Jueves 14 de Junio de 2018 - 12:01 AM

‘Tan distintos, tan iguales’

Somos una gota de Dios, pero cada uno de nosotros hace parte de ese ‘océano de la vida’. Podremos tener diferencias o pensar distinto, pero todos tenemos los mismos derechos y responsabilidades.

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Hay individuos de todas las clases: ricos y pobres, humildes y soberbios, gordos y flacos, bien vestidos y mal trajeados, jóvenes y viejos, en fin... Gracias a Dios, así es nuestro mundo: un espacio en donde todos tenemos cabida.

Cada quien tiene su propia forma de pensar, sus gustos e incluso decide honrar su palabra a su manera, pues en el fondo siempre conserva su identidad.

Más allá del asiento que tengamos, ‘somos iguales y al mismo tiempo distintos’.

¡Así como lo lee!

Todos los sombreros podrán ir en la cabeza, pero si detallamos bien podremos comprobar que debajo de cada quien hay un porte diferente. Porque en cada rostro aflora aquello que a veces pretendemos anular: la personalidad. En ese orden de ideas, usted, yo y todos elegimos cómo queremos ser, qué queremos decir y qué pretendemos hacer con nuestra existencia.

Tal y como dicen los sastres, en la ‘costura de la vida’ hay unos que deciden ser espontáneos y otros que optan por ser ‘cuadriculados’; existen algunos más opulentos que otros; y, por supuesto, están los que brillan por la sencillez.

La idea no es comparar lo pequeño con lo grande, ni lo ancho con lo angosto, sino respetar las diferencias sin olvidar que tenemos los mismos derechos.

A veces esperamos el umbral de la muerte para empezar a hablar de igualdad; en otras ocasiones, cuando son nuestros derechos los vulnerados, es cuando pretendemos recordarles a los demás quienes somos nosotros.

Nadie es más que los demás. Aunque debemos saber en dónde estamos parados, no por ello dejamos de ser iguales.

Podemos ser tan macizos como un elefante, pero al mismo tiempo logramos ser escuálidos o frágiles como un insecto.

No son los lujosos trajes los que nos visten. La vida y la forma como tratemos a los demás son, en últimas, las prendas que nos hacen ver mejor.

En esta vida podemos aspirar a tener alas más grandes y llegar más allá del nido que nos vio nacer, pero nunca podemos desconocer de dónde procedemos.

Se puede crecer y ser todo lo exitoso que queramos, pero sin perder la humildad.

Por encima de que la cuna sea dorada o más allá de que vivamos en un simple rancho, para todos la vida eterna tendrá el mismo aposento: la tumba.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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