Martes 24 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Recibir y compartir

Las Bendiciones de Dios no son para guardarlas, sino para compartirlas y usarlas como ayudas para los que nos rodean.

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Las bendiciones son medicinas para el alma. Por eso, siempre será importante invocarlas y ofrecérselas a los desamparados.

Porque no se trata solo de anhelar cosas buenas para nosotros, también debemos desearles la felicidad a otros. Los padres, por citar solo un ejemplo, cuando les otorgan las bendiciones a sus hijos quieren lo mejor para ellos.

Y ser bendecidos significa tener el favor y la bondad del Creador en nuestra existencia.

No es solo cuestión de pedir y quedarse esperando a que las cosas nos bajen del cielo; es preciso asumir la responsabilidad de trabajar para lograr la protección divina.

Salomón, uno de los hombres más amparados por el Señor, no se quedó esperando que el Altísimo delegara a otros sus tareas. Él asumió sus deberes y los cumplió, tal como y se lo había enseñado su padre.

Lo propio nos corresponde hacer a nosotros. Si deseamos recibir la Gloria del Cielo, es clave que nos comprometamos a dar lo mejor de cada uno.

Ahora bien, bendiciones no son sinónimos de plata, de joyas o de abundancia. Usualmente, pensamos que ellas se traducen en riquezas, poder e incluso viajes.

¡Y no es así de literal!

Si bien debemos estar agradecidos por las cosas materiales que Dios nos da, las mayores bendiciones se experimentan cuando sentimos amor, paz, paciencia, satisfacción, gozo y otras glorias que Él nos otorga.

La Bendición de Dios no está atada a lo material, ya que eso tiende a limitar de forma severa nuestro entendimiento de lo que Dios tiene en su corazón para nosotros.

La salud, un trabajo digno, respirar aire puro, un amor de verdad y un hijo, así como tener la oportunidad de mirar hacia el horizonte, son las mejores bendiciones que podemos alcanzar.

A usted, a mí y en general a todos nos es preciso darles gracias a Dios por el milagro de la vida misma.

También nos corresponde bendecir los alimentos que vamos a consumir, a las personas que prepararon o cultivaron los productos y a quienes nos los sirvieron.

Las bendiciones también surgen efecto cuando somos agredidos. Cuando alguien nos ataca, en lugar de responderle con groserías, hagámoslo con una sencilla oración de bendición. En este caso, esa plegaria actúa como un escudo protector que nos permite blindarnos ante las agresiones.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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