Sábado 01 de Octubre de 2016 - 09:10 AM

Su lucha contra el uso de la pólvora

Durante 30 años ha estado al frente de la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar, primero como su jefa y ahora como líder del programa de excelencia. Esta cirujana plástica es una de las caras visibles de la lucha para lograr la prohibición de la pólvora en nuestro país; una batalla que, para ella, no parece tener fin.

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Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL
Su lucha contra el uso de la pólvora
(Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)

En diciembre de 2015, 599 personas se quemaron por el uso de pólvora en Colombia; 255 fueron menores de edad. La cifra sigue siendo alarmante y mientras las regiones son las más afectadas, Bogotá ha mostrado avances muy positivos. En 1995, el entonces alcalde Antanas Mockus prohibió su uso y las administraciones siguientes no solo mantuvieron la prohibición sino que hicieron masivas campañas de concienciación junto con los medios de comunicación, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar.

La ley 670 de 2001 ayudó un poco más, al reglamentar por decreto la venta, distribución y transporte de los juegos pirotécnicos en el país, haciendo énfasis en la protección de los niños, niñas y adolescentes.

La doctora Patricia Gutiérrez, especialista en cirugía plástica reconstructiva, y quien fue directora de la Unidad de Quemados del Hospital Simón Bolívar, reconoce que lo sucedido en la capital del país es un gran logro.

Y ella ha tenido mucho que ver… Porque durante años ha estado frente a los medios, debatiendo con políticos, empresarios y polvoreros sobre las consecuencias nefastas del uso de la pólvora, especialmente en los niños. Su misión ha estado llena de mensajes que muestran la tragedia que vive una persona quemada y la necesidad de un cambio de mentalidad en la sociedad colombiana.

Patricia se ha visto obligada a pelear, a imponerse y a ser firme con sus posiciones; se ha preparado en muchos escenarios para explicar los efectos de las quemaduras con químicos y, sobre todo, ha vivido para devolverle ‘la normalidad’ a las víctimas de las quemaduras y para convertirse en una voz que cada navidad nos recuerda: “nada justifica el uso de la pólvora”.

Su lucha contra el drama y la burla

“No era suficiente con ser espectadores, había que involucrarse más con esta lucha”, asegura. Y comenzó abriéndoles las puertas del servicio de quemados a los medios de comunicación para que apoyaran la labor del hospital y al mismo tiempo informaran lo que estaba sucediendo. “Muy respetuosamente, se mostraba la tragedia de lo que significaba el uso de la pólvora cada navidad”, recuerda.

Como el Gobierno y el ICBF comenzaron a intervenir, muchos pacientes ‘desaparecían’ por miedo a ser sancionados. “El mensaje era claro: que un niño se queme con pólvora es maltrato, así que la campaña se amplió. El hospital empezó a participar en estas campañas, cada alcalde llegaba a mi servicio y hacía el lanzamiento. Durante 20 años, en todas las navidades (y esa es la razón por la que siempre me asocian con este tema), salí en los medios haciendo el mismo llamado a la prudencia”. Patricia agrega que fue volviéndose cada vez más inflexible, pues había drama, más casos y más desobediencia y burla por parte de los polvoreros.

Llegaron los debates televisivos sobre el uso de juegos pirotécnicos. “Me ponían frente a los polvoreros y nunca en la vida pude llegar a un acuerdo con ellos; son muy cerrados y defienden su derecho al trabajo. Me decían que tenía que dar mi brazo a torcer, pero mi posición es que nadie debe manipular pólvora… y no la voy a negociar”.

Su labor dio frutos positivos. En muchos barrios bogotanos no paran de darle las gracias, pues su trabajo constante esfumó el ruido, y lo mejor, el peligro generado por la pólvora. “Sé que el mensaje ha llegado a todo el país, pero no lo ponen en práctica. Esta es una lucha que hay que seguir dando, hasta que un día sea historia… pero lo veo lejano”.

Con más de 30 años en el servicio de quemados, ella sigue haciendo la misma advertencia: los niños no deben ni siquiera acercarse a la pólvora. “He visto niños muertos, ciegos, sin brazos, quemados. Es como darles un arma para que se disparen a sí mismos”.

Su propia y dolorosa experiencia

Esta incansable labor, sumada a sus constantes presentaciones en mesas de trabajo sobre los peligros y huellas de quemaduras generadas por ácido –“este delito tan atroz es muy pequeño y algunas personas no piensan en eso, pero muestra la descomposición social y una gran indolencia de la gente”- le ha hecho merecedora de la Medalla María Currea de Aya, otorgada por el Concejo de Bogotá en 2013 y, recientemente, de la Orden al Mérito Social Antonia Santos, otorgada en el Congreso de la República.

Ella dice sentirse contenta por estos reconocimientos, pero más feliz por el deber cumplido y por la manera como el servicio de quemados le ha servido de consuelo ante sus propias experiencias personales. ¿Por qué? El año pasado, su hija sufrió preeclampsia, a las 27 semanas de embarazo. La bebé sobrevivió, pero solo por pocos días.

“Fue un milagro, una sobreviviente. Nos trajo alegría inmensa, pero también un dolor muy profundo. Los retiros de Emaus (un apostolado parroquial impulsado por laicos de la comunidad) han sido de gran ayuda, así como también lo que vivo en la unidad de quemados. Siempre que llego allá y veo bebés quemados o pacientes electrocutados, pienso: mi problema no es tan grande como el de estas personas, a quienes se les amputa un brazo o quedan deformes o cuando se mueren inesperadamente bebés y chiquitos”.

Amor desmedido por su oficio

Esas experiencias y su vocación de servicio impecable y de calidad, han hecho de la Unidad de Quemados del hospital algo más que un simple lugar de trabajo: es un sitio ejemplar y único en el país. “El amor que siento por esta unidad es inmenso; la cirugía plástica es verdaderamente una especialidad para ayudar a otras personas, es crear, es reconstruir (…) Es imposible pensar en el dinero, porque trabajar en el hospital no paga nada bien; por eso algunos cirujanos plásticos se preguntan qué hacemos nosotros trabajando ahí. La recompensa es otra”, afirma.

También es testigo de la bondad infinita de algunas personas. Hace cuatro años, una mujer muy adinerada, que prefirió mantenerse en el anonimato, se ofreció a leerles dos veces a la semana a los niños del servicio. Fue constante, llevaba juguetes y en cada navidad decoraba la unidad. Se convirtió en una ‘voluntaria de quemados’ y cuando Patricia la doctora se pensionó, le dijo: “Si usted se queda, yo le regalo un sueño”.

Y así nació “Creando un sueño, el arte de sanar jugando”, que consistió en una completa remodelación de la unidad de quemados, donde arquitectos e ingenieros la transformaron en un lugar confortable para los niños. “Ella no permite que digan su nombre –cuenta Patricia-, pero hoy sigue ayudando, haciendo donaciones y leyéndoles cuentos a los niños de forma desinteresada y amorosa”.

Con sus vivencias, su lucha y sus logros,  esta cirujana plástica se niega a descansar. Hoy, como líder del programa de excelencia de la unidad, se trazó el objetivo de seguir trabajando, incluso en medio de la crisis hospitalaria que vive Colombia.

Y también continuará generando cultura ciudadana. “Uno no tendría que prohibir la pólvora para que cada padre de familia, rico o pobre, entienda que su uso es peligroso y mortal. Uno no puede pensar que haya tal salvajismo para que una persona pueda quemar a otra con un químico. Eso no puede seguir pasando en este país”.

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Publicada por: MARICARMEN CERVELLI N
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