Domingo 26 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

La decisión de transformarse

A veces no queremos ver ‘más allá de nuestras narices’, a pesar de que muchas verdades están frente a nuestros ojos.

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¿Por qué será que muchas personas se pasan toda su existencia haciendo lo que no les apasiona?

Desperdician sus mejores momentos esperando cosas que jamás les llegarán. Lo peor es que insisten en anhelar ‘imposibles’.

Hay quienes se quedan con los brazos cruzados intentando encontrar una señal que supuestamente les permita descubrir su propósito en la vida.

Pasan por años mudadizos y nunca logran la verdadera transformación de sus realidades.

Usted, yo y todos deberíamos tener presente que somos lo que pensamos y que construimos el mundo justo con las ideas que vamos alimentando.

Así las cosas, si nuestros pensamientos son de resignación dejaremos que la vida pase ‘sin ton ni son’. En cambio, si nosotros mismos lo deseamos de verdad nuestro panorama cambiará de una manera positiva.

Y el tema es así de escueto: mantener una visión negativa incrementa las posibilidades del fracaso, mientras que una persona optimista aumenta las opciones de éxito.

Hay que tener voluntad para hacer lo que se quiere y condimentar esa decisión con al menos una gota de fe.

Y si en ese trayecto una barrera se nos atraviesa, podríamos practicar un singular ‘salto con garrocha’ para superarla con disciplina, esfuerzo y empeño.

Ahora bien, cada cosa que hacemos es una decisión y ella es la que define nuestro destino.

Esto último lo digo porque, con cierta frecuencia, solemos vernos en una de esas encrucijadas en la que estamos obligados a tomar riesgos.

También ocurre que a pesar de que encontramos lo que queremos hacer con nuestras vidas, nos dejamos manipular y decidimos contradecir nuestras expectativas solo por complacer a otros.

Y cuando hacemos eso armamos nuestra propia cárcel de rutina.

Total: Tenemos el poder de decidir cómo queremos vivir, pero en esa decisión tal vez debamos incomodarnos un poco y atrevernos a lanzarnos.

Alguien podría decir que no solo con el contagio positivo se garantiza el éxito, pero le aseguro que de no irradiarnos de él nos estampillamos el rótulo del fracaso.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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