2008-11-01 21:00:04

Así es el tráfico de ciudadanos chinos en Santander

En la pequeña oficina del área de Extranjería del DAS en Bucaramanga, ocho ciudadanos de China se comunican entre ellos. Hablan cantonés, el tercer dialecto de la República Popular China. Los agentes de inmigración no entienden absolutamente nada. La única opción es intentar con el inglés.

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Así es el tráfico de ciudadanos chinos en Santander

- ¿Do you speak english?

Un hombre cuya edad no supera los 30 años gira la cabeza de un lado para otro. Es claro. La respuesta es no, pero el agente del DAS no le cree.
- ¿Where are you from?

La respuesta es la misma.
- China. China.  Repite incesante el hombre, como queriendo demostrar que es lo único que sabe decir en español. Luego pronuncia una frase en cantonés irrecordable.

El agente del DAS renuncia a su intento de comunicarse. El asiático sonríe en un gesto que hace ver aún más cerrados sus ojos negros rasgados. Es comprensible que no diga nada. Los traficantes de inmigrantes les exigen a sus víctimas no hablar y por nada delatarlos.
Afuera, en los pasillos del DAS, otros siete ciudadanos de China esperan. Dos de ellos hablan mientras las mujeres están recostadas en un sillón. A un lado reposan sus bolsos y varias botellas de agua.

Faltan 15 minutos para las seis de la tarde y hace media hora que la Policía entregó a estos ocho extranjeros al DAS. Todos carecían de visa.

Una hora y media atrás, en la vía que de Bucaramanga conduce a Cúcuta, los ocho chinos fueron detenidos en un puesto de control de la Policía de Carreteras.
Viajaban en dos vehículos particulares conducidos por dos colombianos, quienes aseguraron que fueron contratados para llevarlos a Cúcuta. El primero explicó que fue contactado en Palmira (Valle)  por un hombre que no conoce, y quien le entregó $300 mil por el viaje. El segundo afirma que en el ‘Parque del Agua’ de Bucaramanga recibió $200 mil por llevar a los extranjeros a Cúcuta y no hacer preguntas.

Desde que la Policía los dejó en las instalaciones del DAS, no se han movido del pasillo. Aunque el lugar cuenta con celdas, a los chinos no los mantienen encerrados. Tienen autorización para caminar por la primera planta de la edificación, entre otras cosas, porque los detectives los consideran unas “personas tranquilas”.

Para los funcionarios del DAS en Santander, la presencia de estos inmigrantes no es novedad. En los últimos cuatro meses fueron detenidos, deportados y expulsados, 39 ciudadanos chinos, nueve de ellos menores de edad.

Entre los ocho chinos que ahora están en el DAS, tres son menores de 18 años y serán entregados para la custodia del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. Intentan explicarles la situación, pero los niveles de comprensión son mínimos.

Entonces el hombre alto, de quien se presume habla algo de inglés, ingresa a la  Oficina de Extranjería del DAS y llama la atención de un agente.
Sin pronunciar palabra mueve su mano izquierda como si llevara un plato de comida imaginario. La derecha la desplaza del ficticio plato a la boca. Repite el movimiento.

- ¿Comida? Pregunta el agente del DAS, quien parece olvidar por un instante que su interlocutor desconoce el español.
- ¿Food?
El ciudadano de China le responde cerrando su puño y levantando el dedo pulgar. Luego sonríe.
- No Food. No Food. Es la respuesta del detective.

El DAS carece de presupuesto para deportar a los ciudadanos chinos. Enviar a un asiático de Bucaramanga a Pekín tiene un costo de $15 millones, es decir, deportar a los 39 chinos detenidos en los últimos cuatro meses en Santander tendría un costo de $585 millones.
“Ese dinero no lo tenemos”, fue la respuesta que emitió la Dirección del DAS en Santander.

Y así como se carece de recursos para el transporte, tampoco se cuenta con dinero para su alimentación.
Por eso, mientras se aclara la permanencia legal de los extranjeros, los agentes del DAS han llamado a la veintena de restaurantes de comida asiática en la ciudad, para que donen el desayuno, almuerzo o cena.

“Al principio los dueños de los restaurantes, que son también ciudadanos chinos, nos colaboraban. Ahora, como son muchos los que hemos detenido, se molestan”, afirmó un agente del DAS.
- ¿Y qué harán con ellos? preguntó otro de los detectives.
- Llamaron a la Gobernación de Santander. Quieren que ellos paguen un transporte hasta Ipiales, le responden.
- ¿Qué dijeron?
- Que no pueden.

Desde Rumichaca

La desbandada de chinos hacia Colombia se agudizó desde el pasado 20 de junio, cuando el presidente de Ecuador, Rafael Correa, anuló el requisito de la visa para los ciudadanos extranjeros.

El objetivo de esta medida fue impulsar la llegada de turistas.
Con esta decisión Ecuador se convirtió en el primer país de América Latina en el que los ciudadanos chinos pueden entrar, permanecer y circular libremente durante 90 días.

Un informe del DAS advierte que se incrementó en 80% el paso ilegal orientales por la frontera entre Ecuador y Colombia.

“En esa frontera existen 26 caminos por donde los chinos ingresan ilegalmente”, aseguró telefónicamente Roberto Díaz, residente en Tulcán, población ecuatoriana ubicada a 7 kilómetros del puente de Rumichaca, distante 3 kilómetros de Ipiales.

Según información del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador, este año, antes de la eliminación del visado, ingresaron 2.875 ciudadanos chinos y salieron 2.269. No obstante, desde el 20 de junio hasta agosto pasado ingresaron 4.173 chinos. Esta cifra es cercana a la reportada en 2007, cuando arribaron 4.776 asiáticos a Ecuador.

En septiembre pasado sólo habían salido de Ecuador 988 de esos chinos. ¿Dónde están los restantes 3.788 chinos?
“En Tulcán se hospedan en hoteles. Pagan por adelantado tres meses de estadía, pero a los pocos días viajan a Ipiales de forma ilegal”, advierte Roberto Díaz.

La fuente agregó que “en Tulcán existen expertos contactados desde China que se encargan de llevar a los asiáticos hasta Venezuela o Panamá y de allí a Estados Unidos”.

Los funcionarios del DAS en Santander aseguran que desconocen quiénes conforman la red que transporta ciudadanos chinos por Colombia.

Por su parte, el coronel Omar González Aguilar, comandante de la Policía de Santander, afirmó que no tiene “elementos de juicio para determinar si hay colombianos en esta red de trata de personas”.

Para las autoridades, los chinos detenidos por transitar sin visa en Colombia tienen elementos comunes: Generalmente tienen entre 15 y 30 años y son víctimas de redes de tráfico de inmigrantes que les ofrecen llevarlos a Estados Unidos a cambio de pagar entre 20.000 y 50.000 dólares. Todo en busca del llamado “sueño americano”.

Según el DAS, gran parte de los orientales proviene de la región china de Guangdong, que tiene como capital a Cantón, donde la difícil situación económica y la falta de empleo contribuyen a la migración desde China a otros países, especialmente Estados Unidos.

Menores abandonados

El pasado jueves 23 de octubre, luego de 48 horas en el DAS, y ante los esfuerzos inútiles para conseguir un autobús de la Gobernación que los llevara hasta Ipiales, el DAS dejó en libertad a cinco de los ocho ciudadanos de China detenidos en la vía a Cúcuta. Los tres restantes, por ser menores de edad, fueron dejados a disposición del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF.

“Los dejamos libres. Ellos tenían la condición de abandonar el país antes del 27 octubre. No sabemos si lo hicieron...”, advirtió un detective del DAS.

La llegada de los ciudadanos chinos a Santander tiene conmocionadas a las autoridades locales. No sólo porque poco o nada se conoce de las redes de trata de personas, sino porque en la ciudad nueve menores de edad chinos están abandonados.   

El director regional del ICBF, Luis Alejandro Rivero Osorio, explicó que en tres de sus hogares permanecen nueve jóvenes chinos, cuyas edades oscilan entre los 14 y 17 años.

“Llevan con nosotros unos 20 días. En ese tiempo nadie los ha visitado. Nadie ha preguntado por ellos. Tenemos problemas para comunicarnos. No sabemos nada de sus familias...”.

Rivero Osorio aseguró que la próxima semana serán trasladados a Bogotá.  

Al respecto, voceros de la Embajada de China en Colombia aseguraron que desconocen la presencia de estos jóvenes en Bucaramanga.
“No sabemos nada de ellos”, puntualizó la Cancillería China.

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Publicada por: cgutierrez@vanguardia.comJuan Carlos Gutiérrez T