Domingo 15 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Las niñas de la carretera

Mi nombre no importa.

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Solo dígame qué quiere y se lo hago. ¿Mis papás? Sí, ellos saben que hago esto, pero no dicen nada. Apenas se preocupan cuando me pierdo por dos o tres días. Que el nombre no importa; ninguna tiene nombre. Llámeme la niña de la carretera. Porque eso es lo que somos. Siempre hay alguien dispuesto a recogerla a una para hacer eso. Sí, porque la carretera pasa cerca del asentamiento donde vivo. Cuando me pierdo es cuando el tipo me gusta y me lleva hasta otra ciudad. Eso sí, tiene que pagar. No se le fía a nadie. No señor, no me gusta hacerlo, pero me toca. Tengo doce años, y aprendí este oficio hace dos años con una hermana y una amiga. En la casa, mis papás no trabajan, y cuando lo hacen, que es muy raro, se gastan todo en cerveza y vicio.

Al principio fue muy feo. Subí con la amiga de mi hermana y vi todo lo que le hacía y lo que ella se dejaba hacer. Delante iba mi hermana con otro conductor. A ellas ya las conocían y las recogían. Cuando mi hermana se bajó, nos bajamos nosotras. Yo no entendía muy bien, o, mejor dicho, yo no sabía nada, pero el billete era lo que más me gustaba. Y mi hermana y mi amiga me mostraron lo que hicieron en ese paseo por la carretera. Era harto. Ellas me gastaban comida y a veces algo de vicio. No. A mí no me gusta el vicio de ellas. Yo apenas meto yerba cuando estoy con ellas en alguna fiesta del barrio. Sí, somos lo que dicen en el barrio, pero qué importa. No somos solo nosotras tres; somos un montón las chinas del barrio que hacemos esto. A veces, otras niñas del barrio que está antes que el de nosotras se llevan los clientes; pero no importa, hay hombres del barrio que a veces nos ocupan. Es lo mismo, solo que uno no viaja kilómetros y kilómetros para ver los paisajes que le gustan. Porque a mí me gusta la naturaleza. Alguna vez soñé con vivir lejos de la ciudad, en una de esas casas empotradas en las laderas de las montañas cuando voy por la carretera. No, no hago todo lo que usted quiera, solo lo que yo quiero, y la plata va por delante. A veces nos toca defendernos cuando se quieren sobrepasar o no pagar que porque somos putas. Es entonces cuando les hacemos un lance con navaja o con cuchillo. Yo he cortado a unos tres en la cara, para que me recuerden siempre.

En el barrio siempre hay gente que anota las placas de los camiones o carros en los que nos trepamos a ganarnos la liga, el billete, ¿me entiende? Digo, por si las moscas. Se lo decimos a nuestros amantes ocasionales para que no se pasen de vivos. Sí, a veces nos reúnen a los jóvenes y a los niños en el pequeño salón comunal para hablarnos del futuro, del estudio, de los proyectos de vida. Pero no comemos con eso. Comemos y nos vestimos con lo que hacemos las niñas de la carretera. Y también comen nuestros padres y nuestros hermanitos. Sí, la Policía sabe todo. Cuando están de civil nos recogen varios de ellos a las que esperamos a orilla de carretera. Nos dicen que nos pueden joder por lo que hacemos, que nos pueden meter en las casas del ICBF; pero saben que no somos idiotas como ellos, que si lo hacen los sapeamos para que se jodan.

Tengo buena ropa, buen celular y zapatos bonitos. En el barrio nadie se mete con nosotras para dañarnos. Siempre hay un padre, un hermano, una madre, un conocido de alguna de las niñas que nos ganamos la vida viajando ida y vuelta por esta carretera que lo puede llevar a tantos lugares. Pero, siempre regresamos.

¿El peor día? No quiero acordarme. Pero fue cuando vi a mi mamá esperando un camión que la trajera de regreso. Ella decía que salía a trabajar y que volvía en las noches, y así era. La verdad, estaba trabajando. Cuando llegó, lo comprendió todo cuando vio mis ojos arrasados en lágrimas. Estábamos solas. Nos abrazamos, y me ayudó a llorar con todo su dolor. Afuera, los carros transitaban en medio de la oscuridad; alguno se detenía justo frente al asentamiento y se llevaba a alguna niña a pasear por la carretera.

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Publicada por: DÁMASO LONDOÑO
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