Jueves 16 de Agosto de 2018 - 12:09 PM

El santandereano ‘a la rueda’ de Nairo

Esta es la historia de Gustavo Parra, un santandereano apasionado por el ciclismo, que asistió al Tour de Francia del 2018 y vivió de cerca el histórico triunfo de Nairo Quintana en la etapa 17, de 65 kilómetros, que se disputó entre Bagnéres de Luchon y la cima del Portet.

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Suministrada /VANGUARDIA LIBERAL
El santandereano ‘a la rueda’ de Nairo
(Foto: Suministrada /VANGUARDIA LIBERAL)

El ritmo del equipo Sky era fuerte. El lote de favoritos parecía ir al límite y un ataque, a 14 kilómetros de la cima del Portet, puerto inédito en el Tour de Francia 2018, era un auténtico suicidio.

Pero Nairo Quintana ya lo había anticipado el día anterior, cuando, lleno de confianza, afirmó que tenía “buenas sensaciones” y saldría “como un león” para la fracción de 65 kilómetros disputada el 25 de julio entre Bagnéres De Luchon y el Col du Portet.

El hijo ilustre de Cómbita, Boyacá, notó la respiración agitada de los mejores del pelotón y cuando Daniel Martin decidió ponerle picante a la carrera, no dudó en seguir su rueda. El irlandés tenía un pedaleo forzado y le costaba mantener el ritmo; mientras que el boyacense lucía suelto de piernas y con una pedaleada ‘redonda’, como mandan los expertos.

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El campeón del Giro 2014 y de la Vuelta 2016 se paró en pedales y aceleró el paso para dejar atrás a Martin e irse a la caza de los escapados, que a esa altura ya eran pocos.

A nueve kilómetros de la meta, a la orilla de la carretera, el santandereano Gustavo Parra, un apasionado por el deporte de las bielas y los pedales, recibía las buenas noticias de los franceses, quienes escuchaban la etapa por radio y le decían: “colombiano, Nairo atacó y está fugado”.

Nairoman’, como lo ‘bautizó’ el relator argentino Mario Sabato, iba por la etapa 17 y Parra aguardaba por el momento justo para quedar inmortalizado al lado del referente del ciclismo nacional.


Una inmersión en el Tour

A 8.605 kilómetros de Francia, en Bucaramanga, tres años atrás, Gustavo Parra, mientras recorría en su ‘caballito de acero’ las trochas cercanas a su ciudad natal acompañado por sus amigos, con quienes sale regularmente a ‘darse leño’, pensaba en cómo asestar su ataque al mítico Tour de Francia.

El fútbol, el baloncesto, el tenis y los demás deportes no le despertaban tanta emoción como el ciclismo y las actuaciones de Nairo Quintana, que desde los 23 años se enfrentaba de igual a igual con Froome, Contador y Nibali, leyendas vivientes, lo impulsaron a dar vía libre al sueño de asistir a la carrera ciclística por etapas más importante del planeta.

Recogió sus ahorros y en 2017 empacó una maleta cargada de muchas expectativas. Arribó a territorio ‘galo’ y vivió la primera inmersión en la ‘Grande Boucle’.

Fue una experiencia inolvidable, que no duda en recomendar a quien se apasione, como él, por el ciclismo.

Si un aficionado al fútbol difícilmente tendrá de frente a sus jugadores predilectos en un Mundial, en el Tour de Francia esa misión es más viable con los pedalistas.

Gustavo, que alterna su profesión de médico con la práctica del ciclomontañismo, disciplina en la que varias veces se subió al podio en competencias locales, logró el autógrafo de Nairo Quintana, que para él es “una persona noble, trabajadora, que representa los valores de las personas que quieren salir adelante”.


También estuvo cerca de Rigoberto Urán, que finalizó segundo ese año, y de las principales estrellas de una de las disciplinas deportivas más exigentes.

En ese Tour, donde Nairo pagó caro el desgaste físico por afrontar antes el Giro de Italia, Parra entendió la trascendencia de aquel campesino hecho a pulso en las montañas de Boyacá.

En el Tour es tradición que los ciclistas aficionados vivan en carne propia las adversidades a las que se enfrentan sus ídolos, debido a que tienen la oportunidad de afrontar la última cima, en las etapas de montaña.

Allí estaba Parra, subiendo en una bicicleta alquilada algunos de los puertos míticos, mientras que los franceses y personas de otros países, al identificar su vestimenta impregnada con los colores del país de Gabriel García Márquez, se regaban en elogios: “Allez Nairo, allez” (“Vamos Nairo, vamos”).

Subir esos puertos es muy emocionante, sobre todo por el reconocimiento de la gente, que se debe a Nairo. Algo que ha hecho Quintana, que es un bien intangible, se llama ser embajador; y si hay alguien que sobrepasa la estigmatización colombiana es Nairo Quintana y eso es muy bonito, porque no hay nada mejor que estar en la calle con algo de Colombia y que la gente lo reconozca. Lo que hace Nairo muchas veces en Colombia no se dimensiona, pero allá se siente”.

Aprender a seguir a los ciclistas

Para quienes siguen una competencia ciclística, en especial las más importantes, se convierte en una obsesión salir disparado detrás de los ciclistas. En las transmisiones de televisión, constantemente se percibe a los aficionados que saltan a la carretera para, en la mayoría de los casos, hacerles sentir su apoyo.

Pero para estar allí, se requiere de toda una logística, teniendo en cuenta toda la seguridad que existe alrededor de los deportistas.

Para Gustavo, su primer Tour, en 2017, fue de aprendizaje. Comprendió que en los finales de las etapas es imposible seguir a los ciclistas, porque ubican las vallas. Al inicio es interesante porque se pueden observar de cerca, por ejemplo, mientras hacen el calentamiento en el rodillo. Y para vivir la aventura de correr cerca de ellos y verlos en acción, es necesario ubicarse en sitios estratégicos, que estén a diez o cinco kilómetros de la meta.


Seguir a la caravana ciclística es una odisea, porque genera desgaste. Madrugar para llegar temprano a las etapas y poder encarar el último puerto en bicicleta para esperar el paso del pelotón. Comer poco, porque cierran los restaurantes temprano y el traslado de un lado a otro quita tiempo. Acostarse tarde, porque el sol también demora en ocultarse.

Ahí es donde uno valora más a los ciclistas, porque después de una etapa de más de 200 kilómetros, que inicia al mediodía con el sol muy fuerte y termina al caer la tarde, tienen que viajar inmediatamente a otro sitio, para afrontar la siguiente etapa”.

Al Tour del 2018, Gustavo, que viajó con su esposa y su amigo Rodolfo Gamboa, llegó con más experiencia. En esta ocasión alternó su presencia en las etapas, con las visitas a los sitios turísticos. Eso sí, las jornadas de alta montaña quedaron reportadas en su agenda.

Nairo ganó la etapa y Gustavo fue ‘famoso’

Nairo, con un paso constante y con sus habituales cambios de ritmo cuando se para en pedales y balancea la bicicleta de un lado al otro, se devoraba los kilómetros.

A la salida de una curva, después de dejar en el camino a los últimos fugados, Parra observó que venía, ‘como una moto’, el ‘león que quería rugir en la cima del Portet’.

Jamás había corrido tanto. Fueron 150 metros en los que corrí detrás de Nairo lo más que podía y no era capaz de alcanzarlo. Vamos Nairo, usted puede, gracias, le decía una y otra vez; y él seguía concentrado”.

Luego de recuperar el aliento, Gustavo guardó en su memoria el instante con el colombiano con más podios en las grandes vueltas, que ese día se bañó de gloria al imponerse en la etapa, después de una exhibición al mejor estilo de Pantani o Contador, quienes con ataques desde lejos forjaron la fama de ciclistas épicos.

Pero además de tener en su memoria el momento junto a Nairo, en pleno ascenso al Portet, Gustavo quedó inmortalizado en una icónica imagen que salió publicada en ‘Espn Bike’ y de la cual tuvieron que ver propios y extraños.

Fue mi momento de fama (risas). Al llegar al hotel observé la cantidad de mensajes de la gente en mi celular y al ver la foto me emocioné. Ojalá Nairo algún día gane el Tour, porque lo merece. Él y todos los ciclistas colombianos hacen un trabajo increíble por el país y afortunadamente vienen grandes cosas porque también está Egan (Bernal), que en poco tiempo seguramente ganará el Tour”.

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Publicada por: NÉSTOR GONZÁLEZ ÁLVAREZ
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