Domingo 15 de Abril de 2018 - 04:39 PM

Un santandereano en la playa nudista del Tayrona

Colombia tiene lugares que muchas naciones del mundo envidian, uno de ellos es el Parque Nacional Natural Tayrona, un sitio que es una muestra de ese realismo mágico que Gabriel García Márquez utilizó para tratar de describir a nuestro país.

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Un santandereano en la playa nudista del Tayrona

Decidí emprender el viaje al Parque Nacional Natural Tayrona, una de las reservas ecológicas del país en el Caribe, paraíso verde que atrae al año a miles de turistas nacionales y extranjeros.

Dos razones motivaron la travesía, además de sus hermosas playas: conocer a las tribus indígenas que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta y la famosa playa nudista.

El viaje empezó un miércoles en la noche de la Semana Santa, a pocos metros del Hotel Chicamocha, donde un bus esperaba a un grupo de aventureros de todas las profesiones y oficios; la “magia” de las redes sociales unió al grupo de jóvenes, todos con entusiasmo de la aventura y de pasear.
Reynel Amado, un experimentado guía de turismo, dio las indicaciones del viaje, el tiempo de duración y las actividades que se llevarían a cabo, tal como se había publicado en el grupo de Facebook.

El recorrido empezó a las 9:00 de la noche, con la normal parada a mitad del camino para comer y después de nuevo a la ruta. Cerca de las 6:00 de la mañana, el bus llegó a la entrada del Parque Nacional Natural Tayrona.

Primero se deben cumplir varios pasos burocráticos en la zona de taquilla, permisos y varias hojas se deben llenar antes de que cualquier ciudadano pueda ingresar a la reserva. Después de pasar por el fastidioso procedimiento, los conductores de unas busetas ofrecen el servicio de transporte hasta el campamento por 3.000 pesos por persona; es recomendable tomarlo, ya que el recorrido es muy largo y con maleta a la espalda es tortuoso.

En el Parque Tayrona los recorridos son largos para llegar a cada playa, se debe caminar por lo menos entre media hora a 50 minutos. El sitio en que nos instalamos fue Cañaveral, en cuyas playas no se puede entrar a nadar, debido a que la fuerza del agua ya se ha “devorado” a más de 100 personas, según el anuncio que está ubicado antes de entrar a la playa.

Pese a su peligrosidad es realmente hermoso el paisaje, ya que las enormes rocas y el agua chocando contra estas, pueden ser buenas imágenes para el recuerdo, que invitan a los turistas a capturarlas en sus cámaras fotográficas y celulares.

En la playa de Cañaveral otro atractivo exótico son los cangrejos que tímidamente se esconden en sus nidos dentro de la tierra; posiblemente, ellos ya saben lo destructivo que somos los seres humanos.

En el segundo día dentro de la reserva exploramos las playas más accesibles. Para llegar a cada una de estas se debía recorrer varios kilómetros.
Las playas que hacen parte del Parque Tayrona son Arrecifes, La Piscina y la playa nudista, la cual quedaba varios minutos más allá de El Cabo San Juan. Durante esos días fue visto un caimán rondando el mar.

Estos sitios enamoran a quien llega a visitarlos. Allí nos encontramos con indígenas Kogui que caminaban por la playa y con personas de diferentes nacionalidades -de Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Brasil, México, Israel-. También con colombianos de todos las regiones, rolos, vallunos, paisas, costeños y santandereanos. Un verdadero crisol de culturas.

Conociendo los indígenas

Para llegar hasta Pueblito Viejo, donde habitan algunas familias Kogui, que son más accesibles para hablar con los extranjeros, hay varios caminos, pero solo dos autorizados. Uno es un empinado sendero de tierra y el otro es un camino hecho por enormes rocas de varias toneladas, que es impresionante verlo y caminarlo. Allí la naturaleza demuestra que tiene una fuerza colosal.

Después de cerca de tres horas de caminata por el sendero empinado de tierra, se aprecian las primeras chozas que están hechas con paredes de madera y techos de fique seco.

Los indígenas tiene una tienda hecha con los mismos materiales, en la cual venden bebidas, collares y manillas a los turistas que llegan al lugar.
Los Kogui son muy herméticos y con el único que se puede dialogar es con el vendedor que solo brinda palabra, pero para decir el precio de la mercancía.

Esa falta de interacción da a pensar que es cierto lo que muchos creen popularmente y es que los indígenas no se dejan fotografiar porque creen que sus almas son secuestradas.

Ante este prejuicio era necesario conocer la verdad y la razón del hermetismo de los Kogui, para eso Orlando Villafaña, guía e indígena arhuaco, nos contó sobre las tribus que habitan en la reserva, los Kogui, Arhuaco, Wiwas y Kankuamos. Estas tribus descendientes de los Tayrona que habitaron la Sierra Nevada de Santa Marta.

Orlando explicó que la colonización no fue tan difícil, pero sí el intento de cristianización por los frailes, la cual duró 40 años, pero no pudieron cambiar el estilo de vida de las tribus.

El indígena también recomienda a los turistas no faltarle al respeto a los sitios sagrados, ni lastimar a los animales. Con respecto al mito del temor de las fotografías, el Arhuaco manifestó que es más por fastidio, “ya que los turistas a veces ven a los indígenas como ‘animalitos’ que apenas ven quieren tomarles foto; la situación los indigna”, comentó Villafaña.

La playa nudista

Finalmente, de nuevo en Cabo San Juan, el grupo se separó, algunos querían ir al mar y otros a explorar; yo estaba decidido por la playa nudista y me dirigí hacia ese lugar.

En la entrada hay un enorme letrero en español, inglés, francés y hebreo, que prohibe nadar, debido a que es peligroso; el plan es solo desnudarse y caminar.
Empece a imaginar orgías desenfrenadas, cuerpos que parecen estatuas de mármol griegas. Pero no fue lo que imagine, en la playa había dos salvavidas que me saludaron, yo les respondí y seguí caminando para ver a la primer persona desnuda.

Cada paso me ponía más nervioso, ya que podía ver a las dos primeras mujeres sin ropa en la playa, una de ella estaba en toples y la otra se estaba bronceando sin prendas de vestir con la mirada hacia el sol y con una actitud de gran confianza.

Me quedé en la mitad del lugar para ver quienes pasaban, dejé mi bolso en un árbol; observe que una pareja, un hombre obeso y una mujer de piel morena de buen cuerpo y cabello largo ondulado oscuro, quien parecía una modelo, también llegaban. Creí que se desnudarían de inmediato, pero se sentaron metros adelante de donde yo estaba.

Tras evitar pensar mucho y ver a otros que lo hacían naturalmente decidí desnudarme, sin antes cuadrar la cámara para tomarme una foto y que me quedara el recuerdo de mi “valentía”.

Al estar “empeloto”, caminé hacia el mar, abrí mis brazos y sentía una sensación de libertad; después fue más como relajación.

Las personas que pasaban desnudas me saludaban respetuosamente y no había problema, incluso la pareja que estaba cerca, también tomó el valor y se desnudó.

Acostado en la playa mirando hacia el cielo y el mar, pensé en muchos tabúes en que vive la sociedad, como por ejemplo ver a otra persona desnuda en público.

Era Viernes Santo y yo al estar desnudo en una playa, lo cual significa para muchos como un pecado que merecía ser excomulgado, lo único que pensé fue ¡al carajo, que me excomulguen!

Otro pensamiento que se me vino a la mente fue: ¿Qué pasaría si los candidatos a la Presidencia de Colombia como Petro, Duque, Fajardo, De la Calle y Vargas Lleras fueran a los debates desnudos? ¿Realmente no tendrían nada qué esconder y los colombianos se darían cuenta de quiénes son sin ropajes que los cubran? Viéndolo así, tras vivir esta experiencia personal, creo yo que algo de arrogancia se les pasaría.

 

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Publicada por: Brayner R. García Ardila
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