Martes 10 de Abril de 2018 - 12:01 AM

Administrar nuestra vida

Cuando nos falta el equilibrio personal todo lo que nos rodea se viene al piso. ¿De qué nos sirve hacer muchas cosas si no nos están dando los resultados esperados?

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La agenda nos consume; es más, a muchos los asfixia. Tenemos tantas cosas por hacer que no hay tiempo que alcance.

Lo peor es que después de duras jornadas laborales y tras hacer ‘una y mil cosas’, por alguna razón, sentimos que el día no nos rindió y que no hicimos nada.

Y lo realmente grave no es el tema laboral, sino que en ese afán por hacer ‘más y más’ terminamos descuidando la familia, la salud, la tranquilidad y nuestro propio desarrollo personal.

Eso nos pasa porque no hemos aprendido a ‘administrarnos’. Aunque todos tenemos claro que debemos ‘sacarle el mayor jugo posible’ a la vida, no hemos aprendido a hacerlo.

Como si fuera poco, lo que hacemos cada día ni siquiera es una decisión propia, pues en más de una ocasión nuestra vida responde solo a los intereses de otros. No hemos aprendido a ejercer la autoridad sobre nosotros mismos y dejamos que los demás nos gobiernen.

Dios nos dio el libre albedrío, pero ni siquiera sabemos tomar decisiones.

¿Cómo debemos vivir?

La respuesta real a este interrogante es la que, en el papel, nos podría ayudar a valorar nuestra vida.

Dios sabe proveernos, de hecho cada día que amanece nos regala 24 horas para salir al mundo a devorarlo para que nos sintamos libres de actuar.

Es clave, eso sí, encontrarle un verdadero sentido a nuestra cotidianidad, tener presente siempre el motivo de lo que nos mueve y, sobre todo, entender que hay cosas más importantes que el dinero, que la apariencia o que el mismo poder.

Tampoco podemos pretender que ‘todo sea para ya’ y comprender que para alcanzar las metas es preciso trabajar por ellas, sin que eso implique descuidar el hogar, la felicidad o el amor.

El equilibrio hace parte de la administración de nuestra propia vida y, en ese orden de ideas, es preciso ser paciente y no desesperar.

Es fundamental trabajar, pero también lo es saber descansar la mente, disfrutar a los seres queridos, alimentarse bien, dormir el tiempo prudente y despejar de vez en cuando nuestra apretada agenda con el sano esparcimiento.

Esta reflexión es un llamado a no perder el sentido de la realidad y a ser capaces de dar siempre lo mejor de cada uno de nosotros, sin olvidarnos de vivir.

Revisemos con serenidad la realidad que estamos experimentando. No sigamos corriendo el riesgo de dejarnos obnubilar por lo superficial y hacer lo que es más importante para nosotros: vivir.

Y si no nos enfocamos en lo que es fundamental para nosotros, terminaremos malgastando nuestras energías y desperdiciando todos los dones y fortalezas que Dios nos otorgó.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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