Domingo 04 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

Quítese los guantes

Una sencilla expresión de afecto desarma a alguien que se comporta de una manera agresiva.

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Archivo/VANGUARDIALIBERAL
Lo cierto del caso es que hay más de uno por ahí malgeniado, con los guantes puestos, tratando mal a todos y saliéndose de casillas.
(Foto: Archivo/VANGUARDIALIBERAL)

Algunos, de manera errada, afirman que es un asunto de carácter; otros aseguran que todo es un problema de amargura. Lo cierto del caso es que hay más de uno por ahí malgeniado, con los guantes puestos, tratando mal a todos y saliéndose de casillas.

Alguien así parece un fosforito que se enciende ante la más mínima contrariedad. La verdad es que hay gente que se la pasa buscando peleas en donde no las hay.

Además de que la persona queda ante los demás como un ser ‘gruñón’, comienza a tener problemas en sus relaciones, tanto laborales como emocionales.

¿Es usted así?

¡Mucho cuidado!

¿Por qué es tan enojadizo?

Detrás de esta conducta se encuentra algo más que una forma recia de ser. Esa molestia puede ser un claro indicio de sus frustraciones, sin contar que desnuda su forma egoísta de ser y su prepotencia.

Recuerde que la agresividad aparece, en las estadísticas oficiales, como el ‘caldo de cultivo’ de las lesiones personales que se registran en las ciudades. Es decir, contestar con dos piedras en la mano es uno de los mayores detonantes de la violencia urbana.

¡Ojo! Esas ‘pulsiones instintivas de agresión’ pueden brotar en cualquier momento y lugar. Y cuando menos lo espere, lo invadirá un impulso destructivo que dominará todo su comportamiento y, peor aún, podría hacerle cometer una locura.

De manera desafortunada, esa mala vibra suele liberarse contra quienes le rodean, entre ellos los que usted más ama.

Pasa lo mismo con las otras personas. Un nivel de enfrentamiento entre individuos con un alto grado de agresividad vuelve imposible hasta la más simple conversación.

Le viene bien reducir sus niveles de agresividad. Una relación positiva con quien le rodea es buena cuando hay confianza y se intercambian los dones del entendimiento.

Una vez perdida la generosidad y la confianza, viene la indiferencia y el detonante mayor.

Debería empezar por admitir de entrada su mal genio y abstenerse de hablar con los guantes puestos.

Hable con usted mismo y pregúntese cuál será la razón para que se comporte de esta manera.

Hay unas sugerencias, prácticas, que le permitirán autodominarse.

¿Cuáles son?

Escuche a los demás cuando le estén hablando, aprenda alguna técnica de relajación, y comuníquese con calma y tratando de plantear las soluciones a sus problemas.

El deporte también es un buen bálsamo. Haga ejercicio cinco minutos al día.

Es mejor golpear a la almohada, que a la gente.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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