Sábado 01 de Octubre de 2016 - 09:24 AM

Una historia de valentía en las Grandes Ligas

“Aunque vivo para jugar béisbol, con el tiempo he aprendido que lo más importante es estar en paz conmigo mismo”. Francisco Cervelli, catcher titular de los Piratas de Pittsburgh.

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Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL
Una historia de valentía en las Grandes Ligas
(Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)

“Desde que tengo uso de razón, juego béisbol. Empecé a los cuatro años y sé que para mi familia, acompañarme en esta carrera desde la niñez significó un gran sacrificio.

En mi adolescencia tuve que madurar a las carreras.  A los 16 años firmé un contrato con los Yankees de Nueva York en sus ligas menores, y con esa edad me mudé a un complejo deportivo en República Dominicana. Allí supe lo que era pasar hambre y enfermarme frecuentemente; aprendí a lavar la ropa sobre mi propio cuerpo en la ducha, aprendí a compartir dormitorio con 40 hombres de diferentes lugares y culturas y a lidiar con el racismo. Ese sitio era una prueba para cada pelotero.

Varias veces pensé en renunciar. Un día llamé a mi mamá llorando porque la comida era horrible y me habían robado. Ella solo me dijo: “¿Tú no querías jugar pelota?” y me cortó la llamada. Tuve que ponerme los pantalones.

En el 2005 me trasladaron a Estados Unidos, todavía jugando en las ligas menores. El primer año no me fue muy bien, llegaron a decirme que solo tenía futuro como coach y que hiciera lo posible por obtener una visa porque no servía como jugador y me iban a echar. Me imaginé que ahí se acabaría todo, pero eso no sucedió. En el 2008 logré ‘subir’ a las Grandes Ligas y al año siguiente los Yankees ganaron la Serie Mundial.

Decisiones equivocadas

Las lesiones han sido mi dolor de cabeza, he sufrido unas catorce. Cada una significó un duro bajón en mi carrera. Debo confesar que me desesperé y tomé decisiones equivocadas en mi vida, y en medio de una larga incapacidad decidí involucrarme con medicamentos no autorizados por la MLB para recuperarme más rápido.  En el 2013 estalló el escándalo. Me suspendieron por 50 partidos. Durante ese tiempo, lo que veía en la televisión era mi cara y la sensación de que había matado a alguien, entonces me encerré en mi casa y no quise hablar con nadie.

No pude dormir por dos semanas. Un día, cuando al fin lo logré, me desperté de madrugada con unas terribles alucinaciones. Fueron tan reales, que tuve que buscar ayuda. Estaba sumergido en una depresión de la que no quería hablar, pero reconocerlo fue el primer paso.

Quiero contarles mi historia a muchos jóvenes que tienen este mismo sueño y advertirles que tomar decisiones en momentos de pánico y frustración cobra un precio de hacerlo muy alto.

Mi proceso de recuperación me llenó de nuevas experiencias. Mi familia y mi novia me ayudaron a salir adelante; aprendí a pintar y a meditar, y los viajes por el mundo fueron una gran terapia.

En 2014 me cambiaron a Los Piratas de Pittsburgh. Hoy soy el catcher titular del equipo, me gané la confianza de los fanáticos, disfruto mi juego, puedo ser yo mismo en el campo y me contrataron por tres años más y 31 millones de dólares.

Estar en mis zapatos es estar siempre alejado de mi familia y amigos, debo viajar viajar todo el tiempo, tengo dolores físicos, mi vida se desenvuelve en un hotel y los días solo me dan para jugar béisbol. Pero también es el trabajo más espectacular del mundo porque hago lo que me gusta; y si volviera a nacer, jugaría béisbol.

Se necesitan ‘cojones’, corazón y cabeza para salir adelante. Cuando la gente me dice que la mente controla todo, sí, es verdad; pero a veces la mente te hace muchas jugadas sucias y no reacciona después de los fracasos. Haber trabajado en mí, me permite ser mejor. Hace tres años atrás, lo más importante era jugar béisbol… y ahora, lo más importante soy yo, esta es mi única manera de ser feliz.

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Publicada por: TOMADO DE REVISTA NUEVA
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