No pierda el horizonte por la tempestad del desespero | Espiritualidad | Vanguardia.com
Jueves 12 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

No pierda el horizonte por la tempestad del desespero

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Podemos elegir el optimismo antes que la negatividad. No se trata de ocultar las duras situaciones que afrontamos, sino de ver las circunstancias con la certeza de que las podremos superar.

Hay gente estresada y amargada; hay quienes están resignados a su suerte; y no faltan los que viven gritando que quieren cambios, pero no mueven ni un solo dedo para salir del tedio en el que están inmersos.

Ni hablar de los resentidos que han caído en la envidia, la crítica destructiva y las malas energías.

También hay muchos que se la pasan alimentando sus tristezas. Y vemos a gente que no se cansa de cometer los mismos errores y, pese a ello, maldice porque nada le sale bien. ¡Ni hablar de los que viven a la defensiva!

Y en medio de toda esta variedad de pesimistas, escasean las esperanzas y poco o nada hacemos para mejorar nuestras condiciones.

Toda esa negatividad se nutre porque no nos alcanza el dinero, tenemos menos oportunidades de crecer y nuestros amores no son plenos, sin contar que el tiempo no nos rinde.

Nos falta tener la iniciativa de actuar, casi no somos propositivos y todo lo tomamos de una forma personal; es decir, nos enfadamos ante la crítica y al mismo tiempo somos pasivos ante las acciones o las soluciones. Dicho de otra forma: las circunstancias nos dominan.

La manera de pensar y de enfocar nuestras situaciones es trascendental en la vida. No es nada fácil que algo cambie si nuestros pensamientos son grises.

Debemos tener en cuenta que los únicos responsables de la crisis en la que estamos somos nosotros mismos, entre otras cosas, porque la cultivamos con nuestra fea actitud.

A pesar de que estamos hechos para salir adelante, no hemos sido capaces de atrevernos a salir a flote.

Aquí lo que más fluye es una sociedad a la que hace mucho tiempo se le perdió la fe.

Nos falta tesón, empuje, perseverancia y, sobre todo, un puerto hacia dónde apuntar la barca.

Vivimos frustrados de ‘todo y por todo’. Además, sentimos que ningún esfuerzo es válido porque no encontramos la paz que anhelamos.

Es hora de alejarnos de tanta negatividad. Es preciso dejar el escepticismo y empezar a creer en nosotros mismos.

Si bien asumimos nuestra realidad tal cual es, sería bueno aplicarnos una buena dosis de optimismo. No cabe duda que una inyección de buena vibra nos dejaría en el corazón un mensaje renovador.

No lo digo porque tengamos que ocultar lo que nos pasa, sino porque a veces en la tempestad de nuestros desesperos perdemos el horizonte.

¡La vida es demasiado bella como para desperdiciarla en lamentaciones y amarguras!

Entendamos que nuestra felicidad está dentro de nosotros mismos y, por supuesto, depende de la actitud que asumamos.

Dejemos las frustraciones a un lado, trabajemos para salir adelante e impactemos a la sociedad con gestiones que nos lleven a los resultados que tanto deseamos.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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