Miércoles 20 de Junio de 2018 - 07:46 AM

Se reactivarían la fumigaciones aéreas de narcocultivos en gobierno de Duque

“La sustitución y la erradicación de cultivos ilícitos deben ser obligatorias”. Esta frase, pronunciada varias veces durante la campaña presidencial, resume uno de los objetivos que Iván Duque se fijará de cara a la lucha contra el narcotráfico.

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Archivo /VANGUARDIA LIBERAL
Se reactivarían la fumigaciones aéreas de narcocultivos en gobierno de Duque
(Foto: Archivo /VANGUARDIA LIBERAL)

Se evidencia una preocupación que ya el Ejecutivo saliente había reconocido la semana anterior, cuando se dio a conocer que el total de hectáreas cultivadas con coca en el país creció al menos un 18,81 % el año pasado, con respecto al 2016.

En efecto, según el Plan Quinquenal 2018-2023 para la Erradicación de Cultivos Ilícitos del Ministerio de Defensa, hace dos años Colombia tenía 146.139 hectáreas sembradas, mientras que en los últimos doce meses se elevó a 180.000.

Lo cierto es que, como candidato, Duque ya había esbozado ideas concretas al respecto: planteó que la aspersión aérea se podría hacer con químicos diferentes al glifosato, para reducir los efectos dañinos a la población.

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“Se pueden buscar técnicas con químicos aceptados y que haya mecanismos de precisión que mitiguen los efectos en terceros, como es el caso de la fumigación con drones, que está siendo efectiva en los cultivos lícitos y que podría dar más confianza”, indicó el pasado viernes el Mandatario electo, cuando se revelaron las nuevas cifras de cultivos ilícitos.

Agregó igualmente que liderará una campaña internacional “para que los países que son vendedores de precursores químicos entreguen las órdenes con total transparencia para poder detectar de dónde vienen las triangulaciones que hacen que esos precursores lleguen al país y estén llevando la producción a los niveles que estamos viendo hoy”.

Iniciativas estas que al parecer han sido bien vistas por el Gobierno de Estados Unidos, según lo dio a entender ayer el embajador de ese país en Colombia, Kevin Whitaker, al confiar en que los dos países sigan enfrentando las “amenazas compartidas”, como el narcotráfico y el crimen trasnacional.

“Yo creo que es posible (alcanzar la cifra de reducción de cultivos ilícitos). Ese fue el compromiso bilateral de los dos países de lograr ese objetivo”, señaló el diplomático en relación al compromiso que el Gobierno Santos asumió de reducir en un 50 % las hectáreas sembradas con coca en Colombia.

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Cómo hacerlo

Jhon Marulanda, consultor internacional en Seguridad y Defensa, considera que el Gobierno de Iván Duque debe iniciar de inmediato una etapa de contención de los cultivos, “combinando aspersión aérea con drones con aspersión terrestre y erradicación manual, además de sustitución de cultivos efectiva e ingenieros militares que abran las vías para que esta última sea eficaz para los campesinos”.

Agrega que, entregando los beneficios económicos que se han venido dando a quienes se acojan a la sustitución voluntaria, “se deben hacer todas esas actividades de manera simultánea, empezando por la frontera con Ecuador, incluyendo Cauca, Nariño y Putumayo, pero de forma agresiva y contundente, si se quiere detener el fenómeno”.

En su opinión, eso le daría credibilidad al nuevo Gobierno frente a los sistemas de erradicación voluntaria implementados por el Ejecutivo saliente, “que no han sido efectivos porque el dinero invertido no se ha visto, y los núcleos exitosos que muestran son muy pequeños, sin detener el avance de los cultivos ilícitos en el país”.

Marulanda está de acuerdo en que la utilización de drones para la aspersión aérea la haría más efectiva y con menos riesgo colateral, “además de que se haría con un fungicida distinto al glifosato, pero que tenga la misma capacidad” contra los sembrados ilegales.

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Según él, esa estrategia debería estar dando resultados en cinco o seis meses, “entonces se podría pensar en aplicar esa metodología en el Catatumbo”.

Juan Carlos Garzón, investigador de la Fundación Ideas para la Paz, FIP, coincide con Marulanda en que es necesario diseñar una estrategia para los próximos cuatro años que tenga unos indicadores de resultados “razonables”, cuyo punto central debería estar en articulación de las herramientas de las que ya dispone el Gobierno.

Sin embargo, enfatiza en que estas deben aplicarse según el territorio, en razón a que “hay zonas en las cuales el Estado difícilmente puede entrar a hacer cualquier tipo operación, como el Catatumbo, parte del Cauca y de Nariño y donde se han registrado niveles muy bajos de erradicación forzada y donde hay presencia de actores armados”.

Añade que también se necesitan respuestas específicas para los parques naturales, los resguardos indígenas y las comunidades afros, “donde está al menos la tercera parte de los cultivos de coca”, y para los municipios en donde las familias se comprometieron a levantar los cultivos “con un nivel de cumplimiento que ha sido de más del 80 % y donde el programa se quedó a medias, porque los campesinos recibieron los subsidios pero no la asistencia técnica en su mayoría”.

“El nuevo Gobierno va a tener que preguntarse si va a seguir con ese programa, porque hay unos acuerdos firmados y el incumplimiento o su interrupción podría derivar en resiembra o en movilidad social”, precisa Garzón.

Por su parte, Jeremy McDermott, director ejecutivo de InSight Crime, centro de investigación sobre crimen organizado en Latinoamérica, plantea que tradicionalmente el Estado colombiano ha concentrado casi todos sus recursos en los eslabones más débiles y menos lucrativos de la cadena del narcotráfico: los cocaleros y quienes controlan la producción.

“Pero esa parte no gana el mayor porcentaje, sino los narcotraficantes internacionales que mueven la cocaína hacia Europa, Estados Unidos,Asia o Australia, y los grandes capos no son visibles, han aprendido que su mejor protección no es un ejército privado, sino ser anónimos. Entonces, la única manera de identificar y desmantelar los eslabones donde está concentrada la mayoría de la plata es seguirlos”, dijo el experto.

En ese sentido, plantea que es importante destinar recursos a la interdicción y la erradicación, así como a atacar los grupos territoriales que controlan la producción, pero sobre todo, ir tras los grandes capos, “porque los eslabones de producción son muy fáciles de reemplazar y así estamos condenados a repetir la historia”.

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Publicada por: COLPRENSA, CALI
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