Martes 27 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Campaña para eliminar los gritos

Si lo que queremos es exponer argumentos, debemos hacerlo de una forma serena. Si nos la pasamos gritando, más allá de que tengamos o no la razón, terminaremos ofendiendo a los demás.

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¿Por qué nos gritamos?

A veces, con justificación o sin ella, elevamos nuestro tono de voz y buscamos por todos los medios hacernos notar con alaridos.

De pronto hemos aprendido a hablar con voz recia, tal vez somos bruscos y groseros. También es probable que consideremos, de manera equivocada, que solo a punta de gritos la gente entenderá lo que le pretendemos decir.

El grito es una expresión destinada a poner en alerta a alguien. Y si bien en algunas ocasiones se grita por algo relativamente positivo, como cuando los aficionados celebran un gol, casi siempre los gruñidos están asociados a hechos desagradables.

Por lo general, ese quejido solo indica que alguien se ha salido de casillas. Y en tal desborde de emoción, levanta la voz como un último recurso para ‘hacerse oír’.

Alguien que grita no escucha al otro. Es eso lo que ocurre en algunas discusiones entre padre e hijo: ninguno de los dos está interesado en escuchar al otro.

Gritar es una falta de respeto, no solo con los demás, sino también con uno mismo. Alguien que grita a los demás está invitando a los otros a que también le griten.

Yo creo que gritamos cuando nos alejamos del corazón. Y lo que sucede es que, para cubrir esa distancia que hay entre nuestros enojos y las personas, decidimos ‘subirle el volumen’ a la conversación.

Mientras más enojado estemos, más fuerte tendremos que gritar. Y peor aún, más grandes son las groserías o las palabras hirientes que terminamos diciendo.

Algo distinto ocurre cuando somos amables, discretos o simplemente cuando estamos enamorados. No me negará que cuando dos personas se aman de verdad no se gritan, sino que se hablan suavemente.

¿Por qué?

Porque sus corazones están ‘sintonizados’ y la distancia entre ellos es muy pequeña. Es más, a veces los enamorados ni siquiera hablan, solo susurran y se acercan más a su amor. Finalmente ni siquiera necesitan susurrar, solo se miran a los ojos y se comprenden.

Deberíamos aprender de los enamorados y comenzar a manejar nuestras conversaciones con la mayor asertividad del caso.

No necesitamos encontrar argumentos para tratarnos mal. Además, pasarse el día gritando, iracundo o enfadado por todo es algo que nos desgasta y arruina el ambiente.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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