Domingo 19 de Marzo de 2017 - 12:01 AM

La amargura, la angustia del alma

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Usted no puede vivir amargado. Si eso le pasa, debe revisar en lo más profundo de su alma para detectar el veneno que lo está carcomiendo. Saque de su mente esa tristeza y dígale sí a la felicidad.

¿Por qué será que algunos viven tan amargados?

Algunos no toleran ni que los saluden porque siempre viven de ‘malas pulgas’. Otros, ante el más mínimo roce, contestan con ‘tres piedras en la mano’ y le arruinan el momento a cualquiera.

Dicen que si un dibujante quisiera pintar en un cuadro el alma de estas personas, le saldría un matacho lleno de garabatos.

La amargura, por si no lo saben, es la angustia del alma. Es algo que genera una desesperación profunda y que los sumerge cada vez más en la tristeza.

Es un resentimiento que actúa como una bola de nieve, que llega a envenenar todo lo que le rodea.

Es una puerta abierta que permite el ingreso de las emociones más negativas del ser humano.

Tal vez es que las personas se han acostumbrado a vivir bajo presión: la falta de plata, las incertidumbres y los problemas de índole personal se convierten en caldos de cultivo para asumir el rol de los amargados.

A ellos todo les genera sobresaltos o es sinónimo de riesgo. Estas personas se caracterizan por vivir con estados irritables permanentes y agreden a los demás con sus rasgos de soberbia.

Quienes actúan así evidencian estallidos emocionales y ante un problema prefieren maldecir, criticar o renegar antes que solucionarlo.

Y es ahí, en esa actitud pusilánime, en donde precisamente empiezan a surgir la desazón y la inconformidad que genera una actitud tan desalentadora.

¿Es usted así? ¡Mucho cuidado!

La amargura alimenta las heridas y se traduce siempre en odios, rabias, rencores y violencias inusitadas.

Y lo que más me preocupa de ser amargado es que, sin darse cuenta, quienes padecen ese mal olvidan las cosas buenas que la vida les trae.

Es como si una nube gris se posara sobre ellos. Y con ese panorama los amargados se aturden entre afugias económicas, desazón y estrés.

Es claro que la vida de ustedes, los amargados, debería ser de otra manera.

Es normal que se sientan frustrados cuando las cosas no les salgan como las esperan. Pero no por eso deben llevar todo a los extremos y conjugar el verbo odiar.

Para mí la vida es otra cosa, es vivir bien y reconciliado con uno mismo y con los demás.

¡La vida es bella!

Posiblemente ustedes, los que posan de amargados, no la vean así. Pero les garantizo que cuando se den cuenta de que están desperdiciando sus mejores momentos, comprenderán la importancia de pintar sonrisas en sus rostros.

Si miran lo bueno y lo precioso de cada nuevo día, podrán sacar de sus pechos ese dolor que los oprime. Tomen la decisión de ser unas personas más amables. Aprendan a perdonar y pidan perdón a Dios por llevar la raíz de la amargura. Mejor dicho: aprendan a contentarse con la vida, porque de lo contrario siempre vivirán aburridos.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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