Domingo 22 de Abril de 2018 - 11:28 AM

Menos apariencia, más esencia

Adoptamos ciertas ‘modas’ y actitudes que buscan proporcionar una buena imagen de nosotros, con el fin de demostrar a los demás que somos felices. Sin embargo, muchas veces vivimos nuestros propios viacrucis.

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ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL
Menos apariencia, más esencia
(Foto: ARCHIVO/VANGUARDIALIBERAL)

Algunos se ‘disfrazan’ con una capa protectora que los hace ver muy distintos de lo que realmente son. Es como un barniz que les oculta las ‘pequeñas erosiones’ que carcomen sus estados de ánimo.

Antes de aplicar esa pintura, deberían mirarse frente a frente y desnudar sus vidas. Si limpiaran el alma antes de cubrirse con dicha capa, podrían despojar aquellas cosas que los atormentan y los tienen tan desesperados.

A ellos les estoy planteando una revolución del corazón y de la mente. De esta forma, podrían obtener una terminación mate o con el brillo suficiente para darles vida a sus sueños, a un proyecto, a un amor e incluso al bello arte de vivir.

Esta es una invitación a tener tolerancia, a admitir sus debilidades y a recomponer las cosas que los limitan. No les estoy sugiriendo a que se aferren a la culpa; solo les pido que se acepten tal y como son.

Son las formas como asumimos el mundo las que nos dan el significado ético de las vidas que decidimos llevar. De manera desafortunada, estamos en un mundo donde la apariencia es más importante que la personalidad.

Todos, de alguna forma vivimos así. Hemos cometido el error de dejarnos seducir por los aplausos fáciles o por los diferentes ‘likes’ en nuestras redes sociales.

La verdad debemos dejar de aplicar la vieja fórmula de ‘pecar, rezar y empatar’. Deberíamos proyectar una verdadera voluntad de cambio.

Sugiero algunos ejemplos: El que ostenta un puesto de poder, que lo haga con mesura para el bien de la gente; el que sea subordinado, sea obediente y haga las cosas con amor; el que pueda decir sí, sirva; y el que deba decir no, dígalo con el tono de la comprensión.

A pesar de la sencillez que puede tener este mensaje, hay que admitir que el brillo transparente de nuestras acciones hablará más que cualquier otra cosa que pretendamos aparentar.

Insisto en que en el mundo frívolo de hoy vivimos dándole culto a la apariencia más que a la esencia. Con frecuencia, en el trono de las personas que viven así no hay sino soledad, envidias y rivalidades.

Es mejor ser feliz que ser famoso. ¿No le parece?

Todos los seres humanos somos importantes, pero solo Dios es necesario. Los hombres fallamos y con frecuencia hacemos metamorfosis.

¡Dios nunca falla! Somos algo más que un ‘barniz’ para ocultar los problemas.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA/VANGUARDIA LIBERAL
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