Viernes 14 de Septiembre de 2018 - 03:05 PM

La mujer que convirtió su casa en jardín para transformar un barrio del Norte de Bucaramanga

Una ‘casa jardín’ se convirtió en el ‘salvavidas’ para una mujer que se despertó de un estado de coma y a su vez para unir a todo un barrio, azotado por el consumo de drogas y la violencia, en torno a las flores y las plantas medicinales.

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CORTESÍA DIDIER NIÑO/VANGUARDIA LIBERAL
El jardín de una mujer donde ‘florece’ esperanza en el Norte de Bucaramanga
(Foto: CORTESÍA DIDIER NIÑO/VANGUARDIA LIBERAL)

Desde hace cerca de tres años, en el barrio Claveriano, en el Norte de Bucaramanga, una mujer hizo ‘florecer’ la esperanza y convirtió a su humilde vivienda en un espectáculo multicolor que contrasta con un río contaminado cercano y con vías olvidadas por las que transitan los cerca de 300 habitantes de la zona.

La casa es toda una despensa de remedios naturales, en la que Nelly Reyes, de 64 años, con sus conocimientos sobre botánica, regala y receta las plantas que siembra para dolencias como la gripa, la fiebre y dolores de oído, estómago y hasta para ‘purgar’ a los niños que recién comienzan a dar sus pasos por el Claveriano.

Y aunque la cuidadora de la ‘casa jardín’ confiesa que “aunque uno siempre vive con ‘el cristo en la boca’ (por los altos niveles de consumo de droga y las muertes violentas que se registran en el sector), es satisfactorio ver cómo la gente se olvida de los problemas por un momento cuando ven el jardín, pasan y se toman fotos, se quedan a dialogar un rato e inclusive los muchachos que andan por ahí cerca al río ayudan a cuidar este ‘oasis’…”.


“Las flores son mi razón de vivir”: cuidadora del jardín

Nelly, una llanera de 64 años, llegó a Bucaramanga huyendo de la violencia, se asentó en el Norte de la ciudad, sobrevivió a la muerte y encontró en el cultivo de plantas ornamentales la mejor terapia para sobrellevar la soledad, la incapacidad para trabajar y el abandono al que fue sometida por parte de sus cinco hijas.  

Aunque nació en Villavicencio, Nelly llegó hace cerca de 17 años a Bucaramanga huyendo de la violencia que azotaba a San José del Guaviare. Salió con su nieto, de 13 años en ese entonces, y llegó a vivir al recién fundado barrio Claveriano, ubicado a un costado de la vía entre Bucaramanga y la Costa Atlántica.

Doña Nelly recuerda que, hace cerca de seis años, en 2012, “una apendicitis mal cuidada se me convirtió en peritonitis. El ‘veneno’ ese se me regó por el estómago y me acabó con parte del hígado y parte del intestino. Estuve como 20 días en estado de coma, pero gracias a Dios pude salir de esa”.

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Por la gravedad de su enfermedad, la mujer afirma que “me añadieron un pedazo de intestino plástico y me quitaron un pedazo de hígado. Por todo lo que tuve que pasar entré en una grave depresión”.

“Sentí que el mundo se me acabó. Yo era chef y después de la operación no pude volver a trabajar. Cuando tenía mi ‘casita’ en Villavicencio tenía un jardín lleno de flores y para superar el estrés y la tristeza, en 2015 volví a sembrar ‘maticas’. Arranqué con cinco y ya tengo más de 30”, expresó Reyes Benavides.

La cuidadora del jardín aseguró que “las flores me devolvieron la vida. Se convirtieron en mi familia. Tengo cinco hijas pero me abandonaron, ninguna se acuerda ni de echarme una llamadita. Vivía con mi nieto pero hace ocho días también se fue de la casa. No tengo a nadie aquí”.

La ‘mística’ de cuidar el jardín

Nelly dice que entre las plantas que ocupan la azotea, el antejardín y el primer piso de la casa en la que vive arrendada están los novios, en sus variedades de colores blanco rojo y rosado; amapolas, conservadoras, primaveras, violetas y varias plantas medicinales como ruda, paico y hierbabuena.  

Su rutina arranca a las 4:00 a.m. cuando se levanta a regar las plantas, aunque le cuesta caminar, se arriesga a subir por una escalera de madera para llegar a la azotea y no dejar ninguna sin agua. Al terminar esta labor se dedica a barrer con una escoba artesanal hecha con ‘chamizos’ que caen de los árboles y cuando finaliza vuelve a darle ‘amor’ a cada una de sus plantas.

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“Yo le dedico el tiempo para decirle a cada ‘matica’ que la amo, les hablo y les digo que están bonitas. También las cuido de la gente que tiene ‘mal ojo’. Algunos me las han tocado y me las han secado. Sufro cada vez que veo una de mis plantas enfermas”, aseveró la mujer.

La mayor preocupación de doña Nelly es que “yo llegue a faltar y qué va a ser de ellas (las plantas). Sin embargo, ya le dije a dos amigas de aquí del barrio que si yo me muero cuiden algunas y las otras las repartan entre gente que les dé buen trato”.

Asimismo, su sueño más grande es “poder tener una parcela para poder llenarla de más plantas. Me llevaría estas y conseguiría más. Quiero volver a sembrar dalias amarillas, rosadas y blancas. El Gobierno por ahí oferta es apartamentos pero yo no quiero ir porque dónde pongo a mis ‘hijas’…”.

“Un oasis en el desierto”

Esperanza Cruz, socióloga de la Alcaldía de Bucaramanga y quien conoció de cerca la labor de Nelly, enfatizó en que “estas pequeñas transformaciones estéticas en sitios vulnerables impactan de manera positiva el entorno. Ellas transmiten paz y belleza y reducen de manera considerable los pensamientos violentos”.

Cruz Argüello dijo que “en el caso del barrio Claveriano, se registra un alto consumo de alucinógenos. Se ve a niños desde los 12 años iniciando en las drogas. Hay graves problemas ambientales e intolerancia derivada de la drogadicción. Sin embargo, si se generan espacios como el del jardín, con lo poco que tenemos podemos convertirlo en algo mucho mejor”.

Lo cierto es que, en un barrio dónde la mayoría de noticias que se producen son acerca de hechos en los que las personas pierden la vida de manera violenta o temas relacionados con droga, en este jardín hay un espacio para hacer ‘florecer la esperanza’.

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Publicada por: MILTON VELOSA
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