Sábado 12 de Noviembre de 2016 - 10:33 AM

En el servir está el vivir

Su vocación de servicio la ha llevado a trabajar por varias causas sociales en organismos públicos y privados. Así mismo, en su fundación Seamos razones para creer –que ayuda a comunidades vulnerables en algunas zonas de Colombia- encontró un nuevo objetivo: sanar el alma de niños con cáncer.

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Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL
En el servir está el vivir
(Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)

Generalmente, un detonante desafortunado –como la muerte o la enfermedad de un familiar o una vivencia personal influyente- lleva a muchos a empoderarse en el futuro para ayudar a los demás; se involucran en actividades de servicio a la comunidad, se dedican a generar conciencia en otros sobre lo que les sucedió o constituyen organizaciones para dar una mano a quienes más lo necesitan.

Pero Rocío Saiz, una economista tolimense especializada en Responsabilidad Social Empresarial, no necesitó ese ‘detonante’ para desarrollar desde niña una vocación de servicio hacia su entorno y unas ganas genuinas de ayudar a otros. “No hubo una acción puntual, mis papás le echaban la mano a quienes podían y cuando entré al colegio, que era de monjas, ellas me enseñaron profundamente el tema de ayudar a los demás”.

Ese interés la llevó a involucrarse en organismos públicos y privados donde trabajó los temas de responsabilidad social, el funcionamiento de las fundaciones en el país y la gestión de las ayudas. Por ejemplo, en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) coordinó un programa llamado El derecho de la felicidad, el cual trabajaba en alianza con grandes empresas colombianas en iniciativas para los niños que estaban en el programa de protección.

“Esto –recuerda Rocío- me permitió obtener un bagaje sobre la situación de niños normales, con problemas de drogas, abusados, violados y abandonados por tener enfermedades terminales. Ese fue un fogueo muy interesante en cuanto a relacionamiento empresarial y a mi nicho, que son los niños”.

Luego pasó a liderar proyectos en la Fundación Ecopetrol. Tiempo después, y debido a discrepancias de tipo laboral, Rocío decidió renunciar. Al día siguiente se fue a la Cámara de Comercio y constituyó legalmente  Seamos razones para creer, una organización sin fines de lucro que ya funcionaba cuatro años antes -con mucha acción en las redes sociales-. Y aunque esta fundación se dedica a apoyar a las comunidades vulnerables de algunas zonas de Colombia, es el manejo de patologías oncológicas en menores de edad su foco principal.

Curando desde el alma

El Instituto Nacional del Cáncer en Estados Unidos explica en su apartado Estrés psicológico y el cáncer, que aunque es necesario hacer más investigaciones al respecto, “algunos estudios han indicado una relación entre varios factores psicológicos y un mayor riesgo de cáncer”. La institución agrega que “la evidencia de estudios experimentales sí indican que el estrés psicológico puede afectar la capacidad que tiene un tumor para crecer y diseminarse”.

Esta evidencia sirve para ilustrar un poco la conexión que ha establecido Rocío Saiz en su trabajo con niños enfermos de cáncer y lo que ella quiere lograr. Poco antes de salir de Ecopetrol ella comenzó a relacionarse con el Instituto Nacional de Cancerología de una forma especial. En una de sus visitas, conoció a un niño que había perdido un ojo a causa de un tumor cerebral; cuando lo vio, le preguntó qué regalo iba a pedir para Navidad. El pequeño le contestó: “Salud, yo no quiero nada más”. Y esa frase fue suficiente para engancharla al tema del cáncer, “al ver a niños que pese a su condición de vulnerabilidad en temas económicos, lo único que quieren es ser felices y tener salud”, asegura Rocío.

Muchos de los pequeños que ha conocido tienen un pasado marcado por la violencia, el abandono y el abuso. Para ella, estas huellas han incidido en el desarrollo de sus enfermedades, y por eso no solo promueve sanar la enfermedad sino también su alma. Su objetivo es trabajar las emociones de los niños, dándoles esperanzas para amar la vida, enseñándoles a sonreír a pesar de las adversidades, liberándolos del dolor de su pasado y ayudándolos a perdonar.

De ahí que su gran proyecto es crear el Centro para el alma, un lugar que hospedará a 25 niños junto con sus cuidadores, para que reciban sus tratamientos y puedan, de la mano de distintos especialistas, sanar sus heridas, mejorar su salud o ‘partir’ hacia la muerte, libres de sufrimiento.

Sanación interna y externa

¿Qué la llevó a tomar la decisión de crear el Centro para el alma, destinado a darles tratamiento a niños enfermos de cáncer?

Fui una de las cien primeras en entrar a WikiMujeres (grupo cerrado de Facebook dedicado al networking femenino). Ahí conocí a ‘Jero’ (Jerónimo Torres fue un niño que murió de leucemia en marzo de este año). Se me ocurrió hacer un bingo, una especie de Wikitón para ayudar a la campaña de #LetsgoJero.

Y en tres días me involucré con él, se recogieron más de 200 millones de pesos y 500 regalos. Dos semanas antes del resultado de la Wikitón, ‘Jero’ falleció. El día de su muerte llegó Diego, un niño que se estaba muriendo y quería conocer el mar. Lo llevamos a Cartagena, pasamos unos días inolvidables y él cumplió su sueño.

A raíz de interactuar con Diego nos dimos cuenta de que su enfermedad estaba relacionada con violación, antecedentes familiares muy tristes y asuntos muy pesados que nos llevaron a una conclusión: las enfermedades vienen del alma; la misión de ‘Jero’ era lograr la transformación de su papá y Diego necesitaba sanar.

¿Y cómo funcionará este centro?

Será un lugar para 25 niños y 25 mamás. Tendrá hospedaje y los chicos podrán tomar un tratamiento en el Cancerológico. No será un albergue ni un orfanato; eso me suena horrible. Sin un peso, desde la fundación ‘soñamos con toda’ para que este proyecto se dé. Soñamos con un centro que contará con baños y condiciones asépticas nivel ‘10’.

Adicionalmente les dará a los niños ayuda espiritual no religiosa, la cual busca que vuelvan a creer en sí mismos; y a través de la sicología, que descubran de dónde viene su enfermedad y si ésta es transgeneracional. Esto les servirá para que den su testimonio de vida o se vayan descargados. El centro tiene como objetivo ayudarlos a sanar su alma y su corazón.

¿Qué se necesita para hacer este sueño realidad?

Aunque ya hay muchos voluntarios, se necesitará una infraestructura humana fija. Es necesario trabajar en la sostenibilidad de la fundación.

Queremos despertar la responsabilidad social individual de ser humano. Queremos trabajar con médicos, que saben mucho de la ciencia y son esenciales en la recuperación de los pacientes, pero también les queremos enseñar más humanidad, que aprendan otros roles, el de payasos, aquellos que hacen reír y que más allá de su oficio tratan a sus pacientes como seres humanos.

Su propia sanación

No debe ser fácil su trabajo. ¿Cómo le afecta cuando muere un niño de cáncer y cómo se sana usted para ayudar a sanar?

A mí no me afecta. Me deprimen más la ineficiencia del sistema y la indiferencia de la sociedad. Y eso lo tengo que aprender a manejar. Muchas de las falencias del sistema son por culpa de la corrupción, porque recursos sí hay.

La persona que me enseñó esto fue el padre Guillermo, cuando yo estaba en la universidad. Me llevó a un centro del ICBF, donde conocí a uno de mis grandes amores, se llamaba María del Pilar; era una niña con hidrocefalia, hija de una prostituta, quien la usaba para pedir limosna en la calle. Ella no solo fue mi primer manejo de emociones, también me demostró que yo podía ayudar a un bebecito tan vulnerable y además me ayudó a entender que la gente se muere.

Pero el tema me sigue dando supremamente duro. En estos días me llamó la mamá de Juan Felipe, un niño con retinoblastoma (tumores en los ojos), que perdió un ojo a raíz de la enfermedad. Me dijo que va a perder el otro, ese día lloré, me morí y sobreviví para ver cómo los ayudaba.

Entonces, ¿cómo ve usted a la muerte?

Hay que aprender a verla con practicidad, no es algo triste, es una promoción a un nivel mucho más interesante e importante en el plano espiritual.

¿Cómo se le hace un acompañamiento adecuado a un niño con cáncer?

Siempre les recomiendo tener una chocolatina en la cartera. Darles un poquitico cuando ellos se ‘bajonean’ les dispara el estado anímico, especialmente en la quimioterapia. Por otro lado, hay que mostrarles las ganas de vivir, por qué hay que vivir, lo chévere y lo bonito de vivir. Un niño solo y abandonado se va rapidísimo. Las heroínas aquí son las mamás, a ellas les toca dejar el trabajo y dedicarse en alma, vida y corazón a su hijo enfermo con cáncer; pero Dios no nos pone más carga de la que podemos aguantar.

¿Cómo le gustaría dejar huella?

Transformando mentes. Diciéndole a la gente que cuando decides ser voluntario, debes comprometerte de verdad, le agregas una obligación a tu corazón. Debemos sentir, pero también debemos ayudar; si no sirves a otros, no has vivido. Debemos contagiar a nuestros hijos; que aprendan a tratar con normalidad a las personas con enfermedades y a ayudar a los demás.

El servir no solo es ayudar a quien lo necesita. Se aplica en todo lo que haces, porque todo fluye como una cadena de procesos que funcionan. Todo se aplica en todo. Esa es la transformación a la que debemos llegar.

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Publicada por: MARICARMEN CERVELLI N.
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