2008-11-06 05:00:00

Paradojas de la vida

... No vive más quien más calendarios cumpla.... Toda regla moral es primero una molestia.... Nunca es más rico el hombre que tenga más plata.... Todo concluye, pero nada perece.

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Paradojas de la vida

Ironías, paradojas, en fin… Cosas que pasan. Y entre las muchas situaciones que nos ocurren, la más angustiante es no aprender a valorar lo que tenemos.

¿Quiere algunos ejemplos reales?
Los papás de unos jóvenes les pagan carreras costosas a sus hijos y ellos no las aprovechan; mientras tanto otros alumnos recurren a becas, a trabajos de medio tiempo y hasta al Santo Rosario para acceder siquiera a unos créditos académicos.

Unos refunfuñan porque tienen que levantarse a cumplir su jornada laboral; otros en cambio madrugan a buscar empleo esperando, al menos, una respuesta a las tantas de hojas de vida archivadas en las Oficinas de Recursos Humanos.

Algunos viven en casas confortables, y se la pasan maldiciendo por el ‘rancho’ en el que viven; otros hogares, en cambio, darían lo que fuera por un subsidio, hasta de esos que entregan las verdaderas ‘ratoneras’ en las que se han convertido las viviendas de interés social.

Vivimos aburridos de todo sin tener en cuenta que el tedio sólo cabe en aquellos seres que son pobres de espíritu.

¿Usted valora lo que tiene o se enfrenta a diario a las miles de paradojas que le presenta la vida?
Cada mañana, cuando nos vemos frente al espejo, la imagen que observamos de nosotros no nos gusta y nos hace pensar que no ha valido la pena ningún esfuerzo para cambiar.

La verdad, no aceptamos detallarnos en ese espejo fiel, ni tal como éramos, ni tal como somos. Y es que el reflejo de nuestra vida es así: un testigo mudo, un confidente helado de todo lo que no hemos podido ser.

Casi siempre intentamos engañar a nuestro reflejo. Frente a un espejo nos maquillamos, siempre nos probamos la mejor pinta y, de una manera ilusa, intentamos esconder esos ‘gorditos de más’ que, por más esfuerzo que hagamos, siempre están ahí frente a nosotros.

Se necesita serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar y coraje para modificar aquellas que podemos alterar. También hay que pedir sabiduría para saber diferenciar entre las dos situaciones.

REFLEXIÓN

Las paradojas que se nos presentan en nuestra vida no sólo nos plantean inquietudes, sino que también pueden responderlas. De ahora en adelante, valore lo que tiene. Además, recuerde que puede volver los ojos a otra parte y contemplar que hay dolores ajenos más fuertes que los suyos. Con sólo asumir su realidad, terminará aceptando lo que hoy ve frente a su espejo.

Tipos de paradojaS

La de la ceguera: Lo esencial es invisible a los ojos; sólo se ve con el corazón.
La del mentiroso: La purita verdad es que esta oración es falsa.
La de la ayuda: Si desea que alguien le haga un trabajo, pídaselo a quien esté ocupado; el que está sin hacer nada le dirá que no tiene tiempo.
La del dinero: Era un hombre tan pobre que lo único que tenía era dinero.
La del tiempo: Voy despacio que tengo prisa.
La de la tecnología: La tecnología nos acerca a los más lejanos y nos distancia de los más próximos.
La del sentido: No llega antes el que va más rápido, sino el que sabe a dónde va.
La de la felicidad: Mientras que objetivamente estamos mejor que nunca, subjetivamente nos encontramos profundamente insatisfechos.
La de la sabiduría: Quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco, habla. Quien sabe mucho, pregunta; quien sabe poco, sentencia.
La de la generosidad: Cuanto más damos, más recibimos.
La del conocimiento: El hombre busca respuestas y encuentra preguntas.
La del humor: La risa es una cosa demasiado seria y no es un chiste.
La de lo cotidiano: Lo más pequeño es lo más grande.
La del que calla: El silencio es el grito más fuerte.
La de la plata: No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
La del cariño: Quien lo quiere lo hará sufrir.
La del disfrute: Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos.

le pasó al cocodrilo

Un cocodrilo captura al hijo de una mujer y éste le pregunta:
- ¿Me comeré a su hijo? Si acierta, se lo devuelvo ileso; si no, me lo como.
La mujer le responde:
- “¡Sí, usted se comerá a mi hijo!”.
El cocodrilo ríe y le replica:
- Si está en lo cierto, no se lo devuelvo y me lo como.
A lo que la mujer contestó:
- “Pero si se lo come, entonces he acertado y me tiene que devolver a mi hijo”.
Total: el cocodrilo quedó tan confundido, que dejó escapar al hijo.

VIVIR, otra PARADOJA

Jairo lo tenía todo: fama,
dinero, mujeres, reconocimiento ¡... y hasta más!
Sin embargo, jamás se sintió feliz. Por más poder que tenía, la dicha de vivir no
lograba seducirlo; al
punto que un día
decidió suicidarse.
¿Por qué?
Según él, porque estaba hastiado del mundo que él mismo había cultivado.
No se necesita fama, títulos nobiliarios, ni mucho menos los plácidos frutos para que el corazón lata de felicidad.
La paradoja de la vida: tener todo y no saber cómo disfrutarlo.

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Publicada por: eardila@vanguardia.comEuclides Ardila Rueda