Sábado 26 de Noviembre de 2016 - 10:43 AM

“Hay que atreverse a cuestionar cada acto que nos haga sentirnos avergonzadas”: Margarita Rosa

Su voz, pluma e interpretaciones; su ímpetu y honestidad la inmortalizan y la convierten en una de las mujeres más importantes de los últimos 30 años en la escena colombiana.

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Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL
“Hay que atreverse a cuestionar cada acto que nos haga sentirnos avergonzadas”: Margarita Rosa
(Foto: Revista Nueva /VANGUARDIA LIBERAL)

La eterna ‘Niña Mencha’, la ‘Gaviota’ con aroma de café. La misteriosa, audaz y variopinta Margarita Rosa de Francisco. La mujer que muchos colombianos llevan en su corazón y en sus recuerdos. La que se ha desprovisto de tantas pieles a lo largo de su vida y la que aboga con su palabra por las mujeres para que cada día sean capaces de tomar sus propias decisiones, de abrirse a lo nuevo, a lo desconocido y a lo juzgado.

De cuerpo envidiable, ímpetu eterno y una madurez que le ha permitido contar, sin demasiadas vueltas, sus amores caóticos y desafiantes, y las preguntas constantes sobre su propia existencia, ha llegado a lo más alto de la memoria colectiva porque desde los años ochenta es una celebridad que levanta polvo por donde va.

Su recién estrenado libro, El hombre del teléfono, la pone de nuevo en la mente de sus admiradores y detractores. Pero Margarita Rosa es más que eso, ella es historia y sigue dejando huella. Dice lo que piensa y en sus columnas confiesa que ha sentido envidia, que se ha arrepentido de muchas cosas y que sabe que la decisión de no haber tenido hijos fue una de las más acertadas de su vida. Le gusta bailar, leer, escribir y hacer mucho ejercicio; y admite ser perfeccionista, selectiva y muy apasionada.

Preocupada por el tema de la educación, sobre todo de las mujeres, no pierde de vista que esto las empodera y les permite ser más conscientes de su rol femenino y sus capacidades profesionales. “La mujer colombiana es muy atractiva porque a pesar de ser muy capaz, no pelea con su posición de mujer entrañable y hogareña. Pero las mujeres que no tienen acceso a la educación se quedan sin argumentos para apreciar su valor”, dice.

Por todo eso, queriendo o no, Margarita Rosa no solo representa una época dorada de la televisión colombiana. También ha comprobado que no solo fue una de nuestras mejores actrices sino que su personalidad, inteligencia y vivencias personales le dieron un carácter tan vigente, que nunca anda alejada de la realidad de cientos de mujeres que la admiran y la ven como un modelo a seguir.

Margarita Rosa, su visión de lo femenino

A pesar de su fama y trayectoria, ¿considera que usted nos representa como género?

Evito considerarme modelo de nada o representante de nada. Sería, no solo arrogante, sino más bien cómico.

¿Pero la mujer "del común” se puede identificar con usted?

Claro que sí. Las mujeres somos todas mujeres y eso nos hace semejantes, no importa si somos actrices, policías, vendedoras o prostitutas.

En una de sus columnas usted escribió: “Yo me arrepiento de haber obedecido algunas veces la ley histórica y soterrada que nos ha obligado a las mujeres a odiarnos a nosotras mismas. Yo me arrepiento de no haberme arriesgado más temprano a corroborar mi verdadero valor como persona y como mujer”. ¿A qué leyes históricas y soterradas se refiere y qué nos recomienda desde su experiencia para liberarnos de esas ataduras?

Una ley soterrada es aquella que no está explícita sino por debajo de los comportamientos vistos como “normales”. Es normal que un hombre se acueste con varias mujeres, no que una mujer lo haga.  Es normal que la imagen ideal de mujer sea la virgen María. ¿Por qué una virgen? Para mí no hay nada más anormal que esa imagen. En fin. Hay que atreverse a cuestionar cada acto que nos haga sentirnos avergonzadas.

¿Cómo cree que ha cambiado el rol de la mujer colombiana en estos 30 años?

Desde que la mujer tiene derecho a votar se sembró la semilla de su valor como sujeto de la sociedad. Su progreso se ha expresado con su participación en muchas áreas que eran solo designadas para hombres, pero falta todavía mucho. La cifra de feminicidios y maltrato a la mujer sigue siendo alta; por eso insisto en la educación, eso es lo único que nos salvará por completo.

¿Y cómo ve a los hombres?

El hombre colombiano es machista aunque no quiera, pero la sociedad entera está cambiando. Para mí, la educación con un enfoque abierto es la clave para que ellos formen parte del cambio.

Margarita Rosa, la mujer

¿Cómo ha logrado reinventarse durante todo este tiempo?

Estoy un poco cansada de la palabra “reinventarse”. Yo he logrado más bien quitar mucha mugre de mi cabeza. El resultado es, por supuesto, renovador. Lo he logrado a punta de una autoobservación minuciosa y disciplinada. Tratando de no decirme mentiras y de no juzgarme tan duramente.

Dice que hoy se siente feliz. ¿Cómo llegó ahí?

Feliz es una palabra ligera y muy imprecisa. No todos los días estoy “feliz y contenta”. Pero la mayoría de mis días son tranquilos, nunca me deprimo, y eso ya es mucho decir sobre la felicidad. Llegué a esto desde que siento la certeza de que no tengo nada más que ambicionar en este mundo.

¿El amor de una mujer joven es diferente al de una mujer más madura?

No creo que sea cuestión de mujeres solamente. La juventud les apuesta a las emociones fuertes, distractoras, que los “hagan sentir vivos”. El enamoramiento está sobrevalorado, los enamorados se enamoran de una fantasía, se ve cada uno reflejado en su propia idea de perfección y se la proyecta al otro, por eso es empalagoso y termina cansando, porque no tiene sustento en algo real. El desengaño es inevitable. Por eso la persona madura, si se ha enamorado más de una vez, tiene el chance de advertir esto mucho más claramente que una persona joven.

Margarita Rosa, la escritora

¿Cómo vive su oficio de columnista, de dónde sale cada tema y por qué cree que su opinión tiene tanto peso en este momento?

Todavía no me creo eso de mi “oficio de columnista”. Cuido mucho esa esquina que me ha concedido Roberto Pombo con mucha generosidad y valentía. Escribo sobre las cosas que realmente me inquietan, que casi siempre tienen que ver con el origen de los eventos humanos. Como siempre, no encuentro respuestas, pero para mí es importante formular la pregunta. No creo que mi opinión tenga peso, sino que la inquietud muchas veces es la misma y eso produce empatía.

Cuando publicó su columna en la reafirmaba que estaba feliz de no haber sido mamá, la atacaron mucho. ¿Qué mensaje les da a las mujeres que han tomado la misma decisión, y que son señaladas y juzgadas por una sociedad aún muy conservadora?

Que ni siquiera traten de defenderse, que sigan construyendo su independencia sin desafiar a nadie, con alegría, con paz, sin agresividad. Una mujer plena ya es suficiente testimonio de que va por buen camino.

Acaba de publicar su libro El hombre del teléfono, donde revela –con valentía y claridad- historias de su vida. ¿Por qué se atrevió a confesar  esas vivencias?

Más que la intención de confesar vivencias, El hombre del teléfono es una aventura estética en mi intención de escribir. Adoro hacerlo y desde chiquita escribo sobre lo que veo y siento. El texto de este libro comencé a trabajarlo desde hace años, sin saber que iba a publicarlo. Si lo hubiera sabido, de pronto no habría sido tan personal. Pero se me convirtió en un reto narrar algo inspirado en una época de mi vida de manera hilada y coherente, tratando de encontrar poesía en los eventos más duros.

Usted dice que en la época que narra en su libro (tenía 25 años) se sentía desgraciada.

¿Por qué?

Porque estaba muy confundida, desgarrada, sola. No me sentía bien dentro de mi propia piel, insegura de mí misma en todo sentido.

¿Qué quería en ese momento Margarita Rosa de Francisco y qué tuvo que pasar para que pudiera encontrarse con la mujer que andaba buscando?

En ese momento, lo único que tenía claro era terminar de prepararme como actriz con toda conciencia. Quería ser amada, pero me faltaba mucha autoestima y así lograr estar lista para recibir al indicado. En mi caso ese proceso tomó mucho tiempo. Veinticinco años para poder decir, por fin, me siento a gusto, ahora sí puedo vivir.

Margarita Rosa y la belleza


¿De dónde viene su obsesión por el ejercicio y la imagen?

Viene desde que salí de un yeso que llevé por nueve meses después de una cirugía muy seria por escoliosis. Mi inquietud estética tiene que ver con un tipo de equilibrio, con las proporciones, las alineaciones, la postura. Todo esto debí reconstruirlo después de la operación. Por eso trabajar mi cuerpo para transformarlo en un instrumento fuerte y agradable a mi vista se volvió un proyecto de vida que además no se termina nunca.

¿Se siente libre de las presiones propias y ajenas por tener una imagen hermosa?

Cada vez me siento más ajena a lo que la sociedad entiende por mujer bella, que casi siempre está asociado con la juventud. Para mí no ser más una mujer joven, es un alivio, la belleza ya no es mi deber. Aunque de hecho, no merece serlo en ningún caso, pero hablo en los términos pobres que utilizan los imperativos sociales. Eso sí, tengo mis propios parámetros para sentirme bella. Me siento bella cuando me acepto, cuando no siento la obligación de demostrar nada, cuando bailo, cuando soy libre.

¿Las colombianas están muy presionadas para ser las más lindas?

En Colombia es innegable que hay un énfasis en el hecho de que haya tantas mujeres bellas. Tiene fama precisamente por eso. Sí hay una preocupación por ajustarse a los cánones que prefieren los hombres aquí. Esto termina presionando a la mujer, la saca de su propia conquista y la ubica en un lugar ambiguo, entre cosa y diosa. Sin embargo, hay algo en la belleza de las mujeres colombianas que las hace diferentes; es una belleza que no es fría, al contrario, es pura alegría, color y coquetería.

¿Tiene miedo a envejecer?

No, al contrario. Estoy disfrutando las huellas del tiempo, mis arrugas son bienvenidas. Lo que sí quiero es ser una viejita ágil, que camine bien, que sea derechita, que tenga vitalidad.

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Publicada por: MARICARMEN CERVELLI N.
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