Lunes 05 de Febrero de 2018 - 11:00 AM

El viajero chino que ‘volvió a nacer’ en Bucaramanga

Liu Qingliang nació en el norte de China, trabaja en una de las empresas de tecnología más prestigiosas de su país y es un viajero del mundo. Sin embargo, el contagio de una enfermedad puso a prueba la destreza del equipo médico de Ecmo de la Fundación Cardiovascular de Colombia. En una Unidad de Cuidados Intensivos le ganó la batalla a la muerte.

Comparta este artículo ›

Elver Rodríguez / VANGUARDIA LIBERAL
Luego de finalizado su tratamiento de Ecmo en la Fundación Cardiovascular de Colombia y de someterse a terapia de rahabilitación,Liu Qingliang regresará a China para continuar con los negocios de la empresa de tecnología en la que labora. A futuro, se espera que su enfermedad no le genere nuevas complicaciones médicas.
(Foto: Elver Rodríguez / VANGUARDIA LIBERAL )

El teléfono del coronel retirado de la Fuerza Aérea y ahora capitán del Learjet 31 A, el avión ambulancia de la Fundación Cardiovascular de Colombia, recibió la alerta de un paciente de origen asiático que se debatía entre la vida y la muerte en una clínica de Curazao.

Wilson Castañeda López, con 41 años de experiencia sobrevolando y cuatro dedicados a esta institución, sabía lo que eso significaba: un rescate debía ser efectuado dentro de las próximas horas.

Lea también: El fotógrafo santandereano que inmortalizó a Galán

A la par, un equipo médico se preparaba para recorrer por aire más de mil kilómetros en busca de Liu Qingliang, un prestigioso empresario chino, a quien el tiempo le pasaría factura de cobro si no actuaban rápidamente.

Él, de quien no se tenían mayores detalles hasta ese momento, luchaba para soportar las consecuencias del contagio de una enfermedad que le provocó neumonía, debilitó sus órganos y lo mantuvo en una Unidad de Cuidados Intensivos de una ciudad desconocida por tres semanas.

El contagio tras un viaje por el mundo

Considerado el país más poblado del mundo, con un estimado de 1.379 millones de personas, China posee una de las industrias tecnológicas más sólidas e importantes del mercado.

Liu Qingliang, de 44 años e ingeniero de sistemas de profesión, trabaja en una de las 10 empresas más poderosas de su país en este campo.

Viajar por el mundo es solo una de sus responsabilidades.

Países de Asia, Europa, América y África hacen parte de sus recorridos, en los cuales tiene como misión ofrecer los servicios de seguridad informática y tecnológica de su compañía.

Sin embargo, en África, su viaje tomaría un rumbo inesperado.

Lea también: Catorce horas con las manos en el corazón en Santander

Limitando con Kenia, Uganda, Ruanda, El Congo, Zambia y Mozambique, y tocado por el azul del Océano Índico, se encuentra Tanzania, un país cuyas altas temperaturas permiten la proliferación de parásitos Plasmodium.

La picadura de un mosquito contagiado lleva a estos organismos directamente al torrente sanguíneo humano provocando malaria, una enfermedad que de no ser tratada a tiempo es mortal para quienes la padecen.

Se estima que 2, 7 millones de personas mueren al año por causade la malaria, de los cuales más del 75% son niños en zonas endémicas de África, según la OMS.

* Fotografía Elver Rodríguez / VANGUARDIA LIBERAL 

Liu estaba contagiado. Nadie lo sospechaba.

Quince días después de su paso por el país africano y con la enfermedad en su cuerpo, el empresario asiático arribó a las costas de Curazao donde una gripa y fiebre moderada hicieron que su cuerpo se debilitara poco a poco.

Días más tarde, en una mañana de diciembre, ingresó al hospital para ser valorado.

Sin embargo, ya era demasiado tarde, la malaria había hecho de las suyas.

Sus pulmones, riñones y corazón funcionaban con dificultad. El equipo médico de la Fundación Cardiovascular de Colombia debía actuar de inmediato. Esa era su última oportunidad para sobrevivir.

Le puede interesar: La noche en que el público de Bucaramanga vio llorar a ‘Tongorito’

Un rescate por la vida

Un par de horas después del anuncio del rescate, el jefe de cuidados intensivos Camilo Pizarro y el médico anestesiólogo intensivista Mario Castillo, junto al perfusionista Fabio Naranjo y una instrumentadora, estaban a bordo del Learjet 31 A con destino a Curazao.

El reloj indicaba que eran las 3 de la tarde. La cuenta regresiva había iniciado.

El soporte de respiración extracorpórea, Ecmo, donde sería conectado Liu también estaba listo. Ese equipo reemplazaría la función de sus pulmones tras conocerse que su estado era crítico.

El vuelo despegó.

Una hora y diez minutos después, al llegar al hospital, el panorama era desalentador para el equipo.

- “Recuerdo que cuando llegamos nos encontramos con un paciente de origen chino y una condición que nosotros llamamos hipoxemia refractaria. Sabíamos que era fundamental actuar a tiempo o ese hombre moriría. Era su última oportunidad de vida”, narró Camilo Pizarro.

Pero esa no era la única barrera que tenían los especialistas.

El lenguaje fue un limitante. Solo uno de sus acompañantes hablaba inglés, el resto, mandarín.

- “Por intermedio de esa persona se le explicó a la familia la situación de paciente, lo que íbamos a hacer y los riesgos que se corrían por su alta probabilidad de muerte. Pero todo salió muy bien. Regresamos a la ciudad con Liu a medianoche y lo internamos en la Unidad de Cuidados Intensivos. Allí permaneció unas semanas hasta que se recuperó”, relató Fabio Naranjo.

*Fotografía Valesca Alvarado Ríos / VANGUARDIA LIBERAL

Camino a casa

Los pasos de un hombre que atraviesa la puerta de cristal de la clínica son lentos pero firmes. Su aspecto delgado, con cara pálida, ojos pequeños y sonrisa amplia llaman la atención de quienes se encuentran en el lugar.

Lo acompañan dos mujeres y un hombre cuyos rostros son similares. No son colombianos.

- Hola, ¿cómo sigue?. Ya se ve mejor...le dicen algunos curiosos que durante semanas lo vieron recuperarse en una camilla del cuarto piso.

Liu no entiende español. Sin embargo, sonríe con amabilidad y sigue su camino hasta el consultorio donde un médico espera por él para hacerle la curación en el cuello e ingle donde antes tenía las cánulas que lo conectaban a la máquina que lo mantuvo con vida.

Es un hombre calmado, de voz suave, sencillo y ante todo, agradecido. Pese a las diferencias culturales entre su país y Colombia, él disfrutó sus días en la ciudad.

Lea también: Un corazón que une una ‘Amistad de titanio’ en Bucaramanga

Ahora, tras un vuelo de cerca de 20 horas y gozando de buena salud luego de una exitosa recuperación, Liu Qingliang regresará a China.

- “Nosotros sabíamos que era su última oportunidad para sobrevivir y por fortuna tuvo un final feliz. Más que un paciente se convirtió en parte de nuestras vidas, son personas muy agradecidas y para nosotros es muy satisfactorio y emocionante como verlo en pie, caminando y sonriendo”, concretó Mario Castillo.

*Fotografía Valesca Alvarado Ríos / VANGUARDIA LIBERAL 

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Recuerda por qué llegó a Bucaramanga?

Para sobrevivir. Recuerdo que cuando estuve en África me contagié de malaria pero yo solo tenía síntomas de gripa y fiebre.

Pero 15 días después, cuando estaba en Curazao, me sentí muy débil y mis pulmones estaban mal. Entonces, los médicos de la Fundación Cardiovascular fueron por mí. Ellos me dieron una segunda oportunidad para vivir.

¿Qué le gusta de la ciudad?

La gente es muy amable y sonríe mucho. Creo que a ellos no les importa si son ricos o pobres, siempre están felices. Aunque no conozco el ingreso económico de las personas, sí me he dado cuenta que hay quienes no viven en las mejores condiciones.

Sin embargo, sonríen todo el tiempo.

¿Cuál es la mayor diferencia cultural que encuentra entre China y Colombia?

Son muchas, empezando por la población. En China somos muchas personas y generalmente somos tímidos. En Bucaramanga las personas son muy apegadas, son muy cariñosas.

No es mi primera vez en Colombia pero sí en Bucaramanga, pero eso es nuevo para mí. La gente tiene mucho contacto.

¿Hay algo que lo haya sorprendido?

Los médicos de acá son muy buenos. Me sorprendió ver que tratan a los pacientes como amigos. Yo nunca en la vida había visto que un médico se sentara en el piso para hablar con un paciente. Aunque saben que no somos de acá, nos tratan, nos hacen sentir como en casa. Me siento muy emocionado.

¿Qué recuerda del rescate?

No mucho, yo estaba dormido. Pero cuando desperté mi familia y amigos me explicaron que ellos habían viajado hasta Curazao para salvarme la vida.

Sin ellos, esta entrevista no existiría.

Usted es un viajero del mundo, ¿qué lugares conoce?

Creería que unos 20 países. Entre esos Tanzania, Vietnam, Tailandia, Indonesia, Malasia, Pakistán, Kazajistán, Colombia, Chile, Curazao, Venezuela, Argentina, Cuba y Aruba. Todos son preciosos.

Cada país tiene sus características, pero desde ahora Colombia será especial para mí.

¿Por qué?

Porque Colombia es el país en el que encontré una segunda oportunidad de vivir y amigos que me salvaron de la muerte.

Acá las personas son muy amables y los médicos son grandes profesionales, todos se tratan con mucho respeto y cariño.

¿Visitaron algún lugar de la ciudad?

Mi familia y yo fuimos al Parque de La Flora. Es impresionante la cantidad de árboles que tienen. Colombia tiene mucha diversidad y eso es algo que nunca habíamos visto en China.

Le puede interesarUn milagro de vida después de la muerte en Santander

¿Qué va a extrañar cuando regrese a casa?

El cariño de las personas. Colombia tiene mujeres muy hermosas y gente maravillosa. También la cultura, por ejemplo, nosotros no tomamos café y ustedes tienen el mejor café del mundo, es delicioso. Además de la comida, las sopas son exquisitas.

Para conocer este país es necesario conocer sus comidas. La gastronomía es deliciosa.

¿Qué dirá en China de su experiencia en este país?

Que fue el país donde volví a nacer. 

Publicidad
Publicada por: VALESCA ALVARADO RÍOS
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.