Lunes 30 de Julio de 2018 - 09:01 AM

¿Envidia? Es mejor despertarla que sentirla

Para quien trabaja enfocado en su propio bien y el de los demás le es difícil reconocer la envidia que puede despertar en otros. Si acaso ha notado que eso pasa en su lugar de trabajo o en su vida social, no se desespere. Siga en lo suyo y recuerde lo que decía el comercial de champú: la envidia es mejor despertarla que sentirla.

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Tomada de Internet
Todos hemos sentido envidia... pero ¿qué hacer cuando, de hecho, nos tienen envidia?
(Foto: Tomada de Internet )

Un comercial de champú abordó el tema que, si hubiera sido publicado hoy, se habría convertido en viral: la envidia es mejor despertarla que sentirla.

En su momento, por supuesto, una sacudida de cabello de la modelo frente a esa otra mujer que le tenía envidia añadió más leña a la mitología de que las mujeres somos más envidiosas, pero en realidad, los expertos aseguran que la envidia no tiene género, solo que los hombres se guardan más para sí ese sentimiento, mientras que ellas lo expresan a sus amigas con comentarios punzantes.

Envidia... ¿patológica?

A nadie le es totalmente desconocido este sentimiento: alguien con más suerte o un mayor talento tiene éxito y quisiéramos estar en su lugar. Hasta ahí, todo está bien. Pero... ¿cuándo esa sensación se instala tan fuerte en nuestra mente que se convierte en algo patológico?

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La psicóloga humanista Alicia Garrido Martín explica en qué consiste la envidia sana y cuál es la diferencia con la envidia enfermiza: una envidia llamada sana es aquella que no nos deja un sabor amargo sino más bien un dejo de tristeza o nostalgia por aquello que quisiéramos tener también en nuestra vida. Por su parte, la envidia patológica es aquella que se convierte en el centro de nuestras relaciones con los demás y tiene como base una comparación constante con el otro.

Se trata de una especie de actitud de castigo hacia el otro, una búsqueda constante de sus fallos porque no soportamos su felicidad.

La Universidad de Iowa, Estados Unidos, realizó un estudio en el halló nueva evidencia sobre la conexión entre la envidia y la personalidad narcisista: los investigadores encontraron que las personas que se sienten más inseguras con respecto a sí mismas son quienes más tienden a desarrollar personalidades narcisistas y que tienen una primera base en la envidia, es decir, alguien desea lo que otro tiene y desarrolla una fantasía en su cabeza en la cual debe tener lo mismo o más para ser la grandiosa persona que merece ser.

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Lo peor de todo esto es que el estudio mostró que esta relación entraña un peligro: las personas envidiosas con personalidad narcisista pueden desarrollar una tendencia a la agresividad: es su forma de obtener lo que desean y quitar del camino al otro.

Toda una locura, ¿verdad?

Por su parte, la psicóloga explica que si usted está experimentando este sentimiento o se siente afectado porque lo produce en otros y se siente la energía tensa, lo mejor que se puede hacer es evitar comparaciones y practicar la aceptación.

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“Que te vaya bien, pero no mejor que a mí”

No todos los envidiosos desean que a los demás les vaya mal. Algunas personas se alegran sinceramente del éxito de otros... siempre que no esté en su mismo campo de acción o que no rivalice con lo que quiere, pues de ser así, la envidia hace su aparición y con ella, la hostilidad.

Este sentimiento se llama “Síndrome de Procusto” y la reconocida psicóloga Valeria Sabater explica que se trata de “esas personas que menosprecian a aquellos que las superan en talento y habilidades. Aún más, no dudan en discriminarlas e incluso en acosarlas. Son personas que ni avanzan ni dejan avanzar, perfiles frustrados o con autoestimas muy exageradas que habitan en muchos de los entornos en los que nos movemos”.

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En la mitología griega, Procusto era hijo de Poseidón que ofrecía posada a los viajeros, sin embargo, siempre les advertía: “si sobresales, te cortaré los pies, si demuestras ser mejor que yo, te cortaré la cabeza…” ya que si el viajero era más alto le cortaba los pies y si era más bajo, le rompía los huesos para ajustar a las medidas de la cama.

“Desde entonces, trascendió una advertencia a modo de refrán que dice lo siguiente: cuidado, hay personas que cuando perciban que sus opiniones no se ajustan a las suyas o cuando vean que es más brillantes que ellos, no dudarán en acostarlo en la cama de Procusto”, explica la psicóloga Valeria Sabater.

Es posible que no muchos apliquen tal nivel de violencia, pero este es el tipo de envidia más común.

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Publicada por: REDACCIÓN GALERÍA
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