2008-11-06 05:00:00

Déjeselo a Dios

Todo lo que he visto me enseña a confiar en el Creador, por todo lo que no he visto.

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Déjeselo a Dios

Cuando la cosa más importante sucede en nuestras vidas, por lo general no nos damos cuenta en el momento lo que pasa. Un hombre no siempre se dice a sí mismo: “¡Hola, estoy creciendo!” Aún podemos verlo en cosas simples. Un hombre que ansiosamente espera ver cuándo se dormirá, es casi seguro que quedará bien despierto.

De la misma manera, el cambio del que hablo ahora quizás no le suceda a todos en un repentino flash, como a san Pablo o a Bunyan: quizás sea tan gradual que nadie puede llegar a apuntar que sucedió en esta hora en particular o aun en un determinado año. Lo que interesa es la naturaleza del cambio en sí mismo y no cómo nos sentimos mientras está sucediendo. Es el cambio de estar confiados en nuestros propios esfuerzos al punto que perdemos esperanzas de hacer cualquier cosa por nosotros mismos y se lo dejamos a Dios.

Sé que las palabras “déjeselo a Dios” pueden ser mal entendidas. La manera en que actúa un cristiano: se lo deja a Dios poniendo toda su confianza en Cristo. Confía en que Cristo de algún modo nos hará partícipes con él de la obediencia humana perfecta, la que El tuvo desde su nacimiento hasta su crucifixión: que Cristo hará al hombre más como El y, de alguna forma, haga buenas sus deficiencias. En lenguaje cristiano, compartirá su estado de hijo con nosotros, nos hará como Él, hijos de Dios.

Podemos decirlo de esta manera: Cristo ofrece algo a cambio de nada; El aún ofrece todo por nada. De alguna manera, toda la vida cristiana consiste en aceptar esa oferta sorprendente. Pero lo difícil es alcanzar el pensamiento que todo lo que hemos hecho y podemos hacer no es absolutamente nada.
Lo que nos gustaría es que Dios compute nuestros buenos puntos e ignore los malos. Otra vez, de alguna manera, podría decir que ninguna tentación es vencida hasta que no tratamos de removerla.

No tendría sentido decir que confiamos en una persona si no se tienen en cuenta sus consejos. Entonces, si usted se ha entregado a Dios, el tratar de obedecerle tendría que ser algo natural. Pero hecho de una nueva manera, de modo menos preocupante. No hacer estas cosas para ser salvo, sino porque El ya ha comenzado a salvarlo. No esperar llegar al cielo como recompensa de sus acciones, sino tener un deseo de actuar de cierta manera, porque un destello vago del cielo ya es visible para usted.

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Publicada por: PRESBÍTERO Jorge E. GarcÍa