Martes 20 de Marzo de 2018 - 12:01 AM

A la meta se llega a su debido tiempo

¡Muchas veces queremos todo para ya! Y en medio de ese afán terminamos saboteando nuestros proyectos. Como no conseguimos las cosas de inmediato nos la pasamos frustrados y, al final, decidimos abandonar el barco antes de pisar tierra firme.

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A veces pretendemos que las cosas o los problemas se nos resuelvan en un santiamén, sin siquiera mover un dedo.

Además nos impacientamos si algo sale mal en los proyectos que nos trazamos.

Y en ese afán por lograr cada meta, nos arrebatamos más y más, al punto que terminamos echando a perder los pocos esfuerzos realizados hasta el momento.

También nos suele pasar que queremos conseguir éxitos a costa del desempeño de otros. No hemos entendido que nuestros éxitos tienen más sentido cuando dependen de nuestra iniciativa.

Cada logro alcanzado con nuestras propias manos es más satisfactorio que cuando conseguimos que las cosas nos caigan como en ‘paracaídas’.

¿Por qué nos acostumbramos a esperar sentados que las cosas buenas nos pasen?

Eso suele ocurrir cuando dejamos de enfocarnos en lo que debemos hacer y, a cambio de ello, nos quedamos esperando que las bendiciones nos lluevan del cielo.

Hay otros amigos silenciosos de nuestros sueños: la postergación de las decisiones, las dudas que revolotean en nuestra mente, las distracciones del ‘día a día’ y la forma arrebatada como actuamos.

Les pasa a quienes desean bajar de peso, de la noche a la mañana. Esa meta, de manera literal, implica dietas, ejercicios y buenos hábitos. Sin embargo, para algunos resulta más fácil ir al cirujano para que, de tajo, los vuelva más livianos.

¡Y claro! Cuando los gorditos vuelven a aparecer junto a ellos, surge la frustración.

¿Quiero otro ejemplo?

Queremos ser emprendedores y comenzar un negocio. Pese a esa buena idea, no esperamos los puntos de equilibrio y pretendemos recibir ganancias de un día para otro.

Podría decir que el problema más común entre todos nosotros es que nos afanamos demasiado en la meta en sí y olvidamos el proceso para llegar a ella.

Queremos obtener el resultado de una y, en ese orden de ideas, saboteamos nuestros intentos por alcanzar un horizonte.

La reflexión de hoy solo sugiere una cosa: enfocarnos en el proceso y, sobre todo, saber adelantarlo con paciencia y perseverancia.

No tratemos de hacer las cosas, hagámoslas.

Lo que sugiero es que cambiemos la manera en la que percibimos las cosas y entendamos que todo es posible, siempre y cuando avancemos poco a poco.

Nuestra vida no mejora con deseos, mejora con los cambios positivos que decidamos asumir.

Si no damos un paso hacia adelante, permaneceremos en el mismo lugar y, lo que es más grave, cada día que pase nos estancaremos más.

En síntesis, no podemos pretender que nuestro panorama se transforme si queremos saltar el principal de todos los pasos: el de ponernos ‘manos a la obra’.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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