Domingo 19 de Marzo de 2017 - 12:01 AM

Instituto Técnico de Belleza Marlene, 35 años creando belleza

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Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL
Cortes, peinados y tonos a la vanguardia de la moda para mujeres y hombres se enseñan en el Instituto Marlene.
(Foto: Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL)
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La sede principal está ubicada en el barrio San Alonso, en un edificio de seis pisos, con más de 1.000 m² de áreas educativas, en 20 salones de clase.
(Foto: Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL)
Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL
El instituto cuenta con su propio almacén, para el uso de sus alumnos y la venta de productos, así como con una bolsa de empleo con más de 350 peluquerías y barberías inscritas, para que los estudiantes hagan sus prácticas pagas.
(Foto: Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL)
Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL
16 profesores especializados capacitan a los 600 estudiantes.
(Foto: Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL)
Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL
El equipo adminsitrativo está conformado por siete profesionales de diferentes áreas.
(Foto: Suministradas Instituto Marlene/VANGUARDIA LIBERAL)
Hombres y mujeres interesados en aprender sobre belleza y tener una oportunidad laboral o crear su propia microempresa acuden al Instituto Técnico de Belleza Marlene, que también ofrece los servicios de peluquería, manicure, pedicure y asesoría personalizada para eventos especiales.

Dictando clases particulares en los barrios de Bucaramanga y municipios cercanos, María Marlene Rodríguez Ruíz inició su recorrido como empresaria de belleza, carrera en la que se ha tenido que enfrentar diversas dificultades, para consolidar su empresa y ganarse el reconocimiento como una de las mejores en el sector de la belleza femenina y masculina.

Marlene nació en Chiquinquirá, Boyacá, pero se siente santandereana, porque ha vivido en esta tierra por más de 40 años. Es la cuarta de siete hermanos, y desde pequeña le gustó peinar y maquillar a sus muñecas, juego que, con el paso de los años, se convirtió en su profesión y oficio. “Cuando hablo de mis inicios como empresaria, me remonto a mi niñez, porque debido a la situación económica tan difícil que teníamos en casa, no había la posibilidad de estudiar una carrera profesional, así que mi mamá nos inculcó aprender un arte. Yo sabía que lo mío era la belleza, y empecé a tomar cursos de peluquería como una opción temporal, que se convirtió en mi proyecto de vida; primero, ofreciendo mis servicios puerta a puerta; luego, dictando clases particulares, y pasados los años decidí iniciar mi propio negocio”, cuenta.

Paso a paso

En 1982, el Instituto de Belleza Marlene abrió sus puertas en un pequeño salón de no más de 16 metros cuadrados, cerca al estadio Alfonso López, con siete alumnas. Luego de un par de años, ante la muerte de su esposo, tuvo que reducir gastos y cumplir con el rol de madre y padre, por lo que decidió buscar una casa en la que pudiera vivir con sus dos hijos, Leonardo y Gerardo Gómez, y al mismo tiempo dictar las clases.

“Arrendé una casa más grande en el mismo barrio, a la cual llamaba ‘la desarmable’, porque en parte del día era mi hogar y el de mis hijos, y en la otra, se convertía en un salón de clases. Fueron tiempo difíciles, pero jamás me desesperé, sabía que tenía dos alternativas: quejarme o triunfar, y por supuesto, elegí la segunda”, relata Marlene.

Superada esta etapa, las clases de Marlene fueron ganando reconocimiento, y así fue aumentando el número de alumnas. Ahorrando, compró una casa. En el primer piso organizó el salón de belleza y dos aulas para los cursos de uñas, peinados y maquillaje, y en el segundo, su casa. “Aunque me quedé sola con los niños pequeños, no necesité de un hombre que me ayudara a conseguir mis objetivos. Sabía lo que quería y qué tenía que hacer para lograrlo. Dejé de viajar y organicé más cursos, más horarios, trabajaba todos los días sin descanso. Yo misma hacía volantes y salía a repartirlos por los centros comerciales, las iglesias, los parques, los barrios, buscando clientas para el salón y alumnas para los cursos, porque sólo con constancia y dedicación se logran las cosas”, afirma.

Renovación

Marlene, de la mano de su hijo menor, Gerardo, emprendió una nueva etapa para el Instituto. Invirtieron los ahorros y modernizaron el edificio. De dos pisos paso a seis, más cupos, más clases, más profesores y, por supuesto, más oportunidades para mujeres y hombres interesados en aprender este arte y tener una oportunidad de empleo o formar sus propias microempresas.

“Hoy me siento orgullosa de haber participado en el proyecto de vida de más de 9.000 alumnos a lo largo de 35 años. Esta es una hermosa profesión, que me ha brindado muchas alegrías y satisfacciones, y ahora, de la mano de mi hijo menor, Gerardo, quien tiene ideas innovadoras para estar a la vanguardia de lo que está a la moda en peluquería, peinados, maquillaje y todo lo relacionado con la belleza femenina y masculina, sé que nos esperan muchos años más para brindarles a las madres cabeza de familia como yo, así como a mujeres y hombres de diferentes edades y posiciones sociales, la oportunidad de aprender un arte y salir adelante; eso sí, con dedicación, profesionalismo y constancia, para ser los mejores”, afirma Marlene.

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Publicada por: YENNY RODRÍGUEZ BARAJAS
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