2008-10-17 05:00:00

Infantes beodos

Tengo fotos, recuerdos y un repertorio de anécdotas que se deslizan de los labios de toda la gavilla de mis compinches, sobre las épicas borracheras de mi amiga Julia.

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Infantes beodos

Claro, todos la consideramos un ingrediente infaltable en cualquier fiesta. Julia es simpatiquísima, extrovertida, locuaz, inteligente y una bebedora muy persistente. No, nadie diría que es alcohólica, que va, si tiene un trabajo, duerme de noche y solo bebe en ocasiones; pero….

Por eso no ha podido perdonar mi imprudente carcajada, cuando con lágrimas en los ojos me contó que su hijo Daniel, de escasos 12 años, había llegado a casa sin tenerse en pie de la “perra” después de una fiesta infantil. “¿Y qué esperabas?”, le dije cruelmente. Daniel es sólo uno de los niños que está produciendo un pánico entre los directivos escolares y los psicólogos infantiles.

“De todas las celebraciones, fiestas o reuniones que organizas, ¿cuántas has hecho sin ocuparte antes de la provisión de trago?”, le pregunté a Julia cuando contestó a mi risa con cara de sorpresa. Muy inoportuna la pregunta, pero ella misma añadió: “¿y cuántas veces no he comentado lo “cula” que es fulana porque no se tomó ni un trago en tal o cual reunión?”. “Y acaso –siguió diciendo- no celebro como hazaña cada “pea” de alguno de mis amigos?” .

Somos una sociedad tabernera y beoda; no vemos al licor como un aperitivo, un acompañamiento para las comidas o un mesurado relajante para el final de un día duro. Bebemos para emborracharnos hasta perder la noción de la realidad, para vomitar, para pelear, para “cagarla” y tener al otro día algo de qué hablar. Nos drogamos para escapar y fumamos para llenar nuestros vacíos, no como lo hacían los sabios indios: para paliar el hambre.

Ahora cuando la adolescencia es cada vez más temprana y las víctimas de esas edad/enfermedad sólo quieren agradar, pues toman para no ser tan “culos” como la amiga abstemia de Julia.

“A uno, con lo que lo criaron”, dice un mordaz amigo tolimense. Comemos arepa porque eso nos dieron siempre, dormimos de noche y trabajamos de día porque eso hacían nuestras mamás (casi todas), y por supuesto, bebemos desde que tenemos memoria porque eso hacían en la casa todos, hasta cuando se moría un pariente. Así que querida Julia, ¿de qué te quejas?.

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Publicada por: Samuel Chalela O.