Domingo 13 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Cuando no salen las cosas

La Voluntad de Dios jamás nos llevará donde su Gracia no nos pueda sostener. Tener paciencia no es la capacidad de poder esperar, sino la habilidad de asumir una buena actitud mientras vamos rumbo a nuestros sueños.

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¿Le ha pasado que tiene la percepción de que nada avanza?

Sé que se ha sentido así en alguna época de su existencia; incluso puede ser que en la actualidad esté atravesando por uno de esos momentos.

La verdad no hay nada más frustrante que estar así.

Y la sensación es más desalentadora cuando nada sale, a pesar de que hemos trabajado de manera intensa para lograr cada uno de nuestros sueños.

¿Por qué nos sentimos así?

Pueden estar pasando varias cosas:

1. Algo estamos haciendo mal.

2. Sin siquiera notarlo, nos estamos resistiendo a hacer ajustes.

3. A veces las cosas no nos salen, no porque no las merezcamos sino porque no nos convienen.

4. Somos impacientes y olvidamos que todo se da en el tiempo de Dios.

5. Puede ser que solo estemos un tanto distraídos.

Tal vez necesitamos enfocarnos desde otras perspectivas para poder indagar, en cada uno de nuestros corazones, qué es lo que nos estanca.

Siempre he creído que nada se logra lamentándose. La mejor forma de enfrentar nuestra angustia existencial consiste en enfrentarla.

Definitivamente somos nosotros mismos, con nuestra actitud y voluntad, los que podemos despercudirnos de esa tristeza que nos embadurna.

¡Automotivémonos!

Para conseguir cualquiera de nuestros objetivos es fundamental creer que podemos.

Ojo: Jamás pensemos que Dios nos ha abandonado. Él jamás ignora nuestros dolores ni se hace ‘el de los oídos sordos’ ante nuestras súplicas. Por el contrario, el Señor se preocupa por nuestras situaciones y, tarde o temprano, nos responde.

Las dificultades, pruebas y preocupaciones acerca del mañana se desvanecen cuando ponemos nuestros asuntos en manos de Dios.

Además, los que estamos en intimidad con el Señor no nos dejamos asustar por los problemas, ni mucho menos por la impaciencia.

A la par con la fe, es preciso ser propositivos.

Echémosles las ganas suficientes a nuestros proyectos, trabajemos por ellos y ‘devorémonos’ el mundo.

En el momento en el que estemos seguros de esos pensamientos positivos y que no dudemos, atraeremos a nuestra vida todas las bendiciones que sean necesarias.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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