Domingo 30 de Octubre de 2016 - 12:01 AM

El sentido social que forjó una clínica al rescate de las personas

Esta es la historia tras el crecimiento y las metodologías patentadas de la Clínica San Pablo, que aspira a ‘engancharse’ en el turismo de salud.

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Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL
Germán Duarte Hernández.
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL )
Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL
Ofrecer espacios de recreación al aire libre es uno de los aspectos del programa de atención que diseñó Duarte Hernández para el tratamiento de pacientes.
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL)
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Los pacientes de la clínica tienen un amplio cronograma de actividades que incluyen aspectos espirituales y de proyección de vida, lo que les permite proyectarse en el futuro.
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL)
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Uno de los sueños del director y fundador de la clínica es expandir la infraestructura de esta, para atender a muchos más pacientes, ya que debido a su capacidad actual, algunos deben quedar en lista de espera.
(Foto: Javier Gutiérrez/VANGUARDIA LIBERAL)

Era la época de Pablo Escobar, durante la cual el furor del consumo de drogas llevó a muchas personas a la debacle. Precisamente, durante esos años, en la década de los 80, el médico bumangués Germán Duarte Hernández cursaba su residencia clínica en la Universidad de Antioquia, en el Hospital Mental de Medellín, donde los casos de pacientes que ingresaban con serios problemas de drogadicción eran el pan de cada día.

Él nunca se imaginó que el tratamiento de este tipo de casos llamaran tanto su atención, hasta el punto que, hoy por hoy, son su pasión.

Años atrás, cuando apenas era un joven estudiante de Medicina, tampoco aspiraba a ser siquiatra. Quería ser cardiólogo o neúrologo, pero nunca se le cruzó por la mente la siquiatría.

Sin embargo, hoy tiene una de las clínicas de su tipo más reconocidas en el país, y así como se formó como siquiatra experto en el tratamiento de todo tipo de adicciones y anorexia nerviosa, la universidad de la vida también le ha enseñado a ser empresario.

Hace 35 años fundó la Clínica San Pablo, en la que atiende a personas de todo el país, e incluso a extranjeros, que han conocido los métodos de la clínica y que ponen en ellos sus esperanzas para tratar a sus seres queridos, los cuales, en muchas ocasiones, reconoce el mismo médico, son rechazados en diferentes entidades, ya que no les pueden ofrecer garantías de seguridad ni en el tratamiento. Por esta razón, los servicios que ofrece la clínica marcan la diferencia para el paciente desde su ingreso, uno de los valores agregados que destaca Duarte Hernández.

“Fue mi sueño”

Gracias a su trayectoria, fue contactado cuando estaba en Medellín, hace más de tres décadas, por el Ministerio de Salud, para abrir el primer servicio de farmacodependencia en el Hospital Siquiátrico San Camilo. “Al mismo tiempo, estando como empleado, vi la necesidad de abrir una institución de salud privada, con diferente estilo a lo que se ofrecía en San Camilo, donde se le pudiera ofrecer al paciente un trato más humano y confortable, donde no se presentara hacinamiento y se ofreciera una serie de valores agregados. Así se empezó a gestar la idea, y un año después de que terminé la especialización, la creé, ese era mi sueño”, dijo el médico.

Y es que en muchas entidades que tratan estas mismas patologías, la mayoría de personas son rechazadas, al no ingresar bajo su propia voluntad o con un periodo comprobado de abstinencia.

Según recuerda el siquiatra, la clínica San Pablo inició con ocho empleado y unos 10 pacientes. Sin embargo, con las alianzas que se pudieron establecer tiempo después con algunas empresas y el Seguro Social, empezó a recibir más pacientes.

“En los años siguientes empezamos a fortalecer los servicios de farmacodependencia y ludopatía, así como otras adicciones. Poco tiempo después me retiré de San Camilo, para dedicarme de lleno a la clínica e implementar todo este tipo de programas con una orientación hacia la terapia cognictivo-conductual, que fue el área en la que me formé y que es muy diferente a la que aplican las instituciones de este tipo en el país. Sin embargo, es la que mejores resultados ha mostrado a nivel mundial”, indicó el experto.

De acuerdo con Duarte Hernández, la clínica se ocupa, entre otras cosas, de garantizar el éxito en el tratamiento de “patologías subyacente o dual”, aspectos que fueron incluidos dentro de los procesos. Desde el punto de vista científico, se fue creando un equipo terapéutico conformado por sicólogos, trabajadores sociales, enfermeras, terapistas ocupacionales, deportólogos y nutricionistas. De esta manera, se formó un equipo integral que hablaba el mismo idioma.

“Se empezó también a tratar el tema del abordaje familiar, porque uno encuentra que hay mucha patología de tipo familiar en los adictos. De ahí se fue consolidando el programa, y hace más o menos unos 10 años se obtuvo la licencia de autoría intelectual, lo que significa que el servicio fue patentado.

De acuerdo con estadísticas del Instituto de Drogas de Estados Unidos, la recuperación de este tipo de pacientes está entre el 40% y 50%. Sin embargo, según las estadísticas de la clínica, aplicando los métodos patentados, la recuperación puede llegar al 65%. Los pacientes adictos tienen mucha facilidad de volver a recaer, pero realmente lo que hay que hacer es un buen abordaje de esa patología, hacerlo técnicamente, con garantías de seguridad ante todo para el paciente, eso nos ha caracterizado”, aseguró.

Así las cosas, la recuperación de los pacientes es progresiva, y mientras sean tratados en el programa, se cumplen unas metas terapéuticas que tienen una calificación por puntos, con lo cual la recuperación se mide casi que estadísticamente. “El paciente tiene un seguimiento durante cinco años por parte de la clínica, lo que garantiza en buena parte la recuperación, que también involucra a la familia. El otro programa desarrollado por la clínica es el tratamiento de la anorexia nerviosa, en el que la recuperación garantizada es del ciento por ciento, ya que a los pacientes también se les aplica un seguimiento”, dijo.

Con este mismo sentido de compromiso, los parientes tienen acceso gratuito a grupos de apoyo familiar, y los expertos visitan regularmente colegios, empresas y entidades, para dar charlas de prevención de adicciones.

Este tipo de actividades y la misma gratitud de familiares y pacientes es lo que ha logrado mantener en pie a la clínica, ya que posicionar una institución de este tipo en plena crisis del sector salud es una tarea de tercos, como el mismo Hernández confieza. “Las condiciones del sector cambiaron, y está en juego la reputación financiera de empresas como la nuestra, que prestan y respaldan a un sector donde cada día vemos que se cierran más clínicas y hospitales y las EPS se declaran en bancarrota; pero esperamos crecer y poder ampliar nuestra capacidad de atención, por lo menos para atender hasta 80 pacientes en el área de hospitalización, así como ampliar las áreas de atención”.

Pese a que formalmente la clínica aún no tiene alianzas ni comercializa sus servicios en el exterior, se han atendido casos de residentes en el extranjero que conociendo los procedimientos de la clínica San Pablo, vienen a Bucaramanga con sus parientes, para aplicar al programa. En este sentido, su director ve con muy buenos ojos, especialmente por la reputación de los profesionales colombianos, que la clínica pueda ‘engancharse’ en el turismo de salud.

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Publicada por: DIANA C. LEÓN DURÁN
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