Jueves 05 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Rezar & Orar

Orar es hablar con Dios. Es acercarnos a Él, haciéndolo con palabras sencillas que nazcan del corazón. Y el acto de rezar suele quedarse solo en una repetición de frases.

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Desde el punto de vista de sus raíces etimológicas podría decir que, por un lado, orar viene del latín ‘orâre’ y se traduce así: “hablar, pedir o rogar por algo”.

Por otro lado, rezar también viene del latín: ‘recitâre’. Esta palabra quiere decir literalmente “recitar”.

Ambas son válidas, solo que me agrada más la idea de orar, entendida como comunicarse de manera directa con Dios, aceptando su omnipresencia, su bondad y su misericordia.

Al orar se lleva a cabo un diálogo que puede materializarse de muchas formas.

En cambio, rezar es la acción de vocalizar y exteriorizar una oración; es decir, es orar en voz alta. Esa acción, por supuesto, es respetable.

Para mí, la verdadera oración es la que se hace con fe y hacia adentro. No estoy hablando ni de estar en silencio ni de hablar ‘a todos los vientos’, sino de tener la convicción de que cada plegaria llegará a su verdadero destino.

Orar es hablar con Dios como cuando usted habla con un amigo al que ama y respeta. Por eso, la oración es la respiración del alma.

En la oración colocamos nuestras impotencias, debilidades y necesidades delante de los ojos llenos de la misericordia de un Dios que lo sabe y lo comprende todo; y que además va a contestarnos en el tiempo de Él.

Por eso, es preciso orar creyendo que se van a recibir las gracias y los perdones solicitados. Porque las bendiciones que deja el arte de orar van más allá de las frases que se leen en una oración o del enunciado propiamente dicho.

No me lo estoy inventando yo. Las propias Sagradas Escrituras dicen que uno debe orar en secreto, con humildad y entablando una conversación con el Padre. También nos recomiendan que antes de hacerlo debemos perdonar, pues de nada sirve orar si se guarda algún resentimiento contra alguien.

También es importante orar no solo por usted, sino por otras personas: Tal vez por los que sufren de ansiedad, por los que luchan con las adicciones, por los que están tristes, en fin...

Mediante la oración podemos expresar nuestros verdaderos sentimientos, hacer peticiones y dar agradecimientos de manera individual.

Rezar conlleva que se repitan ‘una y otra vez’ las mismas líneas de las oraciones bajo la creencia de que, entre mayor frecuencia se den tales enunciados más se sentiría Dios halagado.

Respeto las dos posiciones.

Y como no quiero sentar cátedra pero sí ser más conciliador, diría que Dios siempre entiende nuestras oraciones más allá de que no encontremos las palabras precisas para expresarlas.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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