2008-10-11 21:31:54

Las narices incorruptibles

A finales de mayo de 2002, seg√ļn un informe de inteligencia del Ej√©rcito, las Farc ofrec√≠an una recompensa de diez millones de pesos por cada militar experto en destruir explosivos que fuera asesinado y un mill√≥n por los perros que son entrenados para este trabajo.

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Las narices incorruptibles

Un perro que aprende a detectar explosivos frustra de tajo la desgarradora posibilidad de que un soldado, un ni√Īo o un campesino quede mutilado o sea v√≠ctima de esquirlas tan destructivas como el alambre de p√ļas, tornillos, puntillas, grapas y hasta heces humanas que al incrustarse en el cuerpo pueden causar una muerte muy dolorosa.

En esta guerra despiadada no es dif√≠cil entender que un perro antiexplosivos es tambi√©n un ¬Ďblanco¬í para la guerrilla. Y uno importante.

De acuerdo con el reporte de 2002, el plan qued√≥ evidenciado en una conversaci√≥n de radio entre guerrilleros de dos frentes que operaban en Cundinamarca y Arauca. ¬ďD√≠gale a las escuadras que reciben buena promoci√≥n por cada chandoso (perro) y cada tumbaminas (t√©cnico). Un paquete (un mill√≥n de pesos), y otros diez por cada uno¬Ē, dice la grabaci√≥n.

Ese mismo a√Īo, poco antes de que se conocieran estas grabaciones, en el norte del pa√≠s, cuando un grupo Exde del Ej√©rcito, cuya funci√≥n es encontrar y destruir minas, inspeccionaba el camino de acceso a unas torres de energ√≠a, un pedazo de carne hizo que ¬ĎMax¬í, un labrador dorado entrenado para encontrar explosivos, se distrajera y se dirigiera hacia el alimento.

En esa ocasión, una mina acabó con la vida del animal y con la de su guía.

En 2007, ¬ďla guerrilla mat√≥ a un perro a tiros, era antiexplosivos y pertenec√≠a al Batall√≥n Garc√≠a Rovira. La guerrilla busca la manera de masacrarnos los perros. Son un blanco m√°s¬Ē, afirma el sargento segundo Luis Enrique Fl√≥rez, Director del Centro Canino del Batall√≥n de Ingenieros Caldas, de la II Divisi√≥n del Ej√©rcito.

En este lugar, que parece una peque√Īa ciudad canina con capacidad para albergar a 58 perros que son entrenados para convertirse en verdaderos sabuesos, hay un cementerio para los perros ca√≠dos en combate.

¬†Est√° en toda la entrada. Una placa de honor lleva el nombre de ¬ĎPatty¬í. Muri√≥ el 9 de abril de 2005 en San Jos√© de Tarra, Norte de Santander y salv√≥ a su gu√≠a, el soldado Maldonado.

Seg√ļn Fl√≥rez, el explosivo est√° esperando a que llegue la v√≠ctima. Y ¬ĎPatty¬í cay√≥. ¬ďEn el momento en que el perro detect√≥ la mina, el gu√≠a estaba parado al lado de otra y cuando se iba a mover, el animal se le puso de frente al gu√≠a, activ√≥ la mina y √©sta lo mat√≥. El gu√≠a recibi√≥ algunas esquirlas pero se salv√≥. El perro lo salv√≥¬Ē.

Por una recompensa

Los perros que recibe el Ejército vienen de criaderos privados. Y en su mayoría son de tres razas: Labrador, Pastor Alemán o Golden Retriever.

Llegan desde los cinco meses, cuando casi han terminado de mudar dientes, y la m√°xima edad permitida para recibir entrenamiento en el trabajo de reconocer explosivos, es el a√Īo y medio.

Estas razas son resistentes a los cambios de temperatura y no son agresivas; por el contrario, son muy dóciles y aprenden con rapidez.

¬ďEl labrador es el que m√°s trabaja. El Pastor alem√°n tiene problemas de displasia de cadera (un defecto de esta raza que le produce dolor por el desplazamiento permanente), y por eso ya no se utiliza tanto¬Ē, explica Diana Roa, veterinaria del Centro Canino del Batall√≥n Caldas desde hace siete a√Īos.

De las tres razas, los labradores son los príncipes por una razón adicional que asegura el éxito de estos rastreadores profesionales: el juego. Un perro antiexplosivos trabaja motivado por un juego aparentemente elemental: busca emocionado un juguete y cuando lo encuentra, espera impaciente la recompensa de su amo.

Así funciona: En el juguete, que en este caso es un retazo de toalla blanca enrollada, el instructor coloca una muestra de explosivo.

¬ďCuando √©l inhala, retiene los olores y en el momento de la b√ļsqueda, los localiza. En una segunda etapa le ense√Īamos a buscar de una forma ordenada y tambi√©n en diferentes lugares como carreteras, caminos, trochas, bosques y campo abierto¬Ē, explica el director del Centro Canino.

No se utiliza ning√ļn objeto que le cause dolor al perro, traumas o maltrato. Y hasta ahora, seg√ļn Fl√≥rez, los olores de los explosivos no han causado ning√ļn tipo de intoxicaci√≥n. ¬ďEl perro no tiene contacto directo con el explosivo, porque para eso se utiliza la toalla o bolsas de dril. Al perro solo le llega el olor¬Ē, dice Fl√≥rez.

Con una palmada en el lomo, el gu√≠a lo anima: ¬ďVamos a trabajar ni√Īo¬Ö a buscar explosivos¬Ö¬Ē. Y emprende la carrera. Va pendiente del olor, pero cuando lo encuentra no act√ļa desesperado buscando un hueso que quiere desenterrar.

Esa es otra de sus caracter√≠sticas. El perro huele el explosivo y mira inmediatamente al gu√≠a, es una mirada ansiosa porque sabe que encontr√≥ ¬Ďsu juguete¬í y espera que lo premien. Es su felicidad. Pero lograr que lo haga es un trabajo de todos los d√≠as.

¬ďSe le ense√Īa a realizar una se√Īal pasiva para que cuando √©l encuentre el explosivo, no lo coja. Entonces, sencillamente se aleja un poco del lugar y se sienta. Esa es la se√Īal¬Ē, explica el soldado profesional Ortiz, unos de los instructores del Centro Canino.

Por sus manos han pasado cerca de 500 perros y no s√≥lo entrena a perros antiexplosivos, tambi√©n a los que se especializan en narc√≥ticos, protecci√≥n y asistencia (para ni√Īos especiales).

Antes de ser instructor, Ortiz fue durante tres a√Īos gu√≠a canino en los l√≠mites de Arauca y Boyac√°, en el sur de Bol√≠var y Oca√Īa.

¬ďEn Arauca tuve a ¬ĎRufo¬í, un labrador dorado que ten√≠a un record de 350 minas encontradas. A√ļn vive pero ya est√° pensionado¬Ē, cuenta.

¬†Y es que a los perros tambi√©n se les da ¬Ďla baja¬í en el Ej√©rcito. Esa es la recompensa final de los sabuesos que han salvado con su nariz, la vida de muchos.

Los pensionados

¬ĎTato¬í, un labrador dorado, es el m√°s viejo de la manada del Batall√≥n Caldas. Tiene seis a√Īos y aunque ya est√° pensionado, permanece en el Centro Canino porque su gu√≠a, el soldado profesional Barajas, trabaja en el lugar.

Dur√≥ activo cuatro a√Īos y hace dos se le dio ¬Ďla baja¬í. Barajas lo recibi√≥ de a√Īo y medio y dice que todav√≠a, cuando ve la toalla blanca, se pone todo piloso. ¬ď√Čl escucha sonidos imperceptibles para nosotros y mueve sus orejas. Al perro, como dicen, lo √ļnico que le hace falta es hablar. Con √©l, estuve en el Catatumbo y encontr√≥ una caleta con 25 equipos de campa√Īa de la guerrilla. Tambi√©n minas, unas diez¬Ē.

Pero los perros tambi√©n se pensionan, si sufren, por ejemplo, lesiones en los huesos. ¬ďSe operan, se les da de ¬Ďbaja¬í y se les consigue un hogar sustituto. Hay algunos a los que se les quema la nariz y otros que por edad empiezan a cansarse demasiado y a volverse mentirosos¬Ē, explica Diana Roa, la m√©dica veterinaria del Centro Canino.

La Leishmaniasis¬† es otro de los problemas. ¬ďEstamos manejando el mismo Glucantime que se utiliza para humanos (30 ampollas), pero el problema es conseguir los medicamentos. Llegan de Bogot√° pero se demoran¬Ē.

Horas de trabajo

Los perros trabajan de acuerdo a la temperatura. Si se est√° en clima c√°lido, el perro puede trabajar 10 minutos y tiene que descansar el doble de tiempo. Si el clima est√° muy bajo, trabajan 30 minutos y descansan otros 30.

El calor hace que los olores que se encuentren en el medio se dispersen con mayor facilidad. Y eso dificulta la labor del perro. Por eso es importante hidratar al animal.

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Publicada por: ereyes@vanguardia.comELIZABETH REYES LE PALISCOT