Domingo 07 de Septiembre de 2014 - 11:17 AM

Tras el pedaleo de los ciclistas criollos en la Vuelta Santander

Una experiencia viven los ciclistas en sus bicicletas y otra los directores y miembros de sus equipos en los vehículos que los acompañan. Sin embargo, los que siempre ganan son los espectadores y seguidores de este deporte nacional, para quienes el ciclismo es una fiesta que despierta felicidad y amor patrio.

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Laura Herrera/VANGUARDIA LIBERAL
Tras el pedaleo de los ciclistas criollos en la Vuelta Santander
(Foto: Laura Herrera/VANGUARDIA LIBERAL)

Dos cosas entrega el ciclismo en Colombia: alegría y la posibilidad de ver en la orilla de la carretera, sin pagar un peso, a un lote de velocistas y escaladores en medio de una estela de optimismo y patriotismo. ¿Y la meta? Sí, la meta importa, y qué suerte la de aquellos que pueden gritar en el último tramo por su ciclista favorito, pero, para los menos afortunados, están la radio y sus comentaristas, que como la velocidad de una rueda, hacen volar la imaginación.

Es el inicio de la clásica de ciclismo de la región, ‘La Vuelta Santander 2014’, en el parque García Rovira de Bucaramanga. Las campanas de la iglesia San Laureano atraen a los corredores, que se acercan vestidos con sus licras multicolores y su bicicleta en mano. Antes de pasar al sitio de partida, no están de más unas cuantas oraciones y bendiciones desde el púlpito, para los corredores del equipo de la Gobernación de Boyacá, el primero en llegar en una buseta.

Esta competencia, que se realiza desde hace más de tres décadas, con varias interrupciones, es la mejor excusa para recordar a los pedalistas que dejaron huella por las vías del departamento: Alfonso Flórez Ortiz, Efraín Guevara, Federico Muñoz, Gerardo Moncada y Hernán Buenahora.

Se da aviso a los ciclistas. Más de una docena de vehículos acompaña a sus equipos. Cargan ruedas, bebidas y comidas energizantes, caramañolas y todo lo necesario para apoyar al competidor durante el recorrido.

Se saludan los del equipo de Une con el director del Movistar Team, Libardo Leyton, veterano en este deporte, con 23 años de experiencia. Minutos antes de que se alce el banderín y se emprenda la fuga, solo se expresan buenos deseos, pero cuando los ciclistas hacen uso de su individualidad y genialidad, para superar las montañas, el frío, el calor, el aire que corta el rostro, los brazos y las piernas y, en nuestro caso, algunos huecos en las carreteras, nadie los detiene.

Parte el lote a toda velocidad escoltado por la caravana de vehículos. Viajar como copiloto, ser testigos de lo que ocurre al interior de un equipo, escuchar sus secretos, estrategias e historias es una experiencia que debería permitírsele a cualquier colombiano y amante de este deporte.

 “Buenos días a toda la caravana. Bienvenidos a la primera etapa de la Vuelta Santander. Éxitos para todos”, dice uno de los comisarios por radio.

El grupo sube por la calle 36 hasta la carrera 15, para tomar la autopista al sur de la ciudad, llegar a Curos, luego a Pescadero y San Gil y terminar en Mogotes.

Semáforos,  motocicletas, taxis y carros particulares mal estacionados, transeúntes y vendedores ambulantes que acostumbran a cruzar a diario las vías desaparecen del paisaje. Solo existe espacio para los ‘caballitos rodantes’, los aplausos y la palabra más pronunciada en el recorrido: “¡Vamos!”.

“Una vaina muy dura”

Al llegar a la Puerta del Sol, los conductores se bajan de sus vehículos y graban el momento. Más y más aplausos sacuden los corazones de los equipos. Desde el puente del intercambiador, estudiantes de colegio gritan: “Nairo, ahí va Nairo”, a pesar de que el corredor está en Europa. Todos se detienen a ver el lote conformado por 95 corredores (43 son menores de 23 años), que pertenecen a 13 equipos nacionales.

La caravana ‘pinta’ la autopista a Floridablanca. Los pitos de las motocicletas acompañan la sirena de la Vuelta a Santander. Solo sonrisas se ven en los rostros de los espectadores, pese a la velocidad que alcanza el vehículo del equipo Movistar Team.

Los carros de los equipos se abren al carril derecho para darle paso a un corredor del equipo Formesán, número 1114, cuyo recorrido se vio afectado por un problema en la llanta trasera de la bicicleta, metros antes del puente de Provenza.

Libardo Leyton, director del equipo, sonríe de vez en cuando. Al parecer, lo que ocurre en la vía ya no le sorprende, pues cada vez que viaja por el país y por el mundo con un equipo de ciclismo, la reacción del público es la misma. “Algo tiene el ciclismo. Produce una sensación de esperanza que lleva del nerviosismo a la felicidad”, dice.

El radio informa cómo avanzan los corredores. Cada vehículo lleva el listado de los competidores, con su respectivo número. “El lote avanza sin novedad. Lo encabezan los número 23, 47, 53, 75…”. Así es el reporte del comisario.

El profesor Leyton aprovecha para contar que nunca fue corredor, pero sí tuvo que empezar lavando los uniformes, cargando marcos de bicicletas, llevando bebidas y soportando, muchas veces, las imprudencias de los inexpertos corredores.

En la parte trasera del vehículo viaja Humberto ‘Beto’ Estupiñán, exciclista boyacense en los años 1994 y 1996, y quien ahora es asistente de Leyton. “El ciclismo es una vaina muy dura”, es la única frase que expresa durante las tres horas de recorrido.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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