Martes 31 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Encontrar el camino de la felicidad

¿Qué lo hace feliz? Una vez responda esa pregunta, decida ir a la conquista de eso que le permite sentirse pleno.

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Solemos tener ideas equivocadas de lo que es ser feliz: pensamos que ella consiste en tener millones de pesos, ser poderosos, adquirir fama y amores, en fin...

Muchas veces creemos encontrar la felicidad en el ‘lugar equivocado’ y por eso casi siempre vivimos con las personas menos recomendables.

Erramos al anhelar lo que otros tienen y pretendemos vivir como otros lo hacen, sin tener presente que la felicidad es una decisión personal.

Podemos vivir cada momento sin tantas arandelas, ya que la felicidad fluye más si nos dejamos llevar por ella.

Hay que recordar también que la felicidad es corta, tal vez como la vida de un cerillo. Ella se desborda y logra irradiar una luz que contagia a todo el que esté a su alrededor.

¡Y nadie puede ser feliz solo!

Si alguien intenta acaparar la felicidad solo para su uso personal, se le escapa como el agua entre las manos.

La chispa se enciende cuando comprende que puede iluminar a esa persona que lo ama, que lo respeta y que quiere compartir la existencia a su lado.

También es clave saber que la felicidad se encuentra concentrada en porciones pequeñas: Está en ese instante que usted disfruta como si fuera el último. Porque no es cantidad, sino calidad. La vida no está en los años, sino en la intensidad que le imprima.

Cada persona debe descubrir cuál es su felicidad: Lo que a usted le hace sentirse pleno, muchas veces no tiene nada qué ver con lo que otros anhelan alcanzar. Por eso, siempre haga aquello que le permita recuperar el matiz de su rostro.

Esta página es una sencilla invitación a escudriñar, en lo más recóndito de su corazón, qué es eso que le proporciona felicidad.

Hay cosas tan elementales como las de contemplar el ocaso, salir a un día de campo, compartir un tiempo con el amor de su vida y hasta pasar un tiempo a solas para encontrarse a uno mismo.

Dicho de otra forma, es cuestión de hacer algo que le devuelva el entusiasmo.

Una tibieza placentera crece dentro de nosotros cada vez que encendemos un fósforo de felicidad, desvaneciéndose a medida que pasa el tiempo, hasta que llega una nueva explosión a revivirla.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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