El alma, en ‘cubitos’ de hielo | Vanguardia.com
Martes 12 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

El alma, en ‘cubitos’ de hielo

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Nos hemos convertido en paredones y la frialdad del alma nos tiene congelados. No sonreímos y nuestros ojos no quieren ver que la vida está compuesta por los ingredientes del amor y del servicio. No podemos seguir ‘rotos de cariño’ y faltos de pasión.

Los problemas nos hacen acumular demasiadas ‘toxinas emocionales’ en el corazón y en la mente. Casi sin notarlo, eso hace que nuestros sentimientos no se expresen de una manera armónica.

Así las cosas, en más de una oportunidad nos comportamos como si nos hubieran inyectado bloques de cemento en el cuerpo.

Algunos llegan a ser algo irritantes con esa forma de comportarse. Se les ve impermeables y con una frialdad aterradora.

En ellos se podría decir que la sangre se les traslada por las venas en forma de ‘cubitos’ de hielo.

¡No los juzguemos tan duro!

Es claro que el cuerpo se resiente y la somatización es una de las verdades que más vulneran el alma.

¿Conoce a gente así?

¿Acaso usted se ha acostumbrado a verse así? ¿Su carisma está en saldo rojo?

¡Mucho cuidado!

Todos los seres humanos necesitamos relacionarnos, amar y ser amados. No podemos vernos como incomprendidos o como individuos de poco fiar.

Con relativa frecuencia, tal frialdad no es más que un ‘parapeto’ para ocultar los sentimientos y para no mostrarnos débiles.

No nos debería dar pena demostrar lo que sentimos y en lugar de ello nos corresponde desplegar todo el afecto posible.

¿Acaso no es el amor el que mueve al mundo?

Recordemos que cuando una persona se enamora cambia radicalmente su semblante.

Yo sé que en la vida es importante estar alerta, que es clave actuar con los ojos bien despiertos y, sobre todo, que es fundamental poner los pies sobre la Tierra para poder ver las cosas de una manera objetiva.

No les estoy diciendo que se dejen engañar en su buena fe.

Mi reflexión le apunta a aprovechar el magnetismo personal que todos poseemos. Ello, por obvias razones, implica ser más humanos.

Es importante que disciplinemos nuestra mente en ese sentido, porque muchas de las antipatías que causamos se deben de manera particular a las máscaras que solemos tener.

Si queremos que no se altere ni se dañe nuestro equilibrio mental y emocional debemos estar más abiertos y receptivos.

Es preciso lograr el máximo desarrollo personal y también es vital dejar aflorar esos rasgos nobles y generosos que llevamos dentro y que a veces ocultamos.

Tal vez nuestros corazones requieren de un proceso intensivo y radical de limpieza y de desintoxicación.

Es hora de ‘purgarnos’. Recordemos que la frialdad se combate con amor, serenidad, sencillez y una gota de ternura.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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