Martes 20 de Septiembre de 2016 - 12:01 AM

30 años en el negocio del cultivo de bacterias

Esta es la historia del primer laboratorio bacteriológico que empezó a funcionar en Bucaramanga, un negocio que se ha mantenido durante 30 años y que hoy ve con buenos ojos la reactivación del campo.

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Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL
Los avanzados modelos de cultivo que utiliza el laboratorio permiten que con un mínimo de muestra se pueda hacer un montaje adecuado para la detección, tomando como muestra una bacteria por gramo o mil por gramo.
(Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL )
Banco de Imágenes / VANGUARDIA LIBERAL
La tecnología ha permitido que los tiempos de detección de las muestras se reduzcan sustancialmente. Por ejemplo, la detección de la salmonela, que anteriormente tardaba cinco días, hoy se realiza en 48 horas.
(Foto: Banco de Imágenes / VANGUARDIA LIBERAL)
Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL
Fabio Anaya Payarés y su esposa han mantenido el negocio durante los últimos 10 años.
(Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)
Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL
El equipo de trabajo del laboratorio está compuesto por personal especializado en análisis de todo tipo.
(Foto: Fabián Hernández/VANGUARDIA LIBERAL)

Las pruebas, análisis y muestras de laboratorio son la vida e historia de esta empresa santandereana, que se ha convertido en un importante referentes para empresas y sectores que cuidan su reputación y calidad, precisamente, gracias al trabajo de Labalime.

Aunque el negocio no lo inició su actual dueño, Fabio Anaya Payarés, fue él quien lo rescató de su cierre definitivo, hace una década. Y a pesar de la competencia desleal, que lo ha llevado a atravesar situaciones complejas, Anaya no se da por vencido. Hoy, junto a su esposa, tiene puestas las esperanzas en la reactivación del campo, con la implementación de los acuerdos de paz.

Este laboratorio nació como empresa y negocio hace 30 años, por iniciativa de la bacterióloga Yadira Campillo, reconocida en esta área y quien fue, en su momento, una importante ficha en la Secretaría de Salud municipal, “cuando la cosa no era tan politizada”, según comenta el empresario.

Anaya recuerda la iniciativa de Campillo y su reiterado interés en independizarse. “En este campo, trabajar como independiente era impensable, pero ella lo logró. Tiempo después, su deseo fue vender el negocio, porque a este tipo de negocios de control y calidad no le paraban bolas, y las autoridades no eran estrictas; entonces, el trabajo no era continuo, pero ahora es diferente”, aseguró.

Anaya trabajó con Campillo durante un tiempo, en el que también se desempeñó como funcionario de la Secretaría, un periodo muy importante para su carrera, ya que gracias a las permanentes capacitaciones a las que asistía con entidades nacionales, pudo especilizarse mucho más en su profesión, para luego ejercer como docente.

Sin embargo, luego de su paso por la entidad pública, el camino no fue fácil, ya que su esposa, quien también trabajaba, fue despedida, y posteriormente, él también lo fue. Con todo, había tres hijos que mantener, por lo que, económicamente, fue un momento difícil para la familia.

Tras intentar independizarse, en una sociedad que a la postre no resultó, Anaya terminó comprándole el laboratorio a Yadira, hace 10 años.

Según cuenta, “inicialmlente las políticas de las autoridades eran ‘arranque a ver’, y así fue como comenzó el laboratorio, que tiene licencia de funcionamiento desde agosto de 1986”, explicó.

Las diferentes normativas que se han expedido tanto para el sector público como para el sector privado han logrado que este tipo de negocios se mantengan, ya que, actualmente, las revisiones y certificaciones de inocuidad y calidad son casi que obligatorias.

Hoy, el laboratorio bacteriológico de alimentos es una empresa especializada en análisis fisicoquímicos y microbiológicos de la industria de alimentos, bebidas, productos farmaceúticos y cosméticos, entre otros, así como en control de calidad en buenas prácticas de manufacturas.

“Nuestra empresa se ha diferenciado, porque nuestra política empresarial no es entregar resultados, sino brindar apoyo y asesoría a los industriales del sector de alimentos y bebidas, que les permita aumentar su productividad y disminuir las pérdidas”, indicó Anaya.

Y aunque realizar controles en todo tipo de proyectos públicos resultaría ser muy provechoso para este tipo de empresas, las experiencias del laboratorio con la contratación pública, según Anaya, no han sido positivas. “Participamos en un proyecto de alimentación escolar, trabajando con un contratista, pero nos tumbaron con muchos millones que nos quedaron debiendo. Finalmente, nos dijeron que se podía llegar a un arreglo tomando parte de la infraestructura física con la que contaban, pero llegó otro acreedor y ya se lo había llevado todo”. Aunque hoy cuenta esta historia entre risas, en ese momento, la empresa estuvo en aprietos de flujo de recursos que pudieron haberla llevado a la quiebra.

“Como dice el profe Maturana, perder es ganar un poco. Después de eso, acogimos la política de que damos un plazo máximo de tres meses para el pago de facturas, sea el cliente que sea. Somos conscientes de que nuestra actividad es fundamental para las empresas y su funcionamiento, pero no nos podemos sacrificar de esa forma”, indicó.

Actualización

Para mantener en firme el laboratorio como empresa, es muy importante la actualización en tecnología, siguiendo la normativa vigente, que incluye ponerse al día en normas de calidad, como la que actualmente tramita el laboratorio, la NTC ISO 17025.

Para este negocio en particular, también es importante la honestidad con el cliente, manteniendo precios justos. “Mantenemos la honestidad, así haya empresas que prefieran que todos sus resultados sean buenos y se vayan hasta por $500, por ejemplo”, dijo el empresario

Actualmente, el laboratorio cuenta con cabinas de flujo laminar vertical y horizontal para siembras, lo que le permite garantizar una completa bioseguridad tanto de la muestra como de quien la realiza, ya que cuenta con tecnología ultravioleta que crea áreas totalmente asépticas, que no permiten la entrada de ningún microorganismo.

Asimismo, cuenta con elementos como el homogenizador de mezclas, que permite que las bacterias crezcan en ambientes controlados, lo que hace que los resultados sean más confiables, y posibilita la toma de muestras mínimas, para evitar lo que, en el sector, se conoce como “falso negativo”.

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Publicada por: DIANA C. LEÓN DURÁN
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