Jueves 26 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Relajarse, amargarse

Es preciso saber vivir, reír, amar y perdonar. En síntesis, es clave disfrutar y ser feliz. El tiempo pasa, las oportunidades se van y al final solo nos queda lo bueno que decidamos hacer con nuestra vida.

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Opción 1: Relajarse.

Si hace eso puede tranquilizar la mente y, por obvias razones, logra sentirse bien más allá del problema que afronte. Porque cuando se relaja, el cuerpo también reacciona de una manera positiva.

Opción 2: Irse.

Puede verse desde dos aristas: Una de ellas es la de cambiar de ambiente y entender que su historia en donde está ya terminó; y la otra es la de escapar de su propia realidad sin afrontarla.

Opción 3: Amargarse.

Es sentir aflicción por su realidad. Eso sucede cuando experimenta resentimientos y, en lugar de sacudirse, decide llenarse de tristeza y depresión.

¿En cuál opción se ve?

¡Depende! Dirá usted.

En la opción 1 es fundamental relajarse, imprimiéndole el grado de responsabilidad a cada cosa que deba asumir.

En la segunda es preciso entender que es preciso salir de su rutinario entorno.

Y la opción 3, que de manera desafortunada es la que muchos asumen, hace que muestre la peor versión de usted mismo. Esta alternativa lo priva de amar, aprender, descubrir y, además, no lo deja superar sus propios miedos.

Es obvio que la primera puede ser la mejor alternativa; sin desconocer que la segunda, en lo que tiene que ver con experimentar nuevas expectativas, puede hacer parte de las posibilidades.

La que sí no debería tener cabida es la última opción, a menos de que pretenda dejarse llevar por las situaciones adversas.

Haga este ejercicio y reflexione sobre cuál opción está tomando hoy en su trabajo, en el amor o en cualquier episodio por el que esté atravesando.

Quiero sugerirle que entienda que todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y que, aunque no lo crea, los hechos duros de la vida le sirven para cambiar y ser una mejor persona.

Las dificultades no son catástrofes insalvables ni castigos de Dios, sino oportunidades para cultivar, desarrollar y aprovechar la existencia misma.

Ser feliz es una decisión suya, de nadie más. Es una opción personal y por supuesto siempre podrá sentirse bien, aunque no tenga todo aquello que anhela.

Cuando pueda sonreír, aún cuando las cosas le vayan ‘mal’, usted hará gala de decoro, dignidad y fortaleza.

En realidad todo tiende en algún momento a cambiar. El solo hecho de aceptar su situación y decidir mirar hacia el frente son opciones mejores, que la de quedarse anquilosado en el aburrimiento.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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