Domingo 02 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

La sonrisa del regreso

La verdad no pensaba escribir esta columna, porque hoy estaban en planilla dos que se me cruzaron en el camino de regreso a la escritura dominical.

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Una la del médico del Atlético Bucaramanga en los 70, Eduardo Hanssen, a quien me encontré en La Carreta y me contó una historia sensacional sobre el ‘Mencho’ Balbuena. La otra es mas un comentario sobre la solicitud por parte de la dirigencia deportiva local para que la ciudad sea sede del Preolímpico Japón 2020.

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Todo cambió cuando el reportero de Cambio de Frente ‘Pollo’ Uribe me envió al whatsapp una foto de mi hermano Robert en las escaleras de acceso a las oficinas del Atlético Bucaramanga y en la misma, se destacaba una sonrisa que captó toda mi atención y me detuve por largo rato a observarla con detenimiento, porque me pareció ver la felicidad de un niño que creció conmigo y cuyo rostro era el mismo de los 24 de diciembre cuando encontrábamos debajo del árbol de Navidad un juguete dejado por el niño Dios.

En la foto se observa un rostro pletórico como cuando mis padres llegaban de viaje a nuestro hogar, cargados de regalos y con los besos y abrazos por delante. Me pareció ver en sus dientes perlados la misma risa de papá, quien dicho sea de paso ayer cumplió 12 años de haber partido y por cosas del destino hace cuatro años exactos mi hermano llegaba por segunda vez al Bucaramanga y desde el 1 de septiembre de 2014 hasta el 15 de diciembre de 2016 logró ayudarnos para ascender y luego para ser terceros del campeonato.

En la misma impresión digital vi su sinceridad al descubrir que no hay revanchas en este regreso a casa, que por el contrario, con su trabajo viene a sacar al equipo adelante junto a sus compañeros Flabio Torres, Óscar Serrano y su tocayo Robert Villamizar. En la pixelada imagen se destacaba que se moría de ganas por volver a ver a su señora, a sus hijos, a sus amigos, que después de año y medio largo quería estar cerca de su casa, de su barrio, de su vida.

Que esa sonrisa y su buen humor acompañen el trabajo diario del onceno desde el vestuario, con sus bromas y su calidad humana.

El amor por estos colores que desde niños seguimos nos hará volver a luchar por algo que quedó pendiente año y medio atrás. Sólo falta hermano querido que esa sonrisa sea viral, para que la numerosa hinchada se contagie y volvamos a celebrar algo importante, ojalá una estrella. Ya la merecemos, ya es justo.

No le vaya a quedar mal a papá, ni a Óscar Álvarez que lo trajeron de vuelta y que esa sonrisa no se borre nunca de la entrada a las oficinas del querido Atlético.

Chao y hasta la próxima.

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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