2008-10-14 16:17:50

Cuando el fondo se rompe

El gobierno de los países bajos en Europa no debe estar muy contento en estos momentos. Pero más iracunda debería estar la opinión pública nacional, ahora que se conocieron unos sucesos dignos de la ironía más absoluta, que permiten no solo confirmar que los organismos fiscalizadores de este país están corrompidos hasta la médula, sino que van incluso más allá.

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Cuando el fondo se rompe

La historia comienza según la revista Cambio 16, con unos fondos destinados por los Países Bajos (Bélgica Holanda y Luxemburgo) a la Contraloría General de la Nación, para instaurar un programa cuyo objeto era alentar la participación ciudadana en la vigilancia de los recursos públicos.

En pocas palabras, se pretendía que veedores cívicos permanecieran con los auditores de la Contraloría durante el proceso de control y vigilancia de los dineros oficiales.

Como es fácil de suponer, en principio el programa mostró resultados bastante satisfactorios. Con los 3700 millones de pesos donados por los europeos para mejorar los resultados de la Contraloría, se realizaron 220 auditorías en las que participaron más de 380 organizaciones de todo el país entre las que estaban grupos de ciudadanos y veedurías cívicas. Los beneficios fueron entonces, realmente admirables.
Pero hasta ahí llegó la parte feliz de la historia.

A partir de ese punto, el Contralor Julio César Turbay Quintero comenzó el desmonte gradual del programa, a pesar de que a los 3.500 millones iniciales los siguieron 5.500 millones de pesos más que a la postre terminaron según denuncias, en viáticos, nómina y gastos generales.

En consecuencia, es la misma Contraloría la que es investigada actualmente, en un episodio que ilustra con precisión matemática hasta dónde han caído los organismos fiscalizadores de este país. Organismos que no solo patrocinan la impunidad con una negligencia que permite que billones de pesos se pierdan en los laberintos de la corrupción, sino que incluso los recursos que les donan para cumplir con sus obligaciones, corren idéntica suerte.
En materia de descomposición moral Colombia tocó fondo y ese fondo, está roto.

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Publicada por: REDACCION EDITORIAL