Domingo 22 de Julio de 2018 - 12:01 AM

¿Nos preocupamos más de la cuenta?

¿En qué momento decidimos dejar de vivir? Perdemos oportunidades, solo por darles demasiado valor a las preocupaciones.

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Muchos me escriben y me cuentan que experimentan sensaciones de inseguridad ante las cosas que les podrían pasar en la vida.

Dicen que sufren de ansiedad, que temen por los que les depare el día e incluso que pasan largas noches en vela pensando en este tipo de angustias.

Es fuerte atormentarse por algo que no ha pasado aún.

Yo lo hacía y les cuento que me desgastaba pensando en cosas que, al final, jamás ocurrieron.

Descansé cuando entendí que debía darle a cada día su propio afán y, en ese orden de ideas, dejé de imaginarme cosas sin sentido.

Cuando dejamos de preocuparnos o presionarnos por todo, la vida fluye y es ahí cuando vemos un cambio.

Desafortunadamente, el pensar en todo lo catastrófico se ha convertido en una epidemia. Hacer eso, además de que perdemos energías, nos deprime más.

A nosotros nos definen las acciones, no las suposiciones. Así que dejamos de temer por bobadas. Si hay situaciones difíciles, pues las enfrentamos con la mayor dignidad posible.

Debemos aceptar que no podemos tener el control de todo en la vida, pues siempre pasaremos por situaciones y dificultades que se tendrán que enfrentar.

Lo que sí podemos hacer es decidir qué hacer con los problemas y ponerles la mejor cara y actitud para que las cosas sean mejor.

Pensar en los peligros que supuestamente se nos vendrán, lejos de controlarlos, provoca alertas innecesarias.

Tanto pensamos en las desgracias que nos pueden suceder, que nuestros cerebros solo atienden las señales que indican lo negativo, obviando todas las flores que nos ofrece la existencia.

Dejemos de juzgar lo que pasa alrededor, dejemos de juzgar a la gente (eso es de cotillas) y dejemos de juzgarnos a nosotros mismos. Hagamos lo que nos apetece y lo que deseamos, con la mayor responsabilidad posible.

Con esto no digo que la inspiración para tomar esa actitud es repentina y salga de la nada: Hay que identificarla, interiorizarla, analizarla, desarrollarla y aprovecharla al máximo una vez la reconozcamos.

Cuando asumimos algo, la vida nos cambia para siempre.

Es preciso ser prácticos, asertivos, propositivos e inteligentes para no dejarnos amilanar. A pesar de las dificultades, vale la pena apostar por nuestra felicidad.

¿Cuál es el miedo a tener la oportunidad de vivir nuevas experiencias y madurar en muchos sentidos?

Si las cosas no funcionan, no pasa nada.

Nos han enseñado que el fracaso está mal, cuando es simplemente una situación natural que a todos nos sucede, y no es culpa de nadie y no es algo terrible. De hecho son las etapas donde más aprendemos.

Pensar en lo que puede pasar es desgastante y no deja nada bueno, ya que es una pérdida de tiempo y de energía.

Desarrollemos la intuición para saber ‘qué sí’ o ‘qué no’ nos conviene para nuestra vida, en vez de dedicarnos a pensar en cosas que no aportan nada y que solo nos dejan más confundidos.

No permitamos que por miedo perdamos de vivir cosas que realmente nos pueden cambiar la vida.

¿Saben algo?

Las mejores cosas llegan cuando menos las imaginamos, pero sobre todo cuando estamos verdaderamente listos para vivirlas... ¿Lo está usted? ¡Pilas porque el tiempo es oro y aún le falta mucho por vivir!

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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