Domingo 05 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

Cuestión de raíces

Valores como la amistad, la comprensión, la tolerancia, la paciencia, la solidaridad y el respeto son esenciales para la vida. Sin embargo, ninguno de ellos aparece de la noche a la mañana, se tienen que sembrar desde pequeños.

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Cuestión de raíces
Cuestión de raíces

¿Cómo es nuestro proceso de crecimiento? Yo respondería que, a pesar de los problemas que nos trae el arte de vivir, vamos solidificándonos paso a paso.

Los ‘buenos’ días nos dan felicidad y los que denominamos como ‘malos’ nos ofrecen experiencias.

Cuando nos invade una pena, esa angustia nos puede parecer que dura varios otoños. No obstante, llegará la primavera y comprenderemos que esa angustia solo nos estaba abonando el terreno para finalmente ser más fuertes.

El verdadero dolor, el que nos hace sufrir de una manera profunda, nos pule el carácter y casi que nos hace valorar más la vida.

Por eso nadie puede dejarse vencer ante las adversidades. Ellas, más bien, son raíces que nos permitirán crecer mañana.

Sin embargo, nada es posible si no cimentamos nuestro crecimiento. De la forma como hayamos forjado nuestras raíces dependerá el mantenernos de pie.

Y más allá de nuestros rasgos genéticos, para llegar a cosechar hay que sembrar.

Me sorprende ver a las personas mayores persignarse por la forma como los jóvenes se comportan hoy. Sea por acción o por omisión, somos responsables de ellos, ya que no hemos aprendido a formarlos en valores.

Cuando pensamos en las nuevas generaciones solemos criticar duro a los jóvenes y nos olvidamos de que ellos son reflejos pálidos de la forma como los ‘educamos’.

Los mayores no hemos entendido que las raíces espirituales guían nuestro cometido hacia los ideales y las enseñanzas del arte de ser buena persona.

Cómo exigirles hoy a los jóvenes respeto, si no los respetamos; cómo decirles que trabajen, si les hemos dado todo en ‘bandeja de plata’ y no los hemos enseñado a conseguir las cosas con sus propios esfuerzos.

Los menores, de alguna forma, nos emulan. Y si ellos hacen gala de groserías, yo pregunto: ¿Por qué será?

Es importante reforzar nuestras bases, arremangarnos y ponernos a construir desde ya lo que son las generaciones venideras. Cimentemos en los niños el verdadero significado de la vida.

Enseñémosles que los problemas nos retan y nos moldean. De igual forma, ellos se convierten en escalones que nos encumbran hacia el horizonte.

Es hora de sacar cosas viejas, excavar y sembrar las raíces para futuras cosechas.

Es la hora del cambio, de la renovación. Es el tiempo de darle un nuevo sentido a nuestro mundo; es el momento de nuestros sueños, porque usted y yo no tenemos más que una vida.

Busquemos en lo más recóndito de nuestro ser, volvamos a las raíces y abonemos los nutrientes o las semillas de la perseverancia, del trabajo digno y de la honestidad.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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