Lunes 14 de Mayo de 2018 - 08:24 AM

“Lo de Venezuela influyó en crisis de desnutrición en La Guajira”

Rosa Matilde López cuenta cómo desde Santander se gestó la Ruta del Agua, uno de los proyectos que mayor impacto positivo ha tenido en la Alta Guajira. Además, habla de la crítica situación que se vive en las rancherías y de paso le hace un jalón de orejas al Estado.

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Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL
Rosa Matilde López viene a Bucaramanga cada dos meses para coordinar con la Segunda División una nueva Ruta del Agua.
(Foto: Suministrada / VANGUARDIA LIBERAL)

Según el Instituto Nacional de Salud, en el primer trimestre de este año hubo 16 muertes de niños con diagnóstico de desnutrición en La Guajira.

Además, de acuerdo a esta misma entidad, en 2017 murieron 45 menores por esta problemática, mientras que en 2016 la cifra fue de 92.

Por su parte, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) advirtió que encontró a 248 menores con riesgo de desnutrición en un recorrido por el departamento realizado este año. Ocho de ellos presentaban casos severos y graves.

Si bien estos indicadores apuntan a que la situación ha mejorado, también muestran que las acciones del Estado han sido insuficientes para frenar la pérdida de vidas en la Alta y Media Guajira.

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Más importante aún, estas estadísticas, si bien siguen siendo preocupantes, no dejan de ser unos datos fríos que no reflejan la realidad que se vive en esa zona del país.

No cuentan, por ejemplo, que muchos niños de las rancherías wayuu se acuestan a veces sólo con una taza de chicha en su estómago, ni que el agua que consumen en algunos resguardos es de color marrón y está llena de nitratos y bacterias.

Tampoco muestran que la crisis de desnutrición ha empeorado por la crisis social y económica que vive Venezuela, ni que por culpa del cambio climático durante cinco años prácticamente no llovió en algunas zonas del departamento.

La Guajira es una región de contrastes. Tiene en El Cerrejón a una de las mayores minas a cielo abierto de carbón en el mundo, pero también posee uno de los mayores índices de pobreza extrema.

De igual forma, mientras miles de familias wayuus no tienen acceso al servicio de energía o al agua potable, a pocos kilómetros, en medio del desierto, se adelantan novedosos proyectos de energía eólica y solar.

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Vanguardia Liberal dialogó con Rosa Matilde López Barliza, líder wayuu e integrante del clan Uriana, quien desde hace 22 años es la representante de las comunidades indígenas ante la Fuerza Pública. Ella es, además, una de las gestoras de la ‘Ruta del Agua’, una iniciativa que nació en Santander de la mano de la Segunda División del Ejército y que ha logrado reducir a cero la muerte de niños en 17 comunidades wayuu de la Alta Guajira.

Ella cuenta cómo es la difícil situación que se vive en las rancherías y no duda en criticar al Gobierno porque, según ella, no ha hecho lo suficiente para atender la crisis.

Preguntas y respuestas

Rosa, para empezar, cuéntenos cómo es la situación que se vive en las rancherías de la Alta Guajira.

Hace unos días unos periodistas de otro medio me pidieron lo mismo, que yo les cuente. Y yo siempre digo que una cosa es yo contarles y otra que ustedes mismos miren la crueldad de como viven en las rancherías, las condiciones inhumanas, el agua ‘achocolatada’ que toman y con el que preparan los alimentos.

Cuando la gente hace donaciones para la Ruta del Agua, siempre los invitamos a que vayan, para que vean cómo es la situación con sus propios ojos. Al final muchos terminan llorando cuando entran por primera vez a una ranchería.

Bueno, pero por ejemplo, ¿qué comen los niños normalmente?

En una ranchería, la primera fuente de economía es el chivo, pero la falta de agua y la sequía han llevado a que no haya pastos. Los animales se han disminuido, se han muerto.

Un niño muchas veces se acuesta solo con una ‘chichita’ (diminutivo de chicha). Y si hay comida, comen una vez al día. Un niño de esas zonas no conoce lo que es una merienda, una gelatina o un yogur...

¿Cuando hay comida, qué comen?

Arroz con pescado. Si no hay acompañamiento, solo el pescado. Pero a veces ni siquiera eso. Cuando hay mucha brisa, los wayuus no se atreven a ir tan lejos para pescar.

La dieta del wayuu es muy básica. Es maíz, café, arroz y harina. No te exigen condimento ni verduras.

Lo de la desnutrición de los niños de La Guajira se volvió noticia hace relativamente poco, pero no sé si es algo reciente o si históricamente ha sido un problema.

Es algo nuevo por el cambio climático. El wayuu antes sabía cuándo iba a llover y preparaba sus semillas de maíz, frijol, millo, ahuyama y patilla para el mes de mayo. Se sabía que en octubre era otra época de lluvia.

Ahora no sabemos cuándo va a llover. Solo cuando pasa el coletazo de un huracán es que llueve.

Cuando comenzamos la Ruta del Agua, hace tres años, había dejado de llover en La Guajira por casi cinco años. Los jagüeyes estaban secos y lo que estaban consumiendo mis hermanos wayuus era un agua contaminada, marrón, llena de nitratos.

¿Y todos consumen de esa agua?

Sí, de esa agua contaminada. Es que no solo de desnutrición se mueren los niños de La Guajira. Ellos sufren de gastroenteritis, erupciones en la piel, infecciones en la boca, de muchas enfermedades. Y a veces los indígenas no tienen ni como salir del resguardo para ir a un pueblo a que los atiendan, pues hay rancherías que no tienen acceso a vías.

¿Cómo nació la Ruta del Agua?

Yo fui designada representante de las comunidades indígenas ante la Fuerza Pública hace 22 años por los choques culturales que se daban entre las Fuerzas Armadas y mi etnia. Gracias a ello, he conocido a la mayoría de coroneles y generales.

Hace tres años llegaron a la Segunda División y a la Quinta Brigada el general Jorge Humberto Jerez y el general (Eduardo Enrique) Zapateiro.

En esa época éramos la comidilla de la prensa por la muerte de los niños, por la desnutrición.

El general Jerez me recibió y cuando vio las imágenes que yo le traía, sin dudarlo me dijo: ¿Qué necesita?

Yo estoy muy agradecida con él porque sin tener que ver con La Guajira, pues allá está es la Primera División y la Décima Brigada, me ayudó a iniciar todo desde Santander.

¿Qué impacto ha tenido la Ruta del Agua en las zonas beneficiadas?

En 34 viajes hemos llevado agua y comida a 17 comunidades y ya se puede ver el cambio. Cuando nosotros llegamos, los niños estaban flacos, sin ropita, sin zapatos. Ahora están vestidos y más gorditos.

El primer año fue algo tétrico, en cada ruta teníamos que desviar ayudas para el velorio de algunos niños. Por ello hace dos años hicimos un juramento, que no iba a haber mas muertes y hemos cumplido, no se nos ha muerto ningún pequeño en estas 17 comunidades.

Además, la Ruta del Agua se ha convertido en un imán para que otras fundaciones vean a La Guajira y conozcan la situación que se vive allá.

Entre ellas está la Fundación Mujer y Hogar, que tiene allá un comedor que atiende a 70 niños.

La Ruta del Agua ha mejorado la calidad de vida de 2.000 personas, pero usted ha sido clara en que hay más comunidades que requieren ayuda. ¿De qué zonas y cuántas personas estamos hablando?

Las condiciones más difíciles están en la Alta Guajira, en jurisdicción de Uribia. Entre más sube uno hacia la playa, hacia Punta Gallina, peor es la situación.

Uribia es tiene 8.200 km² (el segundo municipio más grande del país), el 98% de la población es wayuu y muchas rancherías están alejadas, en el desierto, sin acceso a vías.

Según el censo de 2005 tenía 117.623 habitantes (proyección para 2017 es de 186.532 habitantes). Esos cálculos los hago sin contar los hermanos wayuu que estaban en Venezuela y se están devolviendo.

Hablando de Venezuela, ¿cómo los ha afectado la crisis en ese país?

Mucho. Es que antes los wayuus no requeríamos la ayuda del Estado (colombiano) porque teníamos oportunidades en Venezuela, había trabajo en Maracaibo. Las mujeres como empleadas y los hombres en las haciendas, siendo jornaleros.

Es decir, históricamente los wayuus han dependido más de Venezuela que de Colombia.

Así era, pero eso cambió. Por ejemplo, yo antes compraba la paca de arroz en $24 mil en Venezuela y hoy eso ya no se puede y me toca comprarla en Colombia por $66 mil.

Se ha disparado la economía, se han disparado los precios y no hay oportunidades de trabajo.

¿Qué tanto se relaciona la crisis venezolana con la desnutrición de los niños en La Guajira?

Bastante tiene que ver. Los papás dejaban los niños con sus abuelas y cuando les pagaban, enviaban dinero o mercados desde Venezuela cada semana o 15 días. Ahora no hay trabajo y tampoco se pueden hacer mercados. No es la única causa, pero tiene mucho que ver.

La Guajira recibe regalías por el carbón y es productor de sal. En teoría ese dinero podría ayudar al desarrollo del departamento. ¿Qué ha pasado con esa plata?

Yo estuve en una reunión en Bogotá y quedé sorprendida con la cantidad de dinero que llega de regalías a La Guajira, pero en el departamento no sabemos a dónde está llegando.

Sabemos que existe ese dinero, pero no en qué se invierte porque no llega a donde realmente se necesita. 

Además, ahora las regalías están centralizadas, se distribuyen desde Bogotá a toda Colombia. Si yo sé que esa plata le llega a Uribia, pues yo peleo con el alcalde, pero no sabemos a quién hay que pedirle cuentas por ese dinero.

Es decir, el dinero se queda en algún punto de la cadena y no llega a las comunidades que requieren de esos dineros.

Esa es la percepción que tenemos nosotros, que las ayudas llegan a Riohacha, pero no están llegando a la Alta Guajira, que es la zona más necesitada. Nosotros no recibimos ninguna información, Nunca nos han invitado a una rendición de cuentas de las regalías y no sabemos en qué se invierte esa plata.

El Gobierno ha anunciado medidas de choque y el Icbf ha implementado la ‘Operación Guajira’. ¿Esas acciones han tenido algún impacto?

Yo sé que han hecho cosas en el departamento, pero déjeme hacer una pregunta. ¿Dónde han estado? Han llegado a Manaure, pero no han ido más allá, no han ido hasta las rancherías alejadas de la Alta Guajira, que es donde está el problema.

Por ejemplo, yo pedí un acompañamiento para 45 niños que identifiqué y que estaban en desnutrición y que yo sepa no han ido. Hay zonas de La Guajira donde no han llegado, especialmente las más alejadas, donde no hay vías de acceso.

El Estado debería hacer una consulta previa con las autoridades indígenas tradicionales, que son las que realmente saben cuáles son las zonas con más dificultades.

¿Qué le pide usted al Estado?

Yo le hago un llamado al Estado para que ponga un poco más la lupa en La Guajira. Que las ayudas no se pierdan en el camino.

Yo estoy muy agradecida con la gente de Santander, por su gran corazón y porque con la Ruta del Agua se ha demostrado que se pueden hacer cosas en las comunidades que realmente lo necesitan.

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Publicada por: Juan Carlos Chio
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