Martes 27 de Septiembre de 2016 - 12:01 AM

Trillos va más allá de la revolución del mojicón

El mojicón, aunque muy tradicional, ya no se produce en Trillos. El negocio, que cumple 94 años, se adapta hoy a los clientes que piden comidas rápidas y saludables.

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Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
El 3 de mayo de 1922, se abrió oficialmente la panadería. Era una de las primeras que funcionaban en la ciudad. De esos inicios, vienen a la memoria productos como el mojicón, que se reemplazó por el pan especial.
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL )
Archivo/ VANGUARDIA LIBERAL
Don Antonio recorre la panadería y muestra los hornos más antiguos con los que cuenta el negocio, entre ellos este, que en sus inicios funcionaba con leña.
(Foto: Archivo/ VANGUARDIA LIBERAL)
En la Calle 49 con 27A abrirá hoy sus puertas el noveno punto de la panadería, que será la agencia principal de Trillos.
Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL
Con un concepto moderno, pero conservando el aspecto antiguo de los recuerdos con que inició la panadería, los clientes podrán disfrutar del nuevo punto en Cabecera.
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL )
Archivo/VANGUARDIA LIBERAL
Así lucía producción de Trillos hace más de cinco décadas, en la sede principal sobre la carrera 17 con calle 37 en el centro de la ciudad.
(Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL )

Trillos ya no solo será el estandarte en mojicones, pan de bola, especial, de torta y una lista bastante larga de productos de panadería que han sostenido el negocio por 94 años.

Hoy, la panadería ya se mueve entre una diversidad de productos a los que se suman comidas rápidas como pizzas, perros calientes, hamburguesas, comidas saludables y, por supuesto, los productos de panadería, a los que se han incorporado panes especiales saludables para todo tipo de clientes.

Sin embargo, la esencia y filosofía por preservar la calidad de los productos seguirá intacta. Así lo afirma don Antonio Cobos, nieto de Pablo Antonio Trillos, el fundador de una de las primeras panaderías que tuvo la ciudad. Con esta misma convicción también trabaja la tercera generación de la familia, los hijos de don Antonio, encabezados por Eduardo Cobos, quien labora junto a su padre desde hace más de 20 años.

Don Antonio Cobos se sienta casi todas las mañanas tras su escritorio, en una amplia oficina, al lado de su hijo Eduardo. Pese a que, entre risas, asegura que ahora solo se dedica a “echar el cuento” y a dar consejos, lo cierto es que la tradicional panadería Trillos, tan querida por los santandereanos, no hubiera sido lo que es hoy sin su dedicación y esfuerzo, que le dieron largo aliento al trabajo de su abuelo, y que hoy impulsa los sueños por los que trabaja la tercera generación.

De este crecimiento, lo primero que hay que destacar es que lo que inició como una cadena de panaderías, una de las más tradicionales de la ciudad, expandió su producción y, actualmente, busca consolidar negocios que ha hecho extensivos al sector de alimentos, los cuales crecen con el sello de Trillos, como lo son las fruterías, las tiendas de comidas rápidas y de productos saludables.

A lomo de mula

El negocio nació en el municipio de Matanza, de las manos de Pablo Antonio Trillos, abuelo de Antonio Cobos Trillos. “Tuvo tanto éxito en su estilo de hacer pan, porque él lo mezclaba con lo que hoy llaman probióticos, que en ese entonces era una especie de guarapo o chicha y que hoy reemplaza la levadura. Entonces compró un molino que quedaba en Suratá y empezó a producir su propia harina. Ya cuando comenzaron a llegar los productos americanos, pues era más fácil comprarla que producirla”, recuerda don Antonio.

En efecto, el molino quedó atrás, cuando los cultivos de trigo de la región fueron reemplazados paulatinamente con trigo importado, que tenía mejor rendimiento. Tras ello, la panadería se trasladó a la ciudad.

Una de las primeras inversiones de don Pablo fue la adquisición de cinco hornos que trajeron desde Alemania. Toda una odisea, ya que en el país no había carreteras. Los artefactos llegaron hasta el puerto de Puerto Wilches y los cargaron en burros hasta Bucaramanga. Las piezas pesaban poco más de una tonelada.

Después de cuarenta años, tiempo en el que su abuelo dirigió el negocio junto con unos familiares, llegó don Antonio Cobos para hacerse cargo de la panadería, en 1962, cuando una de las socias para ese entonces se retiró por su avanzada edad.

Según cuenta, una de las primeras cosas que empezó a cambiar en Trillos fue la distribución directa a las tiendas, ya que anteriormente eran los mismos tenderos los que iban a comprar a la panadería. “Se adquirieron unos vehículos para hacer la distribución directa, así que las ventas se dispararon, por lo que con un mayor nivel de ventas, se recuperó la inversión del transporte”, añade. Asimismo, se adecuó un sistema para que la producción fuera más ágil. “La mestiza común que hacíamos nosotros venía a salir a las cinco de la tarde, porque había un sistema en el que se mojaba el pan y hasta que no estaba asado no se metía más producción, para que no se encontrara con otro. Así que cambiamos los horarios y la mestiza la teníamos lista a las 7 de la mañana”. Don Antonio llegó a la panadería sin saber hacer pan, pero confiesa que sí sabía de comercio y administración de negocios. Aprendió trabajando con su padre en un negocio de repuestos para automotores, hasta que su abuelo le propuso entrar a la panadería.

Hoy, su hijo también se ha apropiado administrativamente del negocio, y los panes se distribuyen en mil tiendas.

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Publicada por: DIANA C. LEÓN DURÁN
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