Jueves 26 de Abril de 2018 - 11:18 AM

Las tumbas célebres de Bucaramanga

En la Capilla de los Dolores reposan los restos de Aurelio Martínez Mutis, David Martínez Collazos y Segundo Agelvis, tres personajes que a través de sus profesiones le mostraron al mundo la calidad artística de la región santanderana

Comparta este artículo ›

Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL
El lugar donde se encuentran las tres lápidas fue durante mucho tiempo arreglado y sembrado por Rafael Pérez Martínez, sobrino de David Martínez Collazos. Cuando él falleció, el trabajo de mantener el lugar bello quedó en manos de Ignacio Pérez, sobrino de Rafael y pariente de David.
(Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)

En el costado izquierdo de la Capilla de los Dolores hay un lugar especial. Formando una hilera, en medio de un jardín que se ha ido transformando poco a poco, están las tumbas de tres artistas santandereanos que le regalaron mucha cultura al departamento.

Aurelio Martínez Mutis, David Martínez Collazos y Segundo Agelvis dedicaron su vida a dejar en alto el nombre de la ciudad y el departamento, no solo en el país sino en el exterior, y por ese motivo se ganaron un lugar especial en la primera iglesia que hubo en la ciudad.

Aurelio Martínez Mutis: el gran poeta

“Haz, Ciudad de los Búcaros, querida con amor santo de filial ternura, que se abra un hoyo en tu heredad florida cuando vayan a cavar mi sepultura. Que planten un rosal, cuya futura floración perfumada y encendida sea el símbolo enorme de mi vida que ardió por ti bajo la tierra oscura…”, reza “Testamento”, uno de los poemas que Aurelio Martínez Mutis escribió y que como si de un documento escrito y firmado se tratara, su familia hizo cumplir.

El jueves 25 de febrero de 1954, cuando con 70 años de edad ocupaba el cargo de vicecónsul en la Embajada de Colombia ante el Gobierno de Francia, en París, el poeta falleció de un infarto cardíaco. El Gobierno de Colombia regresó su cuerpo a Bucaramanga y el sábado 13 de marzo de ese año, después de una misa en la Iglesia San Laureano, sus restos fueron enterrados en un patio a un costado de la Capilla de los Dolores.

Aurelio Martínez Mutis nació en Bucaramanga el 7 de septiembre de 1884, como descendiente directo de Manuel Mutis Bosio, hermano del sacerdote, médico y director de la Expedición Botánica, José Celestino Mutis Bosio, quien fue el primer Mutis que llegó de España a tierras santandereanas y uno de los últimos antes de la Independencia.

José Celestino invitó a su hermano Manuel a Bucaramanga y este, enamorado de la tierra santandereana, empezó a forjar descendencia. Muchos años, matrimonios y nacimientos después llegó Aurelio Martínez Mutis, quien desde muy joven se destacó como creador de hermosos versos y ganador de importantes concursos de poesía.

La aparición de Aurelio Martínez Mutis en el escenario de las letras colombianas fue repentina. Su "Epopeya del Cóndor", poesía premiada en el concurso abierto por la revista Mundial que dirigía en París Rubén Darío, lo hizo famoso entre los pueblos de habla hispana. Fue premiado también por la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias y Artes en Chile y Colombia, y publicó varios libros y poemas tan importantes como “La Religión y la Independencia”, “Salve, España gloriosa”, “La epopeya de la espiga”, “La epopeya del cóndor”, “La esfera conquistada” y “Vendimia de amor”.

Según el ingeniero Franz Mutis Caballero, quien aunque es pariente lejano tiene en sus venas la misma sangre del poeta, una posible explicación acerca de por qué los restos de Martínez Mutis fueron sepultados en la Capilla de Los Dolores, además de la tradición católica que sus raíces españolas le conferían, es que ese lugar sagrado estuvo comandado muchos años por el cura Eloy Valenzuela, quien a su vez fue el compañero de José Celestino Mutis en la Expedición Botánica. Por lo tanto, dentro de la capilla siempre hubo un lugar especial para los Mutis y más para uno tan ilustre como Aurelio.

David Martínez Collazos: el periodista

El escritor, poeta, historiador y periodista David Martínez Collazos nació en Bucaramanga en 1891. Fue uno de los 66 miembros de número de la Primera Lista del Centro de Estudios Históricos.

Además de catedrático de Literatura e Idiomas, profesor de institutos docentes y director de la Biblioteca Pública de Santander, fue fiscal en varios juzgados.

Su faceta de periodista la sacó a relucir cuando dirigió en 1923 las primeras páginas literarias de Vanguardia Liberal, específicamente el magazín Vanguardia y Cultura, y colaboró por mucho tiempo con contenidos y columnas.

 Fue gestor de eventos culturales importantes para la región y dirigente deportivo. Según varios historiadores, fue él quien trajo el baloncesto a Colombia.

 Empezó a difundirlo en 1925 por todos los centros educativos del oriente colombiano y fue quien trajo de Estados Unidos los insumos para la práctica del deporte: canastas, balones y el reglamento de la época. San Gil, Bucaramanga y Bogotá fueron las ciudades pioneras en su práctica.

Su obra poética permite destacar el poema “Canto a Caracas, la Olímpica”, que fue premiado por el gobierno venezolano.

 Sus restos fueron llevados a la Capilla de los Dolores no solo porque se convirtió en artista muy integral sino porque su sobrino Rafael Pérez Martínez, exalcalde de Bucaramanga, exgobernador del departamento y destacado empresario que lideró el inicio de empresas de valor regional como las Hilanderías del Fonce, Gasoriente y Terpel, aportó dinero para la restauración de ese sitio sagrado y quiso que David estuviera ahí, junto a Aurelio Martínez Mutis, pues no solo fueron amigos y colegas sino que por el apellido Martínez había cierto lazo familiar.

Segundo Agelvis: el pintor

“No me he muerto porque no me acuesto; Sí me acuesto cuando voy a dormir, pero cuando veo que me voy a morir me paro. La gente se muere porque está acostada. Además un hombre debe morir de pie”, dijo en alguna ocasión el pintor Segundo Agelvis, mientras pintaba un cuadro.

Las personas que lo conocieron recuerdan que pintó hasta el último día y que tenía tan buen sentido del humor que contagiaba a todo el que hablaba con él.

 En la ciudad, vivió en casas de tradición histórica como en la que nació el prócer Custodio García Rovira y en la que habitó el sacerdote Eloy Valenzuela. Esta última, una casona ubicada justo al lado de la Capilla de los Dolores es el lugar que las personas más recuerdan cuando hablan de él, pues a Agelvis no solo le gustaba que las personas entraran a verlo pintar sino que regalaba cuadros que pintaba en la acera del frente.

 “Lo recuerdo sentado en una banca al frente de su casa, ya anciano, pero con más vida que cualquiera. Echaba cuentos y nos invitaba a seguir para apreciar sus cuadros y nos daba aguapanela o chocolate”, cuenta una de las ahora dueñas de esa casa, que actualmente es un restaurante.

Lucila González Aranda, artista, curadora e historiadora santandereana, en una biografía comentada que hizo del pintor, cuenta que nació en Cúcuta, Norte de Santander, el 1 de junio de 1899, pero que se autoproclamó hijo de las tierras santandereanas porque vivió aquí desde muy joven.

Se consideraba autodidacta y aprovechando su vocación artística, perfeccionó por su cuenta las técnicas de dibujo a lápiz, acuarela, óleo y talla en madera.

 Pintó sin descanso retratos, flores, bodegones, pero su gran pasión fue el paisaje. Se relacionó con los demás artistas locales de la época y fue colaborador y gestor de organizaciones culturales de literatura e historia. Su lugar de trabajo se convirtió en un sitio de encuentro de artistas e intelectuales y la mayoría de casas tenían un cuadro suyo, tanto los de clase alta como los de media y baja, porque regalar cuadros lo hacía feliz.

 Participó en innumerables exposiciones individuales y colectivas. Su trabajo fue comentado en diversas publicaciones nacionales y extranjeras y obras suyas ocuparon las páginas y portadas de libros y revistas. Tuvo distinción de Ciudadano Meritorio y Ciudadano Emérito, además de varios diplomas y cuadros de honor.

Segundo Agelvis murió en la ciudad de Medellín el día 6 de noviembre de 1988 a la edad de 88 años y luego sus cenizas fueron trasladadas a la Capilla de los Dolores para que estuvieran junto a las de los otros dos artistas

 

 

Publicidad
Publicada por: Irina Yusseff Mujica
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.