Sábado 28 de Julio de 2018 - 12:01 AM

De Pan de Azúcar al cielo

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LA COLUMNA DE PIPE

El maestro del periodismo Francisco ‘Kiko’ Navarro oprimió el botón del ascensor de su apartamento 302 del edificio Némesis, ubicado en el cerro de Pan de Azúcar para llegar al Pent House de la eternidad envuelto en un copo de algodón. Claro está, dejando en su paso por la tierra una estela de amor, cariño, honestidad, pulcritud y señorío en su desempeño como hijo, estudiante, cantante, compositor, locutor de noticias, narrador deportivo, diseñador gráfico, fotógrafo, padre, esposo, abuelo y hasta hace muy poco, bisabuelo. Todo eso fue ‘Kiko’, como le gustaba que lo llamaran. Mucha gente por respeto a su investidura de maestro, (la cual nunca sacó a relucir ya que su humildad no se lo permitía) le anteponía el Don para llegar hasta él. Nunca, desde que lo conocí, dejó de llevar un periódico entre sus manos y el cual apretaba entre su axila y el cuerpo para que no se le quedara en ninguna parte. Lector incansable que además de realizar este ejercicio sin gafas hasta los 89 años, llenaba crucigramas con una velocidad que asombraba. Nunca necesitó de Google ni de Wikipedia para culminar uno de ellos y menos para responder alguna pregunta de cualquier interlocutor que se sentaba a conversar con un sapiente cucuteño nacido en el barrio La Playa y quien en sus primeros años de vida fue enviado por su señora madre, Doña Sara, a Bogotá para que estudiara en el colegio San José y luego ‘Kiko’ termina forrado con una ruana porque el frío de Tunja casi acaba con su existencia. Retornó a Cúcuta y en 1954 se casó a escondidas con Maddy Urbina con quien formó un precioso hogar en donde crecieron Maddyta, Rocío y Gerardo. En su terruño cantó con varias orquestas, incluso se fue a trabajar como cantante de una de ellas al vecino país de Venezuela y transmitió los primeros partidos del Cúcuta en campeonatos Dimayor, cuando estos contrataron a los mundialistas del 50 que ganaron con el famoso ‘Maracanazo’. Llegó a Bucaramanga en el segundo semestre de 1958 para trabajar en una emisora local y aquí se quedó para siempre. Fue locutor de noticias, narrador y comentarista de una amplia y limpia trayectoria en su paso por Caracol, Todelar, RCN, Grupo Radial Colombiano, Radio Bucaramanga y hasta sus últimos días estuvo a mi lado en Onda 5 Radio desde 2005. Nunca se le escuchó una palabra salida de tono, jamás se le conoció una impuntualidad y menos doblar la esquina de la falta de caballerosidad. Sus amigos y su gusto y amor por el bolero lo llevaron a grabar miles de programas de esa especialidad musical en las emisoras de la UIS en donde lo trataron de maravilla. Nos dejaba boquiabiertos con su memoria prodigiosa. Llenaríamos páginas enteras de un diario escribiendo sobre su vida y ni así acabaríamos. Resta por dejar plasmado que se fue sin dolor, como él lo deseó, sin ruido, sin aspavientos, en silencio, como sólo lo hacen los maestros: caminando ligero de carga en su espalda y oprimiendo el botón del ascensor.

Porque desde Pan de Azúcar al cielo, sólo hay un paso.

Chao y nostálgico abrazo para todos.

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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