2008-10-30 05:00:00

La nobleza de la mariposa

Al principio la mariposa es fea. Se arrastra de una manera viscosa, pues deja un reguero de babas por doquier. Es frágil y ni siquiera conserva su nombre; de hecho la gente la tilda de oruga. ¡Bueno así se llama!

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La nobleza de la mariposa

Los demás animales gozan viéndola así. Los que más disfrutan de su fealdad son el ‘maleducado’ sapo y el ‘asqueroso’ murciélago; ellos creen que al lado de la oruga ‘resplandecen’.

 Dicen que cuando este insecto se encuentra en la primera fase de su vida, no para de llorar. Los que saben interpretar las señales de la naturaleza, aseguran que la mucosidad de su piel es sólo la huella de un corazón derretido por el desprecio.

Sin embargo, ese llanto es el inicio de una metamorfosis. En cada lágrima de la oruga hay un poema de ternura infinita. La humedad de sus ojos representa todo lo sublime que encierra el alma de este singular animal.

Y es que cuando el tiempo pasa, esa oruga se convierte en una mariposa, de bellos y brillantes colores; algunas de ellas son enigmáticas. Sin embargo, todas encierran una belleza desbordante.

Lo mejor de ella es que cuando crece no olvida su procedencia y siempre guarda su espíritu noble. Eso no le impide vivir con grandeza. Es más, ella se pinta los labios con el polen de las flores y nos regala el perfume de las rosas.

Muchos son como las mariposas, llevan la belleza escondida en el fondo de su ser a la espera de un futuro cambio. Sí, también lloran como la oruga. Lo que ignoran es que esas lágrimas se cristalizarán no en dolores, sino en fuerzas para continuar y emprender el vuelo de las mariposas.

Podemos estar sumergidos hoy en un capullo de confusiones, pero debemos entender que el volar sólo podrá llegar después de luchar por nuestras metas.

Algunas veces las luchas son lo que necesitamos en la vida. Si Dios nos permitiese progresar sin obstáculos, nos  convertiría en inválidos. No podríamos crecer y ser tan fuertes como lo somos hoy día.

Y si vencemos y volamos, como Dios lo espera, debemos tener presente nuestro origen; así como lo hace la mariposa. Jamás olvide su nobleza.

bella historia

“Un día, en una  pequeña abertura apareció una oruga. Un hombre se sentó a observarla durante varias horas, viendo cómo se esforzaba  para hacer que su cuerpo saliera a través de aquel pequeño capullo.

Llegó un momento en el que pareció que la oruga, a pesar de su esfuerzo, no avanzaba nada. Parecía que había llegado a un punto en que ya no podía avanzar más...

Entonces el hombre decidió ayudar a la oruga y agrandó el agujero. La mariposa salió sin dificultad.
Pero su cuerpo estaba débil, las alas no estaban desarrolladas y las patas no la sostenían.

El hombre continuó observándola esperando que en cualquier momento se lanzara a caminar y emprendiera el vuelo a través de las flores.

Pero nada sucedió. La verdad es que la mariposa pasó toda la vida arrastrándose por el suelo. Fue incapaz de elevarse.

Lo que el hombre, que con toda su buena voluntad quiso ayudar a la mariposa, no entendía es que al hacer un gran esfuerzo para atravesar el pequeño agujero, los jugos vitales se iban distribuyendo y extendiendo por las partes del cuerpo que requerían fortaleza para volar. Al pasar el agujero sin ese esfuerzo, las alas no recibieron la sustancia necesaria.

Reflexión: algunas veces necesitamos el esfuerzo y la dificultad en nuestra vida. Si el Creador nos permitiera pasar por nuestro mundo sin obstáculos, quedaríamos débiles. No llegaríamos a ser tan fuertes como Él quiere que seamos. Nunca podríamos llegar a volar. Un problema lo llena a usted de fuerza para continuar.

Peticiones

Pedí fuerza… Y Dios me dio dificultades para ejercitarme.
Pedí sabiduría... y Dios me dio problemas para resolver.
Pedí prosperidad... y Dios me dio inteligencia para trabajar.
Pedí coraje... y Dios me dio obstáculos para superar.
Pedí amor... y Dios me dio personas a quienes ayudar.
Pedí favores... y Dios me dio oportunidades.
Yo no recibí nada de lo que pedí... pero he recibido todo lo que necesitaba.

¿... Y usted qué pide?

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Publicada por: eardila@vanguardia.comEuclides Ardila Rueda