Domingo 28 de Agosto de 2016 - 12:01 AM

Bajos ingresos, un riesgo para la competitividad

Entre las principales economías de la región, Colombia y Perú llaman la atención por la precariedad de los ingresos de la mayor parte de la población. Generar empleo decente es el gran reto.

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La alta exclusión de los trabajadores de los subsistemas de seguridad social es consecuencia de las diferentes formas de contratación, la inestabilidad en el empleo, las bajas remuneraciones, entre otros factores.
(Foto: / VANGUARDIA LIBERAL)

El salario mínimo en Colombia es de $689.454. Eso es, en teoría, lo menos que debe ganar un trabajador para garantizar su calidad de vida. Sin embargo, cerca de la mitad de los empleados del país reciben ingresos inferiores a esa cifra.

De acuerdo con el informe ‘Trabajo decente en América Latina’, realizado por la Red Latinoamericana de Investigaciones sobre Empresas Multinacionales (RedLat), el trabajo no es una fuente de ingresos suficiente para la población ocupada en Colombia. Eso, advierte el documento, “se fundamenta en la alta incidencia de trabajadores que ganan menos del salario mínimo mensual legal vigente” (48,3%).

Según el estudio, la alta exclusión de los trabajadores de los subsistemas de seguridad social es consecuencia de las diferentes formas de contratación, la inestabilidad en el empleo, las bajas remuneraciones, la flexible legislación laboral, entre otros factores.

Uno de ellos es la informalidad, que en el caso colombiano es evidente. Según la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), realizada por el Dane, en el trimestre abril - junio de 2016, la proporción de ocupados informales en las 13 ciudades y áreas metropolitanas fue de 47,5%.

Esto, en opinión de los expertos, pone en riesgo la competitividad económica de Colombia, a pesar de que es considerada como una de las economías más estables en el continente.

Informalidad vs.

competitividad

De acuerdo con el estudio de RedLat, el trabajo, como fuente cierta de ingresos para tener calidad de vida, se debe realizar con salarios y garantías laborales suficientes. “Esto no sucede en Colombia; para el 2014, se encontró que alrededor de la mitad de los trabajadores colombianos son pobres. Las cifras revelaron que el 48,6% (10.450.000) de las personas con ingresos laborales obtuvieron un salario mínimo o menos cada mes, o sea que se encontraban en condiciones de pobreza”.

El docente Álvaro Giovanni González Herrera afirma que la competitividad del empleo va más allá de cuánto se gane. “Creo que la globalización, la economía mundial, el sistema educativo y la falta de control y seguimiento gubernamental a las condiciones ofrecidas por las empresas a sus trabajadores son factores que han influido sobre la realidad laboral actual y afectan tanto la productividad laboral como la calidad de vida de los trabajadores. Esto ha desencadenado una condición de ‘infraempleo’ para los trabajadores, entendido como una situación laboral que está por debajo de los estándares favorables para los empleados y que se ve reflejado en bajos salarios, puestos de trabajo con unas condiciones mínimas para desarrollar un bienestar laboral y afectación en la salud mental de las personas”, asegura.

Según el experto, el tipo de vinculación laboral ha cambiado de manera importante, pues se ha pasado de uno más permanente a una vinculación temporal, y en muchas ocasiones mediante ‘outsourcing’ o por prestación de servicios profesionales, lo que afecta la percepción de las personas en cuanto a su estabilidad laboral y la seguridad de su empleo y tiene un impacto fuerte tanto en el desempeño de los trabajadores como en el contrato psicológico individual. “La informalidad es un fenómeno creciente que afecta la calidad de vida de las personas, pero que se convierte, en la mayoría de los casos, en la única manera de sobrevivir”, asegura.

Para la Andi, efectivamente, la situación por la que atraviesa la economía genera problemas de competitividad. “En efecto, los indicadores de competitividad para el año 2015 sitúan a Colombia en una posición intermedia en el mundo. Lo anterior refleja las grandes brechas que tiene el país en infraestructura, educación, instituciones, entre otros factores, todos ellos necesarios para atraer mayor inversión, estimular la creación de empresas, generar empleos de calidad y convertir la innovación en parte de la estrategia del país”, asegura un estudio de la entidad.

Fundesarrollo, por su parte, señala que las regiones son las más afectadas con la informalidad. “Las principales inflexibilidades del mercado laboral colombiano se originan en la normativa laboral y tributaria, que es nacional. Sin embargo, la heterogeneidad en los mercados laborales de las regiones es el reflejo de disparidades regionales de décadas atrás, y para minimizarlas se requiere un enfoque intenso en aumentar la productividad de las regiones rezagadas”, explicó Erika Sierra, economista investigadora de la entidad.

De hecho, una investigación del Banco Mundial revela que la mayoría de trabajadores por cuenta propia informales tomó esta opción voluntariamente, alegando necesidades individuales, generalmente en busca de flexibilidad e independencia. Un factor determinante para ello es la percepción de que los beneficios del Estado son insuficientes. En todo caso, una tercera parte de los encuestados dijeron que preferirían un trabajo asalariado.

“La falta de flexibilidad asociada a los empleos formales y el escaso valor atribuido a los servicios ofrecidos por el Estado hace que algunos trabajadores opten por la informalidad”, explica Julián Messina, economista de la entidad.

Las soluciones

Julián Messina, economista del Banco Mundial, considera que para revertir la situación de informalidad y desigualdad en el país, es necesario generar condiciones para que las empresas crezcan y puedan ofrecer más empleos de calidad.

“Al incluir a más trabajadores dentro de los circuitos del empleo formal, los países de la región crearían el espacio necesario para mejorar la calidad de los sistemas de pensiones, salud o infraestructura. En este sentido, varios países de la región han iniciado reformas fiscales para aplacar la informalidad laboral. Colombia, por ejemplo, está cambiando los incentivos para la contratación informal y haciendo más atractivos los contratos formales, a través, por ejemplo, de una reducción a los impuestos a la nómina”, asegura.

Por su parte, RedLat, ante las carencias encontradas, cree que es necesario darle prioridad a la estabilidad en el empleo, mediante formas adecuadas de contratación; garantizar un trabajo decente para la población rural; fijar remuneraciones suficientes; combatir la desigualdad de género en el trabajo; definir una política de salud laboral; brindar cobertura y acceso a prestaciones sociales y fomentar el diálogo social.

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL, BOGOTÁ
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