Lunes 07 de Mayo de 2018 - 11:50 AM

La historia de amor de un “matrimonio trans” en Santander

No todas las transformaciones del mundo se hacen siempre con un gran ruido. Con mucha frecuencia, acciones que parecen importar solo a algunos significan, a la larga, demasiado para una sociedad: una pareja transgénero se enamoró, se casó y vive en un pueblo de Santander, donde la orientación y la identidad de género diversas es todavía un tabú.

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Tomada de Internet
Andrés Santiago y María se casaron en la notaría segunda de Bucaramanga. En la ciudad existen varias entidades que apoyan a la problación trasngénero como la Plataforma Lgbtiq Santander, Diversas Incorrectas y la Coorporación ConPázes.
(Foto: Tomada de Internet)

Una larga carretera de pavimento hierve a los ojos del espectador con un fuego de 30 grados: esel clima en Sabana de Torres, Santander.

Y a la entrada, en la casa más azul del pueblo, vive la historia de amor más revolucionaria del departamento, un reto a la concepción tradicional sobre el amor: la de una mujer y un hombre transgéneros.

Los gatos salen primero a recibir a cualquier invitado. Son tres. Vivarachos a veces, dormilones a veces. Como es uno cuando está enamorado.

Andrés Santiago abre la puerta. El ventilador de techo está encendido y el fresquito apenas se siente.

Sabana de Torres fue zona caliente. Y no por el clima. Desde los años 60 llegaron el Eln, Farcy Autodefensas.

La Unidad de Restitución de Tierras señala que el mayor número de solicitudes de restitución corresponde a Sabana, una población arrasada, despojada.

En 2013 ocurrió el primer retorno. La paz es, entonces, relativamente nueva para este pueblo en el cual la población Lgbt sobrevivió al conflicto armado a base de hacerse invisible: lo necesario para seguir existiendo.

Tan invisible se hizo la población Lgbt en Sabana de Torres, y en general en Santander, que en Amovi-UIS, -Archivo Oral de Memoria de las Víctimas- no cuentan con registros de víctimas Lgbt del conflicto armado: “Aún las víctimas guardan silencio por miedo a ser revictimizadas”, explica Ivonne Suárez, directora de Amovi.

Extraoficialmente, esta redacción conoce de al menos tres personas que sufrieron violencia por causa de su orientación e identidad de género durante la época más cruda del conflicto.

El pueblo aún evita hablar del tema. Las personas transgénero prefieren estudiar en el horario nocturno y trabajar en lugares cerrados, que no impliquen contacto con el público.

Algunos pobladores contaron a esta redacción que saben de la existencia de Andrés, un hombre transgénero al que vieron crecer con otro nombre.

“Todas las personas que conozco saben de él, pero no más allá, ni tampoco comentan. Yo, por ejemplo, sé de su existencia pero de ahí no más”, explica uno de ellos.

Durante muchos años, la identidad de género de Andrés también fue invisible para todos, salvo para sí mismo.

Pero hoy, el amor que siente por María es un hito en su pueblo. Y en todo Santander.

Y se conocieron

24 de junio de 2017, chat de Facebook, Andrés Santiago: Hola María, ¿cómo estás? ¿Te puedo decir algo? Estás muy hermosa.

María: Muchas gracias... pensé que tenías novia... me llamabas mucho la atención, pero pensé que estabas ocupado.

Andrés: No princesa, estoy soltero, no tienes de qué preocuparte.

Y a partir de ahí, comenzaron a hablar. María aún tiene la conversación de chat guardada. Es española, de las Islas Canarias. Tiene ese acento rápido y divertido y una sonrisa permanente en la que sobresalen unos dientes muy blancos.

Es alta. Tiene un rostro fino y delicado.

En Sabana de Torres entienden que es una mujer.

No parecen sospechar que ha hecho un tránsito para acercarse biológicamente lo más posible a este género, aunque en su corazón y en su mente siempre lo fue.

Andrés, dice, también ha sido siempre un hombre: “Antes de operarme, poder disimular el pecho era una tortura, y muy doloroso.

Cuando me operé, sentí el dolor más grande del mundo, pero a la vez la mayor felicidad, me sentí realizado ese día”. Fue el 16 de julio de 2016.

Cuando conoció a María, Andrés estaba en tratamiento con hormonas.

Aún lo está. Su voz es lo que más le inquieta, pero en realidad, aunque es suave, es más gruesa ahora de lo que era en su adolescencia, según dice.

Hablaban desde las tres de la tarde, cuando él terminaba su trabajo en la planta de palma de aceite, hasta las 12 de la noche. Se enamoraron.

En agosto, María decidió que vendría a Colombia para conocer a Andrés: “Serían unas vacaciones, supuestamente. Pero, total, no tenía nada que me atara en España, entonces dije, qué importa, allá puedo conseguir trabajo o me mantengo con lo que me llegue de España.

 Y así fue. Mi madre al principio se alertó: que me iban a raptar, que iban a vender mis órganos y yo así le digo: correré el riesgo”.

María es la menor de cuatro hermanos. Su hermana mayor también es una mujer  transgénero. Pero nunca es fácil.

En la adolescencia le preguntaron si se sentía también como su hermana, pero dijo que no: “Es que para mí fue duro, sufrí demasiado bullying en el colegio”.

Al momento, María era un hombre gay.

Pero a los 19 años fue a una gala de Miss Universo trans: “Vi a las chicas peinadas, con sus pechos, maquilladas, con trajes, tacones, me quedé alucinada, dije: yo quiero hacerlo también”.

Durante la entrevista lleva un vestido blanco ligero. La forma de ser mujer es una construcción, dijo Simone de Beauvoir en El segundo sexo.

Muy diferente para cada quien.

Y para algunos, ser hombre o mujer no es suficiente.

Para otros, sentirse físicamente más cerca del género del cual se sienten parte es todo lo que importa.

Vivir juntos

“Llegué del trabajo y María me había enviado un mensaje por WhatsApp y luego un audio. El mensaje decía que me tenía una sorpresa y cuando escuché el audio ¡ya había comprado el tiquete y venía para acá!”, explica Andrés.

Se emociona contando. Es un tipo sensible. Antes del tratamiento hormonal, lloraba por todo, reconoce. Y María, con o sin tratamiento hormonal, llora a cualquier oportunidad.

“A principio eran vacaciones”, cuenta él, “pero la cosa iba más en serio”.

Durante el vuelo, los pasajeros advirtieron a María sobre todos los males del país, pero ella es una chica decidida: “Yo llegué del vuelo, estaba contenta.

Cuando de repente veo que me falta una maleta. Estaba nerviosa porque ahí lo tenía todo: el maquillaje, la ropa, todo.

Me dijeron que no habían llegado las maletas porque estaban en Madrid. Y yo les respondí ‘coño’, qué hacen en Madrid si esas maletas ya tenían que estar aquí”.

Estaba nerviosa porque vería a Andrés así nada más, sin arreglarse ni nada.

Él fue a recogerla en compañía de una amiga, le tenía un cuarto de hotel arreglado con rosas y un montón de cosas románticas.

Y cuando la vio bajar del avión pensó “¡uy!, viene brava”.

Pero María, en realidad, es tranquila. En la casa, ella se toma los problemas relajada, mientras que Andrés es un poco más malgeniado.

“La verdad es que lo poco que llevamos juntos parece que tuviéramos años de convivencia, hay parejas que todavía incluso no tienen la confianza entre ellos. No hay ningún inconveniente”, explica María.

“La convivencia de nosotros ha sido excelente porque tenemos muy buena comunicación, nos decimos las cosas”, explica Andrés.

“Siempre que tenemos que tomar una decisión entre los dos nos ponemos de acuerdo, nos miramos y vemos que si puede seguir adelante o si buscamos otra solución”, dice María.

Y entonces, cuando se acercaba el momento en que ella tendría que irse, 90 días después de haber llegado, decidieron que querían casarse.

La boda 

Vanguardia Liberal hizo un recorrido por las notarías de Bucaramanga y preguntamos qué requisitos se necesitan para casarse.

La idea era observar la actitud de los funcionarios que debían informar sobre el matrimonio igualitario u homosexual.

En el caso de Andrés y María tendría que ser así, puesto que María aún no tiene la cédula con su nombre.

En realidad, este matrimonio se realizó íntegramente entre una mujer y hombre.

Según un informe de la Superintendencia de Notariado y Registro, entre septiembre de 2016 y junio de 2017 se llevaron a cabo 715 matrimonios entre parejas del mismo sexo, 11 de ellos en Bucaramanga.

En general, la investigación hecha por esta redacción halló que en las once notarías de la ciudad son receptivos al tema.

Sin embargo, para Andrés y María la actitud de los funcionarios no fue la mejor.

María cuenta que “primero fuimos a la notaría cuarta. Me dijeron que tenía que dejar el pasaporte, que tenían que investigarme”.

Andrés narra que “fuimos a las sexta, en Cabecera, y también muy antipática la mujer que nos recibió.

Nos envió al segundo piso y nadie nos atendió”.

Finalmente, en la notaría segunda los recibieron, les informaron y además, allí Andrés había hecho los trámites de su cambio de nombre en la cédula.

Todo comenzó hace cuatro años. Vivía como una mujer lesbiana en Sabana de Torres que trabajaba en una planta de palma de aceite.

Tímido, alejado de todos, siempre supo que lo suyo eran todas aquellas cosas que típicamente se asignan a los hombres, como la mecánica, el oficio de su padre.

Tuvo muchos problemas para ser aceptado por el resto de su familia, pero su papá y su hermana le han dado la mano.

Y el día de su matrimonio, a las 11 de la mañana del 16 de enero de 2018, Andrés solicitó formalmente la mano de la mujer de su vida. Una mujer trans.

María no quería que se le dañara el maquillaje, pero lloró mientras la notaria leía los votos.

Y luego se instalaron en su casa azul, en Sabana de Torres.

En una región azotada por la violencia, amar es el mayor acto de paz.

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Publicada por: PAOLA ESTEBAN C.
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