Esta es la historia de la primera mujer lesbiana a quien el Estado le pidió perdón | Bucaramanga | Vanguardia.com
Jueves 07 de Diciembre de 2017 - 05:20 PM

Esta es la historia de la primera mujer lesbiana a quien el Estado le pidió perdón

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Cortesía Colombia Diversa
Martha estará mañana en la mañana en la cárcel El Buen Pastor de Bucaramanga donde se realizará un acto simbólico de reparación por la discriminación que sufrió.
(Foto: Cortesía Colombia Diversa )
En 2014, la Comisión Interamericana concluyó que el Estado colombiano violó los derechos de Marta Lucía Álvarez Giraldo, una mujer lesbiana que fue discriminada en varias cárceles del país, entre ellas el Centro de Resocialización de Mujeres de Bucaramanga. En un acto simbólico, el Estado pidió perdón a Martha ayer en Bogotá y hoy en Bucaramanga. Allí contó su historia para vanguardia.com

Afuera, la cárcel de mujeres de Bucaramanga es un muro de cemento gris. El día de las visitas se ve un poco más amigable, pero la fila no es muy larga. Muy diferente al caso de los hombres. A las mujeres las visitan menos. Adentro, el ladrillo frío -incluso si hace una temperatura de 27 grados- es menos lúgubre porque hay árboles y plantas alrededor.

A Martha esta cárcel le ha parecido siempre muy bonita. Y, de hecho, tiene uno de los mejores salones de estudio, dice uno de los representantes de la organización ‘Colombia Diversa’, quien acompaña a Martha en su recorrido por centro penitenciario. Ella camina entre los ladrillos y escucha a las funcionarias contarle cómo es ahora la vida adentro. Le aseguran que no es nada comparado con los vejámenes que en 1995 sufrió por culpa de un teniente del Inpec.

"Esa es la vida de uno en la cárcel. Uno tiene que tratar de hacer su momento. A mí me separaban de las noviecitas. Eso me dolía mucho. Aprendí a que no me doliera. Era su forma quebrarme, y yo no podía dejarme quebrar. Y salí de la cárcel y salí dura, indolente. Me han estado preguntando qué siente, no es que sienta mucho, sí siento... 

“Ayer por ejemplo llegué a Bogotá y no conocía la entrada (a la cárcel) porque a mí me sacaban en un furgón. Aquí, no conocía la entrada. Tengo lindos recuerdos de aquí (cárcel de Chimitá), fue la que más me gustó. Y gustarle la cárcel a uno... es mucho decir. Esta sí fue la mejor, muy bonitos recuerdos. Aquí tuve una novia que quise mucho... y nos separaron".

La novia, Geraldine, es ahora una mujer que practica la religión. Después de visitarla una vez más luego de que Martha fuera trasladada a Socorro, no volvieron a tener contacto. En sus memorias, Martha escribe que Geraldine, en medio de sollozos, le pidió que cuando se volvieran a ver, se casaran". 

Martha tiene el desparpajo de las personas de Pereira, sonríe si acaso ve una risa asomarse de los labios de otra persona y contrario a lo pensado, no tiene reparos en contar su historia: por qué estuvo en prisión y todo lo que vivió allí. 

El sueño de libertad

A los 19 años, el papá de Martha le dijo que la iba a enviar bien lejos "para que fuera más libre". Como una ironía de la vida, fue en la prisión donde Martha encontró esa libertad que había buscado por tanto tiempo. 

Como desde niña supo que le atraían las mujeres, en Santuario, Risaralda, los hombres la amenazaban con hacerle saber lo que era un hombre. Le gritaban "marimacha" y "arepera". Su mamá le recomendaba que no jugara fútbol. El panorama no era el mejor. Se fue entonces a Boston, Estados Unidos, donde vivió nueve años. Luego viajó a San Francisco, donde permaneció otros tantos. Era consentida, dice. Las personas homosexuales saben que allí pueden vivir en su verdad. 

Hasta 1990 el Servicio de inmigración y naturalización podía prohibir la entrada en el país de homosexuales extranjeros. Pero para esa época las cosas estaban cambiando y San Francisco lideraba la lucha de gays, lesbianas, bisexuales y transgeneristas por ser reconocidos como seres humanos. 

Sin embargo, los problemas con su hermano, aquejado por su adicción a las drogas, no daban tregua a su familia. Él las agredía y las amenazaba. Incluso se supo que había contratado a un sicario para asesinar a una de ellas. Para mediados de los noventa, no era una sorpresa: la violencia paramilitar llevaba instalada allí varios años. Durante cuatro décadas, Santuario no había conocido la paz. 

Martha tuvo que regresar. En medio de un altercado con su hermano, lo mató.

Martha asegura que actuó en defensa propia. Para muchos es sólo una frase más, muchos reclusos aseguran lo mismo. Pero la población Lgbt y, particularmente, las mujeres, han visto sus derechos vulnerados por causa de la discriminación. Y esto sucede no solo en Sudáfrica. Medios internacionales denunciaron que en Perú, en 2015, había aumentado el número de violaciones aduciendo esta razón. La violencia que sufren las personas Lgbt sigue siendo alta en América Latina. 

En la cárcel de Bucaramanga, Martha le hizo un poema a una de las guardianas que la discriminaba por su orientación sexual. En una de sus líneas puede leerse: 

"Yo sigo esperando que la vida de la vuelta

Pa' encontrarme con usted de igual a igual

Ese día que me traigan la boleta, 

¡Ese día que me den mi libertad!"

Y sí. La vida dio la vuelta. Y en 2003, Martha fue puesta en libertad. Su buen comportamiento la ayudó a pesar de los esfuerzos del teniente que la agredía en prisión para que no diera sus clases de inglés y así no pudiera ver reducida su condena. 

En 2014 el Estado reconoció que sus funcionarios habían violado los derechos de Martha. Y hoy, de regreso sin esposas a la cárcel de mujeres de Bucaramanga, Martha se asegura de que las internas de hoy sepan que siguen siendo seres humanos, que tienen derecho a ser amadas. Alguien tenía que hacerlo. Martha lo hizo. Ella dice que todo pasa por una razón. 

Martha relató su lucha en el libro Mi historia la cuento yo, donde narra su lucha para que sean reconocidos sus derechos y los vejámenes a los que fue sometida. Mañana estará en Bucaramanga, una de las cárceles donde más sufrió como parte de la reparación que merece por parte del Estado. 

El largo camino hacia la reparación 

Lo único que Martha quería era que le fuera permitido recibir la visita de su pareja, otra mujer, durante su estadía en las 13 cárceles del país en las que estuvo recluida por el asesinato de su hermano. Su condena original fue 34 años, pero fue reducida a 20. 

Sin embargo, el Inpec le decía que eso no era posible por atentar contra la moralidad. Martha no se rindió. Desde niña le habían gustado las mujeres. Su amor era tan legítimo como el de cualquiera y como otras reclusas, debía tener la oportunidad también de vivirlo. 

El 18 de mayo de 1996, representada por la Red Nacional de Mujeres, Colombia Diversa y el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional, Martha acudió a la Corte Interamericana de Derechos Humanos: en Colombia, la Corte Constitucional no revisó su caso y las dos tutelas que interpuso le fueron negadas.

Martha Tamayo, la abogada que tomó el caso de Martha cuando actuaba como Defensora del Pueblo en Pereira y luego siguió apoyándola para iniciar su proceso contó que su motivación para ayudarla nació al corroborar los sufrimientos de Martha Álvarez: "vi injusticia, desigualdad, discriminación contra las mujeres y detrás estaba la militancia feminista". 

Antes de la Constitución de 1991 los derechos de los presos, más aun si pertenecían una minoría, como es el caso de la población Lgbt, eran prácticamente nulos. Sin embargo, luego de esta fecha, había una esperanza legal para Martha.

"Cuando Jaime Córdoba era el delegado de Derechos Humanos, por primera vez se montó en la Procuraduría un programa de Derechos Humanos para personas en prisión. Empecé a visitar todas las cárceles del país y ahí encontré una diferencia muy fuerte de la gente en aislamiento o en calabozo. Mientras en las cárceles de hombres ellos estaban en calabozos porque habían pasado cosas muy graves, en el caso de las mujeres, ellas estaban en calabozo porque se habían dado un beso. 

Colombia Diversa informa que los hechos del Caso ante la CIDH se originaron en 1994 cuando la Reclusión de Mujeres de Pereira “La Badea”, le negó a Marta la solicitud de visita intima con su compañera sentimental, –pese a que la fiscal la había autorizado– argumentando, entre otras cosas, razones de seguridad y que la petición era obscena, denigrante y bochornosa. Pero en otras cárceles del país, Martha fue discriminada y particularmente, en el  Centro de Resocialización de Mujeres de Bucaramanga de Bucaramanga, Martha sufrió humillaciones y tratos crueles. 

El 26 de julio de 1994, la Fiscalía 33 de Santuario, Risaralda, le concedió a Martha las visitas, pero en agosto de ese mismo año, el director del centro de reclusión le negó este derecho. Las autoridades solicitan el traslado de Martha el 30 de septiembre a otro centro de reclusión y nuevamente se le niegan las visitas. A partir de allí comienza el calvario de traslados para Martha, como castigo por su orientación y por su lucha. Martha pasó por otras cárceles como Anserma, Caldas, Medellín, Cali, Pamplona, Bogotá y Cúcuta -donde se niegan a recibirla-, Socorro, Sevilla, Caicedonia, Armenia, Manizales e Ibagué, entre 1995 y 2002. 

Durante el período de 1995-2002, Marta fue trasladada 17 veces en 12 cárceles del país. Muchos de estos traslados eran, según el INPEC, debido a malos comportamientos de ella. Sin embargo, Marta luchó por demostrar que muchos de estos obedecían al prejuicio. 

Finalmente, el 30 de abril de 2014, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos establece un informe de fondo sobre el caso y concluye que el Estado colombiano debe reparar a Martha. 

El 14 de julio de este año, los representantes de Martha llegaron a un acuerdo con el Gobierno y el resultado fue la reforma al Código penitenciario respecto a las personas Lgbt privadas de la libertad en 2016, sobre el cual ya se había pronunciado la Corte Constitucional en su sentencia T -062 de 2011. 

Después de 23 años, el Estado Colombiano decide reparar el daño causado a Marta y contribuir a que hechos como los de este caso no se repitan . El diario se lanzará en un acto público en el que el Estado colombiano reconocerá su responsabilidad y ofrecerá disculpas públicas, explica Colombia Diversa en su página web sobre el caso. 

La santandereana Viviana Bohórquez, abogada de Colombia Diversa que hizo parte del equipo que litigo en caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, explicó que el caso de Martha Álvarez es importante por tres razones. 

“En primer lugar porque sienta un precedente muy importante para Colombia y América Latina en el sistema interamericano de Derechos Humanos en la medida en que Martha hizo la petición por las violaciones a la convención americana de derechos humanos y el Estado reconoce que fue responsable de esta violaciones. Es la primera vez que se reconoce que las mujeres lesbianas privadas de la libertad tienen derecho a la visita íntima. En muchas cárceles de América Latina ni siquiera la visita íntima es un derecho. Entonces ahí está el precedente para estas mujeres. En segundo lugar, en caso genera un precedente en materia de visita íntima esta se entiende como un derecho que tienen las mujeres y las personas privadas de la libertad. Y en tercer lugar, el caso cambia la idea de visita íntima a visita conyugal entendida como un espacio para las parejas del mismo sexo o de diferente sexo.

Martha empezó a exigir sus derechos hace muchos años. Este caso lleva 23 años. Y logró hacer estos grandes cambios que son importantes para Colombia y para otros países de América Latina porque las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos aplica para varios países.

Esperemos que esto genere mejores prácticas al interior de las cárceles, porque sabemos que estas siguen discriminando a las mujeres y castigando la sexualidad entre mujeres". 

Una investigación realizada por Colombia Diversa entre 2013 y 2014 encontró que en la mayoría de las cárceles no existía un lugar destinado para la vista íntima en el caso de las personas Lgbt y "bajo este panorama, muchos internos se ven obligados a pagar una suma de dinero considerable para tener intimidad con su pareja", señala el informe. 

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Publicada por: PAOLA ESTEBAN C.
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