ellas no se asoman. Si hace mucho sol y no hay rastro de lluvia, tampoco.

Este año llovió mucho y la cosecha se fue a pique. Y por cosecha no quiere decir que las cultiven, no. Ellas salen de los hormigueros cuando quieren, no cuando al dueño de la tierra le plazca. Además, eligen donde hacer su cueva, no es “hagamos un hueco y traigamos algunas”. Porque son caprichosas y metódicas.

Generalmente  hibernan en los valles de San Gil, Socorro, Oiba, Guadalupe, Curití, Villanueva, Barichara y Guane y salen más o menos entre abril y mayo, cuando el clima es así como les gusta.

Y cuando deciden salir, son atrapadas por los campesinos para ser tostadas, vivas, al fogón. Luego, son vendidas a los acaparadores, que a su vez, les venden a personas como Rancés Cáceres Vera y Adalberto Barrios León, quienes son los amos y señores de la venta de este exótico alimento en el Aeropuerto Internacional Palonegro.

Tres décadas de culonas

Desde cuando el aeropuerto tenía una sola puerta de entrada y no había vuelos internacionales, Rancés Cáceres vende hormigas culonas ahí. Son 30 años, más o menos.

En su caso es una tradición familiar. Sus padres vendieron pollos y hormigas en el parador de Quebrada Seca donde salía la flota Cáchira hacia Acapulco, Charta, Matanza y otros municipios.

Él decidió hacerlo en el aeropuerto. ¿Por qué? Porque quizás a los extranjeros les iba a parecer curioso y las ventas serían mejores.

— “Y la verdad fue que no. Los de otros lados casi no compran, o por lo menos acá en el aeropuerto no. Los clientes buenos son los mismos casi siempre: empresarios, vendedores, artistas. Y una que otra persona que lleva la bolsita de cinco mil pesos. ¿Sabe quién me compraba bastante? Diomedes Díaz y Álvaro Uribe”.

Rancés cuenta que cada vez que el cantante vallenato pisaba tierra santadereana, lo primero que hacía era comprar hormigas culonas.

— “Mandaba a preparar una ‘cacerolada’ de huevos batidos en la cafetería o en el restaurante de acá y le echaba las hormigas encima”.

Uribe no era tan excéntrico. Él mandaba sus escoltas a comprar varias bolsas cuando era candidato. Una vez presidente, ni más. Dice Rancés que sus amigos políticos ya le tenían cuando venía a la ciudad.

— “¿A cómo la hormiga?”, le pregunta una señora.

— “A 5 mil la bolsa pequeña, a 10 la que le sigue, 20 esta otra y...”

La mujer lo interrumpe y le dice que esta muy cara, que ni que fuera quién sabe qué y se va.

Él no le dice nada, pero se pone serio.

Explica que claro que es cara, porque es de la que mejor.

— “Esta es la real, la colorada, la auténtica. La que tiene huevos en la cola y que no se frita, se tuesta. La otra es la montera, que también es una clase de hormiga arriera, pero que fritan en aceite de cerdo para que la cola se infle. Esa no es la real, no tiene nada en la cola, es vacía”.

¿Qué si a él le gustan?  

No está muy convencido, pero dice que sí, que claro. Lo que pasa es que le queda la garganta como rasposa.

Si no lo sabe pregúntele al hormiguero

Adalberto Barrios León trabajaba en un almacén de repuestos. Se casó un viernes y al lunes siguiente lo despidieron. Tenía 22 años y una casa que mantener.

Su cuñado vendía hormigas culonas en el aeropuerto y entonces hicieron equipo.

En esa época, hace 27 años, tenían que trabajar afuera y los policías los sacaban corriendo de tanto en tanto. Eran los tres, Rancés, Adalberto y su cuñado, luchando con las ventas y la policía.

Cuando los dejaron trabajar adentro, en la entrada del lugar, los carnetizaron y los reconocieron como vendedores así no tuvieran local ni pagaran arriendo, decidieron turnarse los días de trabajo, porque la venta estaba dura.

Tiempo después el cuñado de Adalberto falleció y entonces solo quedaron los dos.

A las 3:30 a.m. empiezan el día y a las 8:00 p.m. terminan. Aunque en época del paro de Avianca los pasajeros disminuyeron y por ende las ventas. Entonces hasta que no se normalicen los vuelos, salen un poco más temprano.

Como están todo el día parados, en el mismo sitio, ven todo lo que ocurre desde que llegan los pasajeros a registrase hasta que se dirigen a las salas. Por eso en el aeropuerto se escucha de vez en cuando:  “Si no lo sabe, pregúntele al hormiguero”.

— “Es verdad, uno ve muchas cosas, pero una tumba, sumercé.  Uno se pilla hasta infidelidades, uno ya sabe cómo es cada pasajero y con quién viaja porque realmente no es que se vea mucha gente diferente. Aquí casi siempre viajan los mismos. Así que pueden preguntar, pero de acá no sale nada”.

Dice que lo mejor de su trabajo es que ha podido sacar adelante a sus hijos, a pesar de los momentos duros, y que ha conocido personalidades que siempre le compran. Como el comediante Hassam, Paola Turbay y Pastor López.

Sin embargo, hay una cosa que no ha podido y que todos los días desea: Volar en avión.

— “A mí solo me gustaría tener plata para viajar bastante en avión. Solo para eso, porque creo que tener tanto le quita a uno libertad y yo soy libre con lo poco que tengo”.

No hay culonas para tanto

Tanto Rancés como Adalberto coinciden en que como va la cosa, es posible que las hormigas culonas dejen de salir definitivamente, pues cada vez escasean más.

— “Por eso se han puesto tan caras. Hay mucho vendedor en todo lado, hasta en el exterior y últimamente las que salen no son tantas, entonces gana el que tenga para invertir y comprar bastante”, explica Barrios León.

Los dos recuerdan cuando la libra de hormigas costaba menos de 30 mil pesos y ellos podían comprar varias para tener y vender. Ahora cuesta entre 150 mil pesos y 200 mil pesos.

Según les han dicho los campesinos de las zonas donde sale el insecto comestible, el cambio de clima, que va de largas temporadas de lluvias a otras de verano total, alteró los vuelos de las hormigas reinas, que salen de sus montículos para buscar reproducrise y formar una nueva colonia.

Sumado a eso, muchos cultivos están creciendo en suelo que tiene hormigas y estas son dañinas para las cosechas, por lo que muchos campesinos prefieren matarlas.

Pero ellos luchan por preservar sus ventas y con ellas, una tradición que es símbolo inequívoco de Santander.



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Publicada por: IRINA YUSSEFF MUJICA
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